A paso firme, sonriente, y precedida por la directiva de la UDI y su generalísimo, Joaquín Lavín, ingresó ayer a la sede de Renovación Nacional la candidata presidencial de la derecha, Evelyn Matthei. Fue a la casona de Antonio Varas -la misma de la que fue expulsada tras el Piñeragate- a negociar nombres, porque el respaldo del partido lo obtuvo, a contrapelo de la directiva encabezada por Carlos Larraín, la noche del martes luego de que Andrés Allamand desistiera de confrontarla. El dueño de casa, sin embargo, salió a esperarla con los brazos abiertos y en el ambiente, cierto aire de resignación y desconfianza.

Sobre la mesa, la petición de integrar al comando a los senadores Alberto Espina, Francisco Chahuán y Baldo Prokurica y al ex ministro de Justicia, Teodoro Ribera, quizás el más polémico de los nombres, y la petición personal de Larraín a la abanderada de hacer un gesto hacia Allamand. La reunión fue corta. Poco más de una hora.  El proceso presidencial en la Alianza, en cambio,  ha sido largo y complejo, y entre los partidarios de Larraín y seguidores de Allamand todos los dardos apuntan más al Presidente Sebastián Piñera que a la UDI del trago amargo.

COMPRAR BARATO

Consciente de que, más allá del acuerdo de los partidos para comenzar a trabajar en la candidatura del sector, la cúpula partidaria buscará hacerle pagar algún costo en el Consejo General, Piñera comentó ayer en Copiapó que “el gran damnificado con todos estos conflictos ha sido el Gobierno”.

“Me alegro mucho que después de una semana muy confusa, para olvidar, finalmente está empezando a primar la cordura y está primando la unidad y la generosidad dentro de la Alianza, porque yo creo que hay que enfrentar esta elección con un candidato de unidad. El Gobierno ha tenido que poner a disposición de los partidos siete ministros para enfrentar el desafío presidencial. Primero fueron Golborne y Allamand y la ministra Parot. Después se fueron Cruz-Coke y Lavín, después se fue Pablo Longueira, y ahora la ex ministra Matthei”, dijo.

Para el círculo de Allamand, en quien Larraín espera depositar la posta partidaria el próximo año, y para la directiva partidaria, la lectura es completamente distinta. “Lo que Piñera desea es devaluar el partido para comprarlo después barato. Mientras yo tenga un poco de fuerza, se lo voy a hacer todo lo difícil que pueda. Yo quiero a mi partido, me importa”, ha dicho Larraín en más de una ocasión a sus colaboradores.

En el Gobierno, aseveran en Renovación, ha primado el egoísmo y la tesis es que La Moneda no fue neutral en el proceso de nominación del candidato de la derecha con un sólo objetivo: que Piñera aparezca como la única carta viable del sector hacia 2017.

En esta línea, apuntan, Allamand sólo le fue cómodo en una primera etapa, ya que Piñera esperaba que finalmente no compitiera en las primarias y en cambio negociara rápidamente ir blindado en la senatorial. “Cuando ello no ocurrió, y vio que Andrés iba a seguir hasta el final, también pensando en 2017, el Gobierno se desbandó”, sostiene un parlamentario.

En el Ejecutivo niegan estas imputaciones, que atribuyen a las heridas propias de Allamand, quien está doblemente derrotado (primero en las primarias y luego tras la sorpresiva caída de Pablo Longueira), sin embargo la tesis en RN es que, tras la debacle de las municipales, Piñera se concentró en “copiar el modelo de Bachelet”, quien, ante un bloque dividido, como lo estuvo la Concertación hacia el fin de su periodo, se mantuvo en la agenda como la figura que garantiza unidad y gobernabilidad. Pero a diferencia de la ex directora de Naciones Unidas “nuestro Presidente se sacó a codazos a todos los que pudieran hacerle sombra”.

“Allamand está convencido de que Piñera ideó un diseño para anularlo. Esperaba el triunfo de Laurence Golborne en las primarias, con la premisa además que Allamand podría bajarse antes del 30 de junio. Era esperable la derrota de Golborne por parte de Bachelet a sabiendas de que su trayectoria empresarial le jugaría en contra en algún momento y lo dejaría mal parado. Como se cayó antes de tiempo, el Gobierno se la jugó por Pablo Longueira, sabiendo que le costaría dar una pelea digna, y luego de su bajada por Evelyn Matthei. Piñera nunca ha sido neutral”, explica una alta fuente partidaria.

A esta teoría suman un antecedente adicional: que el crítico estado de Longueira fue conocido con antelación por Piñera quien habría operado a favor de Matthei en los días previos a que se hiciera pública la bajada, mientras que la situación nunca fue comunicado a Allamand que se encontraba de vacaciones.

“Piñera, tras un mal resultado electoral, va a aparecer como el salvador del sector y el único candidato. Él quiere ser Bachelet”, acusa un cercano a Larraín.