A Bowe Bergdahl le criaron en la más estricta moral calvinista. La predestinación y la obediencia son dos de las máximas de su vida. Por eso siempre quiso salvar el mundo. Y por eso, quizá, acabó odiando a su país.

Hoy, Bergdahl es el único prisionero de guerra estadounidense que queda en el planeta. Fue capturado el 30 de junio de 2009, tres meses después de aterrizar en Afganistán. Nunca se supo cómo se lo llevaron los talibanes, pero se cree que lo secuestraron tras una guardia. En Idaho, donde creció, y en el resto del país, su figura sigue siendo una reivindicación: “Traed de vuelta a Bowe”, se lee en carteles por los Estados Unidos.

Sin embargo, ahora su figura se ha despojado de toda perfección. Su familia acaba de filtrar a la revista ‘Rolling Stone’ varios e-mails, escritos justo antes de desaparecer, en los que se muestra algo más que desencantado con su misión en tierras afganas: “El futuro es demasiado bueno para perderlo en mentiras. Y la vida es demasiado corta para pasarla ayudando a unos imbéciles cuyas ideas son un erróneas. He comprobado lo que piensan y me avergüenzo incluso de ser estadounidense. Su arrogancia es terrible. Todo es repugnante”, escribe.

“El ejército es la mayor broma del mundo. Solo hay mentirosos, gente que te apuñala por la espalda, imbéciles y matones. Es asqueroso”, añadía. Bergdahl quería ir a Afganistán a ayudar a la población a crecer y a defenderse de los talibanes, pero encontró que su misión no era esa.

El reportaje de ‘Rolling Stone’ describe a Bergdahl como un tipo con un concepto mesiánico de la justicia, obsesionado con ella. En la instrucción no se daba tiempo de ocio: solo estudiaba libros y mapas de Afganistán, nunca dejaba de prepararse. Un año antes de alistarse, había contactado con un misionero amigo de la familia que trabaja en Uganda para ir allí a enseñar técnicas de defensa personal a los ciudadanos masacrados por las milicias. Su padre dice que “vive en una novela”. Un compañero que cita la revista lo define como “un tipo con mentalidad de superviviente, muy individualista”.

Para unos un loco. Para otros, alguien con una ética extrema. Para casi todos, un héroe bajo sospecha: aunque el ejército estadounidense lo considera un prisionero en manos del enemigo, y aunque durante estos tres años en cautiverio los talibanes han mostrado vídeos suyos como si lo tuvieran capturado, ahora las palabras del líder talibán Haji Nadeem en 2010 suenan distintas: entonces, este jefe afgano dijo que Bergdahl había desertado y que ahora formaba parte de las filas talibanas.

Muchos compatriotas del soldado no quieren ni pensar en la idea. Begdahl, que ahora tiene 26 años, para ellos es el último prisionero de la guerra más larga de la historia de Estados Unidos. ‘Rolling Stone’ cita a una fuente de la administración Obama, que dice: “Sería una gran victoria si el presidente lograra traerlo a casa, especialmente en año electoral, si sabe manejarlo”.

Pero, ¿quiere Bowe Bergdahl volver? ¿Es un prisionero o un desertor? Entre tanto, sus padres lo siguen esperando en Idaho.