Reflexiones de verano sobre la cuestión de la educación superior

La demanda de las movilizaciones estudiantiles/ciudadanas, de este año 2011, se centró en torno a la gratuidad y calidad de la educación en general y en particular de la universitaria. En el primer artículo nos concentramos en demostrar que la demanda por gratuidad habría tenido como efecto secundario o consecuencia no deseada la creciente consolidación del mercado universitario, en todo caso, lo contrario a una demanda por educación pública y en especial, estatal. En este segundo artículo quisiéramos ver el tema de la calidad.

¿Qué es calidad en la educación superior? Es un asunto altamente complejo y complicado. Desde fuera del mundo académico probablemente alguien crea que es asunto de fácil solución. Algo sencillo de “rankear”. Partiría el ranking por la calidad física del espacio dónde se estudia, la llamada infraestructura, (hay una Universidad que está en el Parque O’ Higgins, se apropiaron de un trozo, y lleva ese nombre y que en su propaganda señala la existencia de “áreas verdes” como su principal fortaleza….). Ni la antigua Universidad de Chile, ni la Pontificia, en sus sedes tradicionales de la Alameda tenían un mínimo jardín. Y ahí se formó la élite de Chile, en vetustos pasillos y concentradas salas de clase. Se diría, por otro lado, que calidad tiene que ver con libros en la biblioteca, computadoras por doquier, sistemas en línea, en fin, modernos sistemas de enseñanza. La educación en Finlandia, modelo para muchos, sigue con tiza y pizarrón. Y dicen que en ello está la clave. Otros dirán, “profesores de excelencia”. ¿Cuál es esa excelencia? ¿Ser conocidos en los medios? Por cierto que el mercado lleva a ello y vemos como la publicidad es engañosa en este ámbito. Ser profesor universitario es un asunto muy específico y no todo aquel que es un exitoso profesional tiene esas capacidades, como tampoco es evidente que lo sea un investigador científico y mucho menos un fulgurante opinólogo mediático.

Para muchos padres que financian la inversión educativa de sus hijas e hijos, calidad se relaciona con la “tasa de retorno”, como cualquier operación comercial financiera. ¿Cuánto rinde esa inversión? Es sin duda una respuesta práctica que se acerca quizá más a lo que hoy por hoy se entiende comúnmente como calidad de la educación superior. Se trata de un conjunto de recursos financieros necesarios de gastar, para que en el futuro reditúe en recursos semejantes o ampliados. La crisis comenzó justamente el año recién pasado cuando muchas familias se dieron cuenta de que esa inversión era excesiva de acuerdo a las expectativas y situación real del mercado laboral. Es en el fondo una crítica a la relación calidad/precio.

Por ello sería interesante en el debate hacer una distinción entre cultura y red. En un sentido más profundo y colectivo del término una educación de calidad sería aquella que exponga a los estudiantes a la cultura en su más amplia dimensión y concepto. Tendría relación con un entrenamiento metodológico de tal suerte que los estudiantes no solo aprendieran materias, sino que aprendieran a aprender. Se les otorgaría un alto nivel de libertad crítica, tanto frente a los conocimientos existentes, como a los mercados e ideas establecidas. Por ende se desarrollarían capacidades creativas múltiples. Enfrentarse a la convivencia de la diversidad social, a los desafíos del conocimiento, en fin, el silencioso proceso del aprendizaje. Por ello deberían conocer las lógicas secretas de la cultura; si se tratase de ciencias físico matemáticas, manejar las lógicas elementales y no contentarse con los resultados. Hay universidades en el mundo que no dejan aún utilizar máquinas calculadoras a sus estudiantes ni en clase, ni en pruebas. He hecho clases en otras en que cada estudiante está frente a su computadora y nunca he sabido si lo que escriben son apuntes de lo que allí estaba diciendo o estaban chateando con alguna amistad. En humanidades es lo mismo. El estudio del lenguaje, de sus orígenes y evolución, de la lógica, de los clásicos….en fin…las bases de la cultura o de las culturas. Eso puede ser aburrido, pero fundamental.

Este concepto de “calidad-cultura” pareciera ser central para un país que quiere ser autónomo en sus decisiones, libre en su pensamiento, creativo en las ciencias, en fin, una sociedad que sea culta, autorreflexiva, crítica, creativa. Esto permitiría que exista ciencia y no solamente opinología o copias, en fin , dependencia.

El mercado propone un concepto diferente de calidad de la educación. Esto es, ingresar a una red de poder. Y ello es muy simple de comprender en la sociedad chilena. Si alguien quiere estudiar medicina, debe acercarse a estudiar en aquellas escuelas que ofrecen una relación estrecha con las clínicas de mayor fama del país, que están obviamente en Santiago. ¿Cuántas escuelas de medicina ofrecen en su publicidad desatada que sus egresados van a ser “médicos generales de zona” en pueblos perdidos donde no hay siquiera un médico? Lo mismo ocurre si algún joven quiere estudiar “negocios”, que en algunos casos se confunde falsamente con “economía”. Buscará casas de estudio que estén en red con las empresas. Se ha visto colas esperando un cupo en las más afamadas, esto es, en las más cercanas al mundo empresarial. En esas escuelas, como nos dijeron los jóvenes estudiantes de economía, en una reunión en medio de las movilizaciones, no se conoce ni de nombre a Adam Smith, David Ricardo y mucho menos Carlos Marx, …“un señor que al parecer era marxista”…..No hay necesidad. Las oportunidades de negocios no pasan por los clásicos de la economía, como es evidente.

La calidad-red, se ha ido imponiendo a la calidad-cultura. Y esto ocurre en todos los ámbitos de la enseñanza superior. Este hecho conduce a una percepción de calidad establecida por los contactos que se pueden adquirir. La red exige un lenguaje. La enseñanza consiste en la comprensión de ese lenguaje. Maneras de ser, de decir, de ponerse la corbata o no ponérsela, de enfrentar una entrevista, en fin, lo que llamaba Bourdieu, el “Habitus”. El lenguaje de la tribu. Se estudia; sí, claro que se estudia. Pero ¿qué se estudia? ¿qué capacidad crítica se ejercita? Lo vimos en las movilizaciones del año recién pasado. Las instituciones en red, calidad –red, no se movilizaron. Las que lo hicieron, las regionales en especial, comprendieron que su educación, posiblemente más cercana a la calidad-cultura, no poseía esas redes y que por tanto sus estudios serían de un alto nivel de frustración. No hubo una afirmación, en algunos casos en menor grado, de que la cuestión central de la educación superior chilena es qué y para qué se estudia.

Al exigir una educación de calidad, creo como hipótesis provisoria por cierto, que se está pensando en calidad –red. Esto lleva a que se perciba que el mercado de la educación superior es solamente un sistema ampliado de reproducción social. Si se estudia derecho en una Universidad Regional estatal, se aprenderán sin duda los mismos códigos jurídicos, Civil, Penal, etc. , que en una “Malluniversity”, pero la diferencia será abismante una vez que operen las redes de salida. Uno irá a hacer su “práctica profesional” a un bufete de abogados famosos y el otro concursará dificultosamente a un Juzgado de Policía Local. Si un joven logra introducirse en una “ideologicaluniversity”, tendrá acceso a una red de poder mucho más potente, llámese Opus Dei, Legionarios de Cristo, Unión Demócrata Independiente, etc…Piénsese solamente que el porcentaje mayor de mandos medios en el actual gobierno proviene de la Universidad del Desarrollo y no de la Universidad católica de la que solamente provienen altos mandos.

En muchas regiones se han instalado sedes de las malluniversities. El fenómeno es conocido. Las elites regionales de mayor ingreso y aspiración envían sus hijos e hijas a Santiago, para que se incorporen a las redes reales de poder del país, las dos tradicionales de prestigio o las “ideologicaluniversities”. Las élites que no lo pueden hacer envían sus hijos a las sedes regionales de esas universidades. Allí van profesores de Santiago, en avión, dan sus clases, son admirados, y así se participa marginalmente en las redes nacionales. Las Universidades regionales ven bajar sus puntajes de ingresos y en muchos casos, como vimos en el primer artículo, tienen puestos vacantes y no pueden siquiera llenar sus carreras. Esa extrema segmentación ocurre también en Santiago y tiene muy poco que ver con el concepto de calidad en la educación, tiene que ver con el mercado y con el poder. El corte de los primeros cien en derecho de la Chile es 738, en la Católica 733, en la Portales 669, en Los Andes 643 y en la Ufro 542, doscientos puntos de diferencia. Lo mismo o peor en otras entidades regionales. Un veinte por ciento en la de Temuco tiene apellidos mapuches. Calidad por ejemplo, sería que fuese una escuela diferente y especializada, pero el mercado no va por ese lado.

Las movilizaciones del año que recién ha pasado se enfocaron en torno a la calidad. Se señaló que el aumento de la matrícula universitaria había puesto el énfasis en la cantidad y no en la calidad. Pero pareciera que el concepto de calidad no estaba suficientemente clarificado. ¿Es posible democratizar la educación superior o las medidas que se están tomando van en la línea de una mayor segmentación y una mayor estratificación? La calidad en la educación exige nuevos parámetros, nuevas propuestas. De eso trataremos en el tercer artículo.

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