Tal como piensa el cardenal Jorge Medina, los papás de Paola Zirit creyeron que la homosexualidad de su hija era una enfermedad. Por eso la ingresaron a una clínica de Quito durante un año y medio a sanar su lesbianismo, para que no tuviera “un brazo menos” como dijo el cardenal que anuncia a los nuevos papas en el Vaticano. Ahí estuvo durante tres meses esposada en una habitación donde la insultaron, le pegaron y hasta le tiraron orina y agua helada encima como terapia de shock para “sanarla” de su enfermedad.

Eso es lo que denunció la joven ecuatoriana de 28 años, relato insigne de la pelea que está dando ese país para desterrar los centros médicos chantas que ofrecen curar de la “enfermedad”. Se trata de unos 200 centros según las estimaciones del ministerio de Salud de ese país, cartera que desde el año pasado le declaró la guerra a estas clínicas.

La cruzada tiene a la cabeza a la ministra Carina Vance, quien reconoció públicamente ser lesbiana al asumir su cargo, y que anunció un proyecto de ley que regulará las clínicas de rehabilitación, fachada de los centros donde realizan tratamientos para curar gays, nueve días antes de que muriera Daniel Zamudio.

Revertir la tendencia

Como en Ecuador, en varios países se ofrecen servicios clínicos para curar la homosexualidad como si fuera una adicción al cigarrillo. En Chile no hay registros de clínicas de este tipo, pero salieron al baile cuando las mencionó el abogado conservador Jorge Reyes cuando habló de la conducta de Daniel Zamudio y de cómo existían experiencias en otros países para curar estos casos.

Consultado por The Clinic Online, Reyes explicó que sólo conocía las terapias de Richard Cohen, paladín global de la “terapia de conversión”, quien alguna vez vino a Chile a realizar un seminario. Sin embargo, existen antecedentes como los de la psicóloga Marcela Ferrer.

A mediados de 2008, Ferrer realizó varias charlas en algunas universidades e incluso intentó ingresar a la Sociedad Chilena de Bioética con su tesis “No ser aceptado como factor predisponente a la homosexualidad. Análisis Bioético”.

Su trabajo, basado según ella en 500 casos que ella misma trató, propone un endurecimiento de los roles de género en la infancia y un apego a la figura de la madre -en parejas “normales, madre y padre presentes”- como determinante del “molde biológico y emocional para todas las relaciones futuras”.

Según la doctora Ferrer, quien posee un Master en Bioética en Canadá, la homosexualidad “aparece” con problemas familiares generados en la infancia como la ausencia de modelos masculinos o femeninos o el rechazo social. Si se evitan estos problemas, Ferrer dice que el niño “puede desarrollar una identidad sexual acorde con su naturaleza” y “es posible evitar el desarrollo de las tendencias homosexuales”.

De esta forma, ella defiende como una “terapia reparativa”, en la que ocupa citas biblícas y desconoce conclusiones de la Organización Mundial de la Salud (1990), la Asociación de Psiquiatría de Estados Unidos (1973) y la Asociación de Psicología Americana (1975), quienes explican que la homosexualidad no es una enfermedad, por tanto, no es curable.

“Si bien no se puede siempre garantizar el resultado, en el sentido del logro de una heterosexualidad completa, los progresos en el desarrollo de una identidad más sana son notorios y, en muchos casos, logra alcanzarse un total éxito”, dice el texto.

The Clinic Online intentó comunicarse con la doctora Ferrer, quien actualmente trabaja en el área de Psicología Pediátrica del Centro de Especialidades Médicas UC, ubicado en Marcoleta 350 (miércoles desde las 09:30 a las 16:15 horas). Ferrer no nos quiso recibir y se rehusó a una entrevista diciendo que “no le interesaba hablar del tema”.

A ella se suma el psiquiatra Francisco Bustamante, profesor de la Universidad de los Andes, quien el año 2010 señaló a la revista Paula haberse convencido de que “existe evidencia científica de que los sentimientos homosexuales se pueden cambiar. Pero me quedé ahí, en el plano de las ideas, hasta que lo vi con mis propios ojos: un paciente homosexual, bastante femenino, que tras un año de terapia se masculinizó y empezó a sentirse atraído por las mujeres”.

Todas estas prácticas son ampliamente rechazadas por las organizaciones que defienden la diversidad sexual. “Cualquier terapia que pretenda hacer reparación no se ajusta a ningun estándar científico mundial. Hasta la OMS ha eliminado de todos sus instructivos la homosexualidad como una patología. Es algo que no se puede curar”, dice Jaime Parada, vocero del Movilh.

Parada además dice que todo este tipo de terapias están alejadas de convenciones sobre Derechos Humanos, quienes en los últimos años incluso promueven la diversidad y las protegen. “Algo así solamente está infiltrado en el discurso para no legislar para gente que tiene mala vida o desacreditar la lucha de la reinvidación de los derechos. Es fuente para el discurso homofóbico y nada más”.

Sanar

De los casos como el de la doctora Ferrer en Chile, Richard Cohen es quizás el más emblemático en el mundo. Director de la Fundación Internacional para la Curación (IHF) y autor del libro “Comprender y sanar la homosexualidad”, Cohen dice que, por experiencia propia, un hombre puede dejar de sentirse atraído por otro hombre al superar las heridas que lo provocaban.

El método de Cohen, conocido mundialmente como “terapia de conversión”, le valió la expulsión de la American Counseling Association y el retiro de su licencia para ejercer como médico o psicoterapeuta. Pero él igual lo defiende y pregona: “decir que alguien ha nacido así es contrario a la naturaleza”.

Cohen lo dice por experiencia propia. Según cuenta en una entrevista dada al diario El País en diciembre pasado, tuvo una pareja gay. Sólo luego de hacer una terapia de conversión para eliminar las heridas de un abuso infantil, ya estando casado con la madre de sus tres hijos, pudo enterrar sus “tendencias homosexuales” y llevar “una vida normal”.

Así, aunque dice respetar a los homosexuales que deseen seguir con esa conducta, asegura que la ciencia no ha comprobado que la gente nazca gay, que hay una serie de factores que terminan desembocando en eso. Algo que se puede cambiar, según él.

“Si estamos decididos, contamos con el amor de Dios y el apoyo de otras personas la curación es posible. Por supuesto, en el momento actual, muchos dirán que no es posible salir de la homosexualidad. Eso es, sencillamente, un mito, porque el cambio es posible”.

Sin embargo, otro de los emblemáticos defensores de estas terapias de conversión se arrepintió de lo dicho. Robert Spitzer, autor de un estudio en el año 2001 donde defendía el poder de las terapias, pidió disculpas a la comunidad internacional al constatar que sus antecedentes no eran válidos para esa afirmación.

“Creo que le debo a la comunidad gay una disculpa por mi estudio haciendo afirmaciones no comprobadas sobre la eficacia de la terapia reparativa. También pido disculpas a cualquier persona gay que perdió tiempo y energía experimentando algún tipo de terapia reparativa, porque creían que yo había demostrado que la terapia reparativa funcionaba en algunos individuos altamente motivados”, dijo la semana pasada.

Puente a la Vida

En la mayoría de estos centros, ya sean en Barcelona, California, Buenos Aires o Quito, las clínicas funcionan con una fachada de tratamiento de adicciones y tienen un estrecho lazo con comunidades ultra religiosas. Católicas y evangélicas son las más repetidas pero también las hay de otras religiones.

De hecho, en California existe incluso la Asociación Nacional para la Investigación y Terapia de la Homosexualidad (NARTH), liderada por el Dr. Joseph Nicolosi, quien incluso dice realizar exámenes donde selecciona pacientes que tienen o no el “gen homosexual”.

El pabellón de mujeres de la clínica donde Paola Zirit fue ingresada fue clausurado, aunque el resto del centro sigue funcionando. Su director, Pedro Zavala, rechazó las acusaciones de Paola y dice que clausuraron ese sector por ocupar medicamentos caducados.

Según él, en su clínica no se persigue deshomosexualizar a los pacientes pero sí “modificar todos sus comportamientos, todos sus comportamientos inadecuados que están llevando a esa persona a tomar otras actitudes inadecuadas”.

En Ecuador las agrupaciones que han denunciado estas prácticas hablan de dos casos semanales de personas ingresadas a estas clínicas contadas desde junio de 2011 en adelante. Según sus indicadores sólo desde agosto pasado hasta fin de año clausuraron 30 centros médicos que ofrecían estos paquetes. Por eso el ministerio de Salud ecuatoriano asumió el tema como prioritario, algo que también pretenden algunos congresistas de California que la semana pasada presentaron un proyecto para proteger a niños y jóvenes de este tipo de clínicas.

Lee acá el libro de Richard Cohen que promueve las “terapias”