“Llegó la hora de que aprendamos a respetar a nuestras autoridades”, dijo Piñera para justificar los dos balazos que un policía disparó a un chofer de Uber en el aeropuerto. Mientras algunas nos indignamos primero por el abuso policial, y segundo por la defensa del gobierno, otros salieron a celebrar las palabras del presidente. Insistentes noticias sobre los peligros de los portonazos y asaltos se suman a los furiosos dirigentes oficialistas que no escatiman pantalla para anunciar penas y mayores sanciones para la delincuencia de los pobres.

El apoyo de segmentos de la sociedad a estas formas de relación, donde impera la ley del más fuerte, se acentúa con la crisis de legitimidad por la que pasan las instituciones por su incapacidad de representar intereses sociales distintos a los del empresariado y a las diferentes expresiones de impunidad que han mostrado instituciones políticas, económicas, eclesiásticas y policiales. Dejando una sensación generalizada de inexistencia de mecanismos de justicia y democracia que resuelvan los conflictos sociales y que la derecha ha aprovechado para mostrarse como la alternativa de solución a través de un punitivismo, que suma adhesión en la población.

De esta manera en la sociedad avanzan formas reaccionarias y autoritarias de enfrentar la mencionada crisis, cuestión que debiera alertar a las fuerzas de cambio. No es casual que mientras la oposición está en pleno proceso de re-ordenamiento y cierta desorientación, se instale la delincuencia de los pobres como principal preocupación pública y se proteja delitos provenientes de la élite, como el amparo al millonario fraude en Carabineros de Chile; el indulto a un recluso de Punta Peuco; y las reducidas sanciones de los casos de corrupción a la política, por mencionar algunos.

Ante este escenario, las fuerzas de la otrora Nueva Mayoría, se han empecinado en instalar que el gobierno retrocede por la llamada “sequía legislativa” y falta de innovación respecto al gobierno anterior. Cabe preguntarse entonces, ¿Está realmente debilitada la derecha? desde Izquierda Autónoma creemos que no. De hecho, el objetivo y agenda con que llega Piñera de regreso al gobierno, es la re-legitimación de instituciones que protegen y reproducen un modelo basado en las desigualdades, violencia y discriminación, dentro de eso carabineros y el gran empresariado, son fundamentales. Esta agenda se está instalando y da muestra de que el gobierno no ha necesitado legislar para avanzar, precisamente porque no pretende cuestionar el modelo subsidiario vigente.

Esta avanzada que ha liderado el gobierno, va directamente en contraposición a las demandas de la sociedad que bregan por mayores niveles de democracia y justicia en el país, siendo el movimiento feminista la forma más avanzada de cuestionamiento a las formas de relación y autoridad de la sociedad y cómo el mercado gobierna y precariza la vida de los hombres y doblemente la de las mujeres. Lamentablemente el gobierno de la Nueva Mayoría desaprovechó la oportunidad de hacer avanzar. Esto último se evidencia en que reformas que podrían haber apostado por mayor redistribución de la riqueza y el poder, como lo fueron la reforma tributaria, el fallido proceso constituyente o la reforma laboral y educacional, terminaron profundizando los niveles de desigualdad e impunidad, lejos de cuestionar los pilares del modelo.

La urgencia por democratizar el poder y la riqueza en nuestro país es la agenda social que la política está ignorando y que las fuerzas de cambio que nos hemos agrupado en el Frente Amplio, debemos priorizar como respuesta a la crisis de las instituciones. De lo contrario, nuestra promesa de ser alternativa a la política de la transición se agotará a poco andar.Para esto, por una parte, necesitamos ver más allá de los límites puestos por la política de la Concertación y no reproducir, ni profundizar, el abismante distanciamiento que ha generado entre la política y la sociedad.

Por otra parte, debemos asumir que el FA no es la única fuerza con posibilidades de llenar el vacío que deja la crisis de los partidos de la ex-Concertación. La derecha también ha estado haciendo lo suyo: figuras y movimientos como Ossandón o la dinastía Kast son ejemplo de propuestas populistas-autoritarias que buscan validarse en una supuesta confianza en la población, con una pretendida vinculación directa entre el “líder” y las personas “comunes”. A lo que se suma una decidida iniciativa del gobierno de mostrar mayor preocupación por responder a las supuestas preocupaciones de la población.

La responsabilidad que tenemos sobre los hombros hacen insuficientes reclamos al gobierno por su “sequía” o la mera detección de dificultades, sino que es preciso construir colectivamente la solución para superarlas. Esto requiere de autocrítica y sobre todo disposición a debatir y trabajar en los desafíos que debemos enfrentar como coalición y poner en el centro los intereses que han sido marginados de la política y que hoy se han vuelto a movilizar y ocupar las calles de las principales ciudades del país.

Esto no significa evadir que los tiempos institucionales nos ponen sobre la mesa la necesidad de abrir diálogo con las fuerzas de la ex Nueva Mayoría y para eso estaremos, pero en un diálogo sustantivo que permita evaluar el camino recorrido hasta ahora y la necesidad de enmendarlo.

*Valentina Saavedra, Secretaria General de Izquierda Autónoma.