El Rulo me hizo una mala práctica y me dejó el hoyo imposible, no hay crema que me lo cicatrice y me lo deje cero kilómetro, pensando sobre todo en prácticas más benignas para mi zona trasera (mi pega así lo amerita). Yo vivo en una comuna que podría llamarse “Mala Práctica”, así como hay un pueblo que se llama “Peor es Nada”. En lo personal, creo que la economía y la política lideran las bad practice criollas, aunque la vida misma está llena de ellas. Tenemos malas prácticas sociales, culturales, vecinales, sindicales, religiosas, etc. Porque no nos pongamos cínicos, no las inventó el guapetón del Girardi, acusado por ese nerd arrogante del Velasco, que es tributario de las mismas, al utilizar el ataque artero contra el más expuesto y que además lo usa como estrategia posicional-postural. Yo creo que todo eso viene de mucho más atrás, probablemente de la conspiratividad moderna, es cosa de detenerse en el padre de la ciencia política, Maquiavelo. Contenidos que he aprendido en la educación vespertina. Es cosa de ver en el cable la serie Los Borgia para impregnarse del espíritu palaciego que genera ese paradigma narrativo familiar de la acción política. Me refiero a las operaciones propias que definen el tema como son las máquinas, las quitadas de piso, el basureo, el clientelismo, la pasá de cuenta, las cuotas, etc., que en el ejercicio del relato se constituyen en objetivos de proyectos, ya sea inmediatos o remotos. Pero no quiero irme para otro lado para no perder el sabor más folclórico de este modus operandi.

La vida comunitaria de mi pueblo, por ejemplo, está ultra determinada por lo que decide un municipio depravado, devastador, pervertido, abusador y corrupto (ingredientes básicos de las bad practice a nivel de contenidos de la abyección) y que asociado con la empresa portuaria y las otras que ocupan el recinto, como Codelco (creada por el compañero Allende cuando nacionalizó el cobre, y privatizada nuevamente a través de ciertos mecanismos inventados por los gobiernos de los milicos y la Concertación), destruyen la vida de simples ciudadanos o ciudadanas como una que se saca la chucha, literalmente, por sobrevivir en esta cagada de país indigno. Yo me embalo cuando me da la indiada. Estos culiaos quieren sacar una especie de licencia social para instalar un veneno inmundo casi en medio de la ciudad, coimeando y engrupiéndose a la gente. Por ahí anda metido el Perro Envenenado firmando para una fundación mula que crearon. A mí me dijeron que muchos de estos andan detrás de recursos para sus campañas municipales (ya sea pa’ concejal o alcalde), de ahí que surgió la agrupación de los candidatos del ácido (porque veneno del ácido sulfúrico quieren instalar los perlas de Codelco). A una como dueña de casa y trabajadora eventual le afecta esta cuestión, pero no se puede negar que mucha vieja culiá estrila cuando hay olor a mierda, como en Freirina, porque nosotros aquí somos buenos para soportar los malos olores, nos acostumbramos con la harina de pescado. Eso es lo que pasa en mi pueblo que ahora llaman “Mala Práctica”, porque pa’ qué vamos a seguir enumerándolas. Una misma se tienta cuando le ofrecen mitigación, pero yo toda digna les respondo: “Por qué no me mitigai el hoyo será mejor, que se me altera tanto con las bad practice”.

El Rulo me reta y me dice que no me enoje tanto porque está escrito que los ricos no pierden, pero yo me espanto y le digo que en Aysén y en Freirina las viejas lograron cosas, que tenimos puro que salir a la calle y dejar la cagá, que yo soy como tonta para las ollas comunes. Y el Rulo se ríe y me propone otra mala práctica que amenaza con dejarme la boca hedionda y pegajosa, lo que me obliga a andar con el enjuague bucal en la cartera. ¡La política es tan sucia!