El encabezado era el título de un panel que se realizaría este jueves en el Museo de la Memoria, luego de la exhibición del documental dirigido por Ignacio Agüero. Los organizadores invitaron como integrantes del panel a Faride Zerán, Premio Nacional de Periodismo; a Giorgio Jackson, reconocido líder estudiantil; a Francisco Vidal, ex ministro y ex presidente del Directorio de TVN y a quien escribe esta columna, productor y co-guionista del mencionado documental.

El debate cobraba mayor sentido en el contexto de la reciente decisión del Director Ejecutivo de TVN de, unilateralmente, poner fin al contrato firmado en mayo de 2010, que obligaba a la estación televisiva a emitir en tres oportunidades “El Diario de Agustín” en el lapso de tres años. La razón esgrimida por el señor Mauro Valdés fue una respuesta mía, en una entrevista en The Clinic a fines de diciembre de 2012, a la pregunta de la periodista Macarena Gallo sobre por qué la película no había sido exhibida nunca pese al contrato existente. Respondí, entre otras cosas: “el directorio de TVN le tiene miedo a Agustín Edwards”.

Es bueno saber que durante el año 2012 el señor Valdés no respondió ninguno de los reiterados requerimientos de Ignacio Agüero para saber sobre el cumplimiento del contrato firmado en 2010; que una ejecutiva del canal respondió dando como fecha de exhibición el 23 de diciembre a las 24:00 horas, para luego informar que ello no ocurriría y que TVN entregó posteriormente a la prensa una lista de doce documentales de realizadores chilenos a ser exhibidos en los inicios de 2013, donde “El Diario de Agustín” no estaba considerado. De allí la convicción de que mi frase, considerada por el director ejecutivo una descalificación moral y una “presión pública inaceptable e incomprensible”, constituyó la excusa para aprovechar la oportunidad y deshacerse de una vez de la obligación de emitir la película.

Más allá de explicaciones procedimentales y del juego de las palabras, ¿Qué es lo que pueden temer las autoridades del llamado canal público al exhibir un documental premiado en festivales internacionales, en Chile (Premio Altazor y Premio Especial del Jurado Pedro Sienna) y exhibido en la inmensa mayoría de las estaciones de televisión pública de Iberoamérica?

Dejo abiertas las preguntas a los aludidos: ¿Miedo a ver cómo Agustín Edwards, en 1970, fue recibido en la Casa Blanca por el Presidente Nixon y Henry Kissinger, para pedir ayuda en la campaña de derrocamiento del gobierno de Salvador Allende y saber los millones de dólares que consiguió? ¿Temor a conocer los entretelones de cómo El Mercurio y La Segunda fueron eslabones decisivos en el montaje periodístico para hacer aparecer como extremistas “asesinados como ratas” por sus propios camaradas en el extranjero a 119 chilenos detenidos y desparecidos por la DINA en el país? ¿Miedo a ver cómo reconocidos periodistas de la cadena de diarios de Agustín Edwards “reportearon”, en 1976, el hallazgo del cadáver de “una joven y bella mujer, producto de un crimen pasional”, en una playa cercana a Los Molles, que finalmente resultó ser Marta Ugarte, detenida desaparecida, de 42 años, cuyo cuerpo lanzado al mar desde un avión militar llegó a esa playa porque sus asesinos lo amarraron mal al riel de tren empleado para que quedara en el fondo marino?

¿Temor a conocer que Agustín Edwards fue encargado reo por el delito de injurias y calumnias, luego de haber publicado como portada de su diario, -en concomitancia con la CNI, como lo asegura el ex ministro de la dictadura Francisco Javier Cuadra, las fotografías de dos jóvenes inocentes- que fueron, por ello, detenidos y torturados- como los instigadores de los incidentes en el Parque O´Higgins durante la visita del Papa Juan Pablo II? ¿O miedo a mostrar la estatura moral de Agustín Edwards que trasunta su respuesta a la entonces periodista de TVN Cecilia Serrano, cuando le consulta sobre sus sentimientos respecto del dolor de los familiares de detenidos desaparecidos con ocasión del secuestro de su hijo Cristián?

Son preguntas que yo habría hecho en el curso del panel que el director del Museo de la Memoria, Ricardo Brodsky, decidió cancelar debido a la negativa de Ignacio Agüero de alterar el elenco de panelistas, argumentando, en lo esencial: “me parece que los panelistas vinculados a TVN (Faride y Vidal) pueden estar tentados a poner a TVN y Mauro Valdés en el banquillo de los acusados, cosa que además de injusta no quisiera que ocurriera desde el Museo de la Memoria. Tú sabes que lo que se dice desde el Museo tiene unas connotaciones más graves que si se dice desde otro lugar”.

Así, queda al trasluz una cadena de temores y complicidades que desnuda la incapacidad para debatir abierta y libremente sobre nuestra historia, en este caso a partir de una simple obra cinematográfica. Así como impresentable la postura de la llamada televisión pública, resulta una patética paradoja que el Museo de la Memoria, con todo su significado, termine involucrado en dicha cadena.

Fernando Villagrán es productor y co- guionista de “El Diario de Agustín”