Por Julio Sánchez / Director Periódico La Diagonal

Y era que no. Carne de primer corte para la avalancha de leones hambrientos que no tardaron ni un minuto en utilizar ciertos hechos para atacar con toda su maquinaria discursiva y generalizadora a grupos que están muy lejos de la violencia y de los atentados explosivos.
No le crea tanto a la prensa. Dentro de las casas okupas no hay ni manuales de cómo hacer bombas, ni mucho menos escuelas de desestabilización social. Los textos aparecidos en distintos medios responden a un desconocimiento de las verdaderas casas okupas. Ciertamente yo no pertenezco a una, pero sí conozco varias y que representan auténticos ejemplos de gestión cultural y de servicio público.
Talleres de danza, trapecios, pintura, matemáticas, historia, lenguaje, además de foros de discusiones y espacios para la realización de tocatas, cenas, asambleas abiertos a la ciudadanía, y una infinidad de cosas muy ajenas a la borrachera o el consumo de drogas, como erróneamente se ha manifestado, es lo que se realiza en estos lugares abandonados y luego rescatados por jóvenes que siguen creyendo en la progresión social en base a la paz y el argumento cultural discursivo, más que con la pólvora.
El reciente deceso de Mauricio Morales luego de manejar explosivos que irían a parar a la puerta de Gendarmerías, según informaciones oficiales, no es el reflejo del espíritu que mueve a la mayoría de las casas okupas.
Si bien el movimiento comenzó a gestarse a mediados de los ochentas en nuestro país, como respuesta a toda la represión emanada de las instituciones de gobierno liderada por el fallecido dictador, adoptando una postura más férrea y radical de acción contra la privatizaciones de todas las libertades, hoy aquella forma de manifestarse fue reemplazada. La ideología de la represión gubernamental sigue presente, pero la protesta está lejos del ejemplo que intentó hacer el joven fallecido.
La protesta es cultural. No son ni subversivos, ni delincuentes, ni menos terroristas. Varios pueden dar fe de eso. Incluso más, hay casas que hasta mantienen un fuerte lazo con las juntas de vecinos en las que están instaladas. Varios son los reporteos sobre dicho tema que me dan la razón, por lo que incomoda la generalización (no era de esperar otra cosa de nuestra prensa) sobre este tema.
Una pasada al interior de estas casas convertidas casi todas en centro culturales, les haría bien a quienes hoy aparecen de cuello y corbata denigrando las preciosas actividades que en sus interiores se efectúan. Que critiquen todo lo que quieran, pero que no se generalice y se encierre en el mismo saco a todas las casas okupas.