Mi primera vez saliendo con alguien con VIH fue el año 2009. Él era doctor, robusto, simpático y tenía una voz tan aguda como divertida. Era una época preaplicaciones de citas en celulares en donde usaba una página llamada “gay chat” para conocer hombres. Mi lema de vida: “Si algún día desaparezco por favor borren el historial”. Era un chat en donde tú pones un nombre usuario y hablas con cientos de homosexuales… Excepto en regiones, ahí siempre hay pocos. En general, tu nombre hacía referencia a la comuna en donde estás, si tienes o no lugar en donde juntarte y tu rol sexual. Yo era el hinchapelotas. Cambiaba la comuna de mi usuario a cada rato para hablar con gente distinta. Después decía “salgo en 40 min” pero en realidad tomaba una micro de una hora para llegar a esa comuna. Premio al esfuerzo. Lo malo es que todo este chat era sin fotos. ¿Quién estaba al otro lado? Era un juego tan sexy como misterioso. El doctor fue extraño. De partida quiso juntarse en un café. ¡Una cita! Muy noventero, lo amo. Él decía que prefería un lugar público para ver si teníamos química… eso o quería ver si tenía el crack del Photoshop. Una de dos. Cuando fui a su casa por primera vez me llamó la atención que no quería tener sexo inmediatamente.

¡Mierda! ¿Será un romántico latero? ¡Hace frío, te juro que crece! No era eso. “Tengo VIH”, me dijo. Retumbó sobre mí. ¿Qué hacer en ese momento? Tuve flashbacks. Lo que me dijeron en el colegio. Lo que vi en la televisión. Lo que mis papás me gritaron al salir del clóset. Freddy Mercury tenía todo el dinero del mundo. Me acordé de un amigo que cuando perdió la virginidad llamó a Fono Sida y le dijeron una irresponsabilidad que jamás olvidó. Mil flashbacks.

¿Pero era realmente mi culpa? Pasa que cuando eres homosexual en un país como Chile hay muchas cosas que afectan tu subconsciente y ni te das cuenta porque como minoría uno siempre trata de vivir en un ambiente en donde te sientes seguro. Cuando eres pequeño y te das cuenta de tu sexualidad todo te dice que está mal: Las películas gais siempre tienen finales trágicos, no falta el familiar que te dice “qué pena que te vas a quedar solo”, la sociedad te presenta el matrimonio como el gran objetivo de la vida pero tú ni puedes casarte, ves en televisión a actores gais hablar de su mujer ideal por temor a quedarse sin trabajo, etc. ¿Qué le dice esto a tu subconsciente? Tú no eres normal y te mereces que te pasen cosas malas porque no eres normal. A nosotros se nos enseñó desde chicos que infección de transmisión sexual es igual a muerte. Es verdad que no existían los tratamientos de hoy pero también la educación sexual falló. VIH y sida no son lo mismo. Punto. Si te infectas y no te cuidas es peligroso para tu salud. Estarás bien si le haces caso a tu doctor, llevas una vida sana y tomas tus remedios. Lo que hizo mi cita del año 2009 estuvo bien. Una opción es contarle a la persona si tienes VIH pero también es una decisión personal.

Lo que si debes hacer tú es siempre usar condón. Siempre. ¿Se acuerdan cuando el gobierno hacía comerciales en donde decía que la solución era la pareja estable? ¡Esa no es una solución! Lo que yo no sabía en esa época era lo que es ser sero-positivo. Mi duda: ¿Es mi responsabilidad no haberlo sabido o del gobierno? Creo que tan importante como promover el uso del condón, el gobierno debería hacer campañas que ayuden a visibilizar qué es ser sero-positivo. Gente que tiene el virus del VIH pero que está en un tratamiento que le permite llevar una vida normal, tener mínimas posibilidades de contagiar a otros y no desarrollar sida. Pero no sólo el gobierno debería hablar de esto, si alguien con quien sales te dice que tiene VIH pregúntale bien por su tratamiento antes de juzgarlo, busca en internet, habla con amigos o doctores, podrás resolver todas las dudas de cómo tener una vida sexual normal.

Unos años más tarde salí con alguien que tenía dudas de si acostarse conmigo o no. Compartimos besos a solas, dormimos juntos pero nada de sexo. Pasó cerca de un mes, que es como un año en tiempo gay, hasta que decidí enfrentarlo y preguntar qué pasaba. Por mi experiencia con el doctor asumí que tenía VIH y le daba temor preguntarme. ¡Era al revés! ¡Él asumía que yo tenía! Esto porque mi perfil en la aplicación de citas grindr decía que me gustaba “ver películas, piscina, las cosas ñoñas y +”. Empecé a preguntar y mucha gente también lo había asumido por un error ortográfico. Mi segundo encuentro con alguien con VIH fue al revés, yo sabía que lo tenía desde antes. Él era un abanderado del tema que ponía en sus estados de facebook abiertamente que está infectado y no se complica la vida con ello. Un luchador dedicado a visibilizar su situación sin problema. Hombre de risa fuerte y lleno de tatuajes… no tribales, menos mal. Nos conocíamos hace un tiempo y siempre nos comentábamos las fotos. Que guapo tú, no tú más, tú… ¿Veamos una película? La vieja técnica, invitar a alguien a ver una película y que termine en sexo. El problema es que la gente del cine se enoja. En fin, luego de un sinfín de técnicas como “me duele la espalda, ¿sabes hacer masajes?”, llegó el momento esperado. Al principio pensaba demasiado en los riesgos a los que me estaba exponiendo. Pero él ya había tenido sexo con muchas personas y se manejaba estar con cuidado. Era tan responsable, tan perfecto. Después de eso lo invité a ver otra película. Me respondió: “Oye, si quieres juntarte a tener sexo, invítame a eso no más”. Quedé impactado. El romántico latero era yo.

*Comediante gay creador de la serie #Mamones