THE CLINIC
¿Qué le pareció lo aplaudido que estuvo Ravinet el jueves 11 en La Moneda?
-No lo vi, por suerte. Y si hubiese estado allí, no lo hubiera aplaudido. He sido muy disidente de las políticas de la DC, porque soy entregado a las primitivas concepciones que tenía el partido y la DC ha dejado esos anhelos de sociedad muy abandonados. Pero no por eso me he metido a hacer actos en contra de la DC. Que un miembro de la colectividad, que ha obtenido los beneficios de ser distinguido políticamente gracias a eso, haya dado un paso como ese, no tiene asidero por ningún lado. Ni ética, ni filosófica, ni políticamente hablando. Si en los países democráticos es natural que exista el gobierno y la oposición. La oposición no es denigrante.

¿Le parece a usted que Ravinet es un traidor, como le han dicho?
-No, creo que cometió un tremendo error político. Cuando se han tenido ambiciones presidenciales y no han resultado, se entra en un clima emocional distinto. Él aceptó ese ministerio antes del terremoto, pero ahora nadie puede decirle nada. La suerte de Piñera no la ha tenido nadie en el mundo: cómo gana dinero, cómo gana la elección prometiendo todo lo que prometió y ahora el terremoto.

¿Es buena suerte el terremoto para Piñera?
-Fántástica suerte, porque todo lo que podía armar como oposición un pueblo organizado queda en nada, lo que es muy peligroso. Piñera dice que su gobierno de derecha será democrático, pero eso no es cierto, porque sin igualdad no hay democracia. ¿Y qué igualdad puede haber cuando nuestro Presidente tiene no sé cuántos millones de dólares?

¿Qué rol debe jugar la DC en este panorama?
-La DC no puede ahora, en este momento trágico, enfrentarse contra el gobierno de la manera en que la derecha lo hizo todos estos años. Lo que hay que hacer es pensar, discutir, concebir una sociedad democrática distinta a la que está tratando de hacer Piñera. Y también mejor pensada que lo que hizo la Concertación, que terminó siendo una olla de grillos.

¿Qué es ser democratacristiano hoy, entonces?
-Es que estos no son democratacristianos, sólo tienen el nombre, la patente. Me siento lejano a eso hace mucho tiempo.

¿Le parece que el tan discutido recambio generacional puede ayudar a que la DC vuelva a sus principios?
-Esas son tonteras. El recambio no tiene nada que ver con las edades de las personas, sino con lo que están pensando. Hay una juventud chilena que es de derecha, que no es inventora de un nuevo mundo. Siempre es bueno que entre gente nueva, pero no importa la edad. Creo que una persona de 92 años, como yo, está capacitada para pensar cosas e inventar un mundo nuevo.

¿Qué piensa de las mediaguas que se le piensan entregar a tantos damnificados como ayuda?
-Ese va a ser un grave tropiezo, porque se trata de dar un techo a los que lo perdieron, pero ese techo es tan miserable, tan tremendamente precario. Es inaceptable. Desde que yo estaba en la universidad, hace 70 años, sabemos que la mediagua no es temporal, es para siempre, y no da alegría de vivir. No hay ninguna posibilidad de transformar la mediagua en algo que pueda desarrollarse. Hay que botarlas después. Es mejor, para eso, poner carpas.

¿Y qué debería hacerse para solucionar el problema de toda esa gente que quedó sin casa?
-Una unidad básica que valga un poquito más de las 600 UF que han puesto como límite -porque aquí inmediatamente, antes de saber qué van a hacer, le ponen precio a las cosas-, urbanizada colectivamente para concentrar servicios y abaratar costos. Pero que esa casa básica esté construida de una manera en que pueda desarrollarse.