La noticia: “revelan los millonarios pagos que la DINA hizo a diarios y revistas durante la dictadura para “comprar” su silencio. La información fue revelada desde un informe de la Corte Suprema en el marco de la investigación del crimen de Orlando Letelier, donde encabeza el listado el dueño de El Mercurio Agustín Edwards.”

Se informa que quienes recibieron dinero fueron El Mercurio, Copesa, Comandancia en jefe del Ejército, Famae, Junta de Gobierno, Cristián Labbé, Banco Central, y se nombra y deja ver a muchos otros. Pregunta: ¿por qué se informa de esto ahora cuando es un dato establecido desde hace muchísimo tiempo? ¿Por qué soy yo el que escribe sobre esto y no es este espacio ocupado por otra noticia que dice que el Consejo de Defensa del Estado ha iniciado una querella en contra de los que recibieron dinero del estado de parte de una organización criminal? No sé responder esto. Lo que me llama la atención es la enorme ingenuidad de la mayoría de los chilenos, puesto que esta noticia resulta bastante obvia ¿Cómo la institución más poderosa habida en Chile no iba a disponer de todos los fondos necesarios, y más que lo necesarios, para financiar la maquinaria del poder total y los recortes adscritos para el enriquecimiento personal de algunos muchos? Si podían asesinar masivamente a chilenos y ocultar los crímenes con dineros del Estado, ¿qué tanta noticia es esta que aparece ahora?

La verdadera noticia es la ingenuidad de creer que el golpe se dio por ideas contrarias a las del gobierno de la Unidad Popular. Todos creímos que los golpistas creían en su anticomunismo, pero su anticomunismo no era más que un negocio. De lo que se trataba era de recuperar la plata perdida o la plata dejada de ganar. Muy bien lo dice John Dinges, periodista en ese tiempo del Washington Post en la entrevista en la que aparece en la película El Diario de Agustín, cuando dice que Agustín Edwards, preocupado por la marcha de su negocio viaja a Estados Unidos al día siguiente de la elección de Allende. Edwards da inicio a los preparativos del golpe, en Estados Unidos, con el jefe de la CIA, Nixon y Kissinger, en el mismo mes de septiembre en que Allende gana la elección, pero también logra unos pesitos de la CIA para su diario. Luego, con el poder recuperado, hay que ocultar el modo criminal y genocida con que éste se recupera, engañando a la población y pretendiendo engañar al mundo.

Y, en el mundo de los negocios, esto se cobra, y la DINA paga. Confieso haber creído que el titular de La Segunda EXTERMINADOS COMO RATONES era un aporte de la empresa El Mercurio al necesario genocidio para el despliegue de sus negocios. Lo que no imaginé era que cobraron por ese titular y los muchos otros, para lo cual ellos mismos se proveyeron de una DINA, de un Pinochet y de un Contreras, aunque ellos, tontones, militares tontones, creyeran que eran libertadores de algo, y para Edwards y los dueños de Chile nunca fueron más que los guardianes de su caja fuerte. Sin duda hablo aquí de algo horrendo, donde sobrevivieron los capitanes generales de la mediocridad y murieron los nobles, Allende, Tohá, Prats, y tantos, tantísimos. Nunca pudieron llegar a sus cuentas bancarias porque no las tuvieron. Este mundo de los negocios en la política y en el crimen es lo que explica la vacuidad de nuestro proceso electoral actual, de nuestras campañas presidenciales y parlamentarias de hoy. Y lo que explica que nuestro Presidente de la República ocupe tanto de su tiempo en un programa de televisión para hablar de su fideicomiso. Qué pena y qué vergüenza sentirá nuestra hermosísima Cordillera de los Andes.

*Director del documental
“El diario de Agustín”