Felipe Camiroaga

El busto de bronce de Felipe Camiroaga pesa diez kilos, está protegido con un vidrio a prueba de balas y, si es que alguien todavía tenía dudas sobre la entrada de Camiroaga al panteón de santitos, debiera convencerse -hombre de poca fe- con eso. Con eso y con todo lo demás que hay en el salón dedicado a él en Museo de Villa Alegre: sus fotos de chico, las fotos con su mamá, los trajes de Luciano Bello, etcétera y etcétera. Con eso y con que una mujer de 92 años haya dicho que después de estar meses postrada -y meses rezándole a Felipe dos a tres veces al día- haya recibido el primer milagro del santo: poder caminar. Con eso y con el cortejo fúnebre que tuvo. Con eso y con lo que necesita un verdadero santo: una leyenda. Una leyenda que en algún momento llegó a decir que estaba por ahí, en una cueva, en Juan Fernández.

Daniel Zamudio

La religión de la tumba de Daniel no es la de Jesús. Es la de una foto de Britney Spears, una bandera gay y cartas y esquelas que le piden: “Haceme el milagro que a mi hijo me lo cambien a casa blanca y que me lo protejas de todos los malos pasos y que se aclare tu justicia” y le confiesan: ““Tengo un secreto. Y se secreto me duele, me duele por mi mamá que quiere tener nietos y se planifica cuando yo tenga hijos y ella los malcrie, pero siento cosas por las niñas. Pero no dejo de pensar en un chico que me encanta. Creo que estoy confundida. Bueno será po” .

Romualdito


El que tiene una animita en la esquina Alameda/San Borja y un eco menor -pero eco de todos modos- en el Patio 34 del Cementerio General. Su historia es imprecisa: tal vez un mecánico de 41 años acuchillado en el corazón por un asaltante, tal vez un niño violado y asesinado en la Alameda, un paciente enfermo de tuberculosis que -convaleciente- salía del hospital y fue asaltado y muerto, o un deficiente mental que le llevaba comida a su padre enfermo y, en eso, fue asesinado. El origen impreciso contrasta con la precisión de la fuerza de su culto: es el más famoso de los santos chilenos seculares.

Balmaceda

El presidente del halo trágico. Del halo trágico -del suicidio- surge la condición de mártir. De la condición de mártir, lo milagrero. Su lugar en el Cementerio General tiene papeles y grafittis para el que se ha convertido en el Santo de los estudiantes: “Ayúdame a pasar de curso y cuida a mi familia”, le dice alguien.

La Novia

Como Romualdito, un origen difícil de definir: la madre de una chica -Orlita- la habría embalsamado y vestido de blanco para conservarla siempre linda/ una novia que murió a punto de casarse después de rodar por las escaleritas que la llevaban al altar/ una mujer que murió de pena porque la plantaron el día de su matrimonio/ quién sabe qué tuvo que pasar para que La Novia se convirtiera en la santa de los que se aman.

Indio Desconocido

En el Cementerio de Punta Arenas hay una estatuilla. En la estatuilla, algunas velas. Detrás de la estatuilla, una historia: una pelea que dejó a dos muertos. Un blanco -muerto por una bala- y un indio kaweskar, muerto ahogado. Sólo el indio se convirtió en santo, después de que una mujer -Magdalena Vrsalovic- dijera que el indio desconocido fue quien le cumplió una manda.

Emilio Dubois

El santo ladrón. Como Robin Hood -se dice- le robaba a los usureros. Pero la historia no es tan feliz: terminó siendo juzgado y ejecutado por un pelotón de cuatro fusileros en 1907 para, entonces, encontrar la inmortalidad al convertirse en santo: en el cementerio Playa Ancha de Valpo hay placas llenas de agradecimientos por los favores concedidos.

Elvirita Guillén


Elvirita Guillén Guillén, catorce años, huérfana. Se dice que era linda, que tenía el pelo negro, que era simpática, que se suicidó por honor. Después de ser violada por dos hombres que luego dijeron no haberla tocado, Elvirita se disparó dejando la siguiente nota: “Hago esto ya que todo el mundo…”. El caso conmovió tanto a Antofagasta que, desde 1937, tiene un mausoleo que -de tan popular- se volvió una suerte de capilla: altar, santos, asientos, flores, estampas, placas en las paredes y todo, todo, todo para dar las gracias por algún favor concedido.

Carmencita


Otra historia de violación. Esta vez Carmencita, nueve años, violada y asesinada en 1949 por alguien que nunca fue capturado. Por eso en el Cementerio General su tumba está llena de placas de agradecimiento, muñecas, juguetitos y flores. Se dice que es la tumba más milagrosa del cementerio.