Por Pablo Dittborn

Patricio Navia, a quien conozco, es mi amigo y no me cabe la menor duda de que es un tipo de una gran calidad humana y moral, no se merece las críticas de las que ha sido objeto.
Hoy es Patricio Navia el blanco del estalinismo concertacionista, mañana, luego de la casi segura derrota de Frei, será Marco Enríquez-Ominami y todos aquellos que votaron nulo o blanco, ejerciendo su legítimo derecho, de rechazo a un candidato que no calienta ni a la Martita ni a nadie y cuyo único mérito es intentar, de mala manera, captar el voto anti derecha o de presionar, manipular o chantajear con el pueril argumento de que si no se vota por él, ganará la derecha.
La Concertación ha hecho una gran labor en estos veinte años y no se merecía un candidato como el actual, por lo tanto, la pérdida del gobierno es sólo responsabilidad de quienes propusieron a este candidato, de quienes intentaron convencernos de que “era lo que había” y de que si o si debíamos votar por él, con la única justificación de que en caso contrario ganaría Piñera y de paso les cuidamos la pega a unos pocos y dejamos contentas a las bestias izquierdistas que nos amenazan con una censura moral. Estamos grandes y maduros, dejémonos de huevadas, hagámonos cargo de nuestras cagadas y votemos absolutamente en conciencia y dejemos de perseguir a quienes no piensan como nosotros, si es que pensamos, porque atacar ciegamente a los que difieren de nosotros es un retorno al más puro fascismo, que entendámoslo de una buena vez, no es ni ha sido patrimonio exclusivo de la derecha.
En definitiva, no voto como Patricio Navia, pero me honra ser su amigo y respeto profundamente lo que ha decidido hacer.