Agencia Uno


Los trabajadores de la planta de Paneles Arauco Nueva Aldea, consumida por el incendio que afectó a la región del Biobío, temen por su futuro laboral desde mucho antes que el siniestro arrasara con la empresa del conglomerado económico de la familia Angelini. A lo largo de todo el 2011 los trabajadores de la planta filial de Celco, ubicada en la comuna de Ranquil, realizaron manifestaciones para mejorar sus condiciones laborales y denunciaron “malos tratos”.

“Nosotros teníamos horarios de 8 horas y 10 horas, pero muchas veces esos se extendían hasta 12 o 14 horas de trabajo. También algunos encargados se dirigían de muy mala forma a algunos trabajadores”, cuenta Mauricio Fuentealba, presidente del sindicato de la empresa.

Las protestas se extendieron hasta fines de diciembre y los trabajadores no obtuvieron resultados concretos. Ahora, tras el siniestro, la situación se vislumbra aún peor. Alrededor de 1200 empleados quedarán cesantes y la empresa estima que la reconstrucción de la planta se demorará alrededor de dos años. Para colmo, algunos trabajadores sumarían a la desgracia la pérdida completa de sus viviendas. La lucha, en rigor, se ha dado en dos frentes. “Nos unimos todos por una misma causa, ellos por proteger su empresa y nosotros por defender nuestra fuente laboral para que el fuego no llegue a nuestras casas”, agrega Mauricio Fuentealba.

La incertidumbre todavía es inmensa. Lo único que se sabe hasta ahora, tras una reunión entre el sindicato y los altos mandos de paneles Arauco efectuada este lunes, es que todos los trabajadores contarán con tres semanas de vacaciones pagadas. El sindicato, sin embargo, seguirá negociando para esclarecer el futuro laboral de los trabajadores afectados. La próxima semana se reanudarán las reuniones pero el ambiente no es el más halagueño. “Si la empresa no nos dio soluciones antes, actualmente es más complicado. Ahora es cuando la empresa puede demostrar que se interesa por sus trabajadores. De lo contrario nos vamos a movilizar con nuestras familias”, concluye Fuentealba.