La decadencia de la clase media chilena

En las últimas décadas la clase media chilena ha mostrado una marcada tendencia a empeorar su calidad de vida, con familias enteras deslizándose a niveles de franca pobreza.

La malla social chilena, donde la clase media es un factor relevante, ha mostrado fisuras como lo señalan el creciente aumento de la delincuencia y el tráfico de drogas. Hechos aislados como actos delictuales cometidos por la fuerza policial, creciente corrupción en diversos estamentos de la sociedad, el número de divorcios que superan los matrimonios, darían prueba de las fisuras de la malla social.

Estos fenómenos sociales han sido detonados por un factor común que tiene una relación directa con variables financieras que han pasado a tener una relevancia muy significativa en la economía familiar chilena. Estas variables tienen dependencia directa con el endeudamiento de las familias chilenas como es el pago por servicio de créditos hipotecarios, el servicio de créditos automotrices y los pagos relacionados con el endeudamiento con tarjetas de crédito.

A esto es necesario agregar el significativo aumento de gastos como es la educación de los hijos y los gastos en salud.

Para la clase media, el aumento desmesurado de los gastos en salud, derivados de un sistema de salud con costos incontrolados, que son como un barril sin fondo, ha llevado a la ruina a numerosas familias en Chile.

Hace cincuenta años atrás para la clase media una licencia secundaria era considerada como suficiente para entrar al mercado de trabajo. Actualmente esto es insuficiente y se espera que con un título universitario se abrirá un mundo de oportunidades. Lamentablemente la enseñanza universitaria dejó de ser gratuita para la clase media con la aparición de las universidades privadas, cuyos aranceles son reajustados impunemente pasando a ser un desembolso relevante.

El contexto actual de la economía chilena no es capaz de generar posiciones para todos los profesionales que anualmente egresan de las aulas universitarias, creándose así una cantidad de profesionales sin destino.

Pero no solamente se ha producido un aumento de los desembolsos por servicio del endeudamiento y el importante incremento de ciertos gastos, sino que esto ha traído un creciente aumento del riesgo de la falencia económica de la familia. El aumento de riesgo de colapso financiero está relacionado con el fuerte aumento de los egresos fijos periódicos en que ha incurrido la familia chilena, lo que le esteriliza la posibilidad de rebajarlos en caso de una crisis financiera. Es posible rebajar los gastos en alimentos, entretención o vestuario, pero nada puede hacerse para rebajar la cuota de un préstamo hipotecario o los pagos de las cuotas de un crédito automotriz.

Frente a este escenario de mayores egresos fijos por servicios de créditos y mayores gastos, es la dueña de casa la que en numerosos casos se incorpora al mercado de trabajo formal y así generar los ingresos adicionales para enfrentar gastos y pago de deudas. Pero esta decisión de incorporar a la dueña de casa como generadora de ingresos puede ser una trampa por los gastos involucrados y mayor endeudamiento que lo podría acompañar como la compra de un segundo vehículo o la contratación de una “nana” adicional. El peor de los costos de esta decisión involucran el deterioro de loa problemas intrafamiliares que pueden generarse.

Pero la entrada de la esposa al mercado de trabajo tiene una trampa y es el aumento de los riesgos de falencia económica, ya que la mujer desaparece como alternativa de ingresos adicionales en el caso que el dueño de casa pierda su fuente de ingresos o se produzca un hecho catastrófico como una enfermedad grave.

El principal problema financiero de la familia chilena ha dejado de ser el mejoramiento del poder adquisitivo de sus ingresos, sino que el gran problema es como cuadrar la caja, o como llegar a fin de mes, frente a progresivos aumento de los compromisos de la caja familiar derivados del endeudamiento y los nuevos gastos que debe enfrentar.

Las grandes presiones sindicales no se materializarán con el objetivo único de mantener o mejorar las remuneraciones en términos reales, sino como aumentar los ingresos para cubrir las crecientes demandas de recursos líquidos del trabajador chileno.

La familia chilena ha tenido acceso a créditos de corto, mediano y largo plazo, representados por los créditos hipotecarios, créditos automotrices, créditos de educación y las tarjetas de crédito. Todos estos créditos son de altísimos costos, si consideramos las desmesuradas tasas de interés y la multiplicidad de gastos de la más variada índole aplicados por las instituciones financieras o casas comerciales a los “beneficiados” con estos créditos que tienen costos usureros. El resultado son altas cuotas de pago periódicas para servir estas deudas y el correspondiente aumento de los compromisos fijos y el consecuente aumento de riesgo de falencia económica.

Como previo a la falencia económica los deudores críticos pasan por etapas como el llamado “bicicleteo” en la cual una deuda va siendo cubierta por otra deuda, la renegociación de las deudas como pasos previos a la falencia irreversible del deudor. Lo absurdo es que frente a la necesidad de hacer ventas las emisores de tarjetas aumentan los cupos de crédito y recientemente ofrecer “avances en efectivo” con costos que ni el negocio de las drogas o trata de blancas pueden soportar.

En Chile por deficiencias de nuestras leyes antimonopolios se ha producido una fuerte concentración de las industrias, en especial en los sectores de “retail” y financiero, lo que abiertamente se conjugan para hacer más difícil la situación financiera de la clase media del país.
La concentración del “retail” y las instituciones financieras, los nuevos gastos y la disponibilidad creciente de créditos a costos altísimos son los principales componentes que determinan la decadencia de la clase media en Chile.

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