Hay gestos, entonaciones de voz, cierto sentido del humor en Gonzalo Cornejo que remiten a Pablo Longueira. Debe ser porque el abogado, ex alcalde de Recoleta y mano derecha de la campaña presidencial de Evelyn Matthei ha hecho su carrera política a la par del emblemático dirigente gremialista y ambos se han mimetizado de modo tal que a ratos Cornejo habla como Longueira. Y también viceversa.

Pero a diferencia de quien fue candidato presidencial de la UDI –y que se bajó tras ganar las primarias aquejado de una depresión severa- Gonzalo ya no milita en el partido y no es un rostro tan conocido. En un céntrico café de calle Mosqueto, en el Barrio Lastarria, nadie repara en que quien habla de los laberintos de última campaña presidencial es la persona que mejor conoce en qué y cómo falló en la derecha en estas elecciones.

“La responsabilidad de que la candidatura oficialista haya perdido la elección, obviamente es en primer lugar del Gobierno. Yo fui alcalde, y para mi siempre la elección siguiente siempre fue un plebiscito sobre mi gestión. Gané en dos casos: cuando me presenté a la reelección y cuando en el tercer periodo presenté una candidura sustituta. Siempre las elecciones son eso: si se apoya o no la forma de gobernar. Desde ese punto de vista, el Presidente tiene responsabilidad. Pero exacerbar esa responsabilidad, como ha hecho Andrés Allamand, tiene riesgos porque minimiza la culpa de otros. Aquí también hay responsabilidades en los partidos, en sus directivas y en las candidaturas parlamentarias que acompañaron a la candidatura presidencial. Lo más justo es que se hagan todos los análisis a puertas cerradas”, dispara Cornejo.

– Entonces compartes el análisis de Allamand de que Piñera tiene una gran responsabilidad en la derrota.
-Sí, y a la vez encuentro especialmente torpe la forma en que Andrés está actuando porque su forma rugbista de hacer política ya lo ha damnificado. Un solo ejemplo: la elección primaria fue tan estrecha que si Allamand hubiera tenido un discurso más generoso e inclusivo, si se hubiese subido al balcón y hubiera estado a disposición de Longueira, la UDI y el Gobierno no hubieran tenido espacio para no apoyarlo cuando Pablo se bajó.

-En vez de eso se enojó con Lavín y le lanzo el “hasta cuando me vas a humillar conchadetumadre”.
-Exacto. A lo mejor tenía razón en su molestia e incluso en su análisis. La UDI popular no se vio reflejada en esas primarias, en las comunas populares estuvo bastante empatado el resultado y donde perdió más Allamand fue en el distrito 23. Eso sirve para consolarse después, no para un discurso de reconocimiento de derrota. Él además quiere ser el gran articulador, negociador y defensor de la centro derecha, entonces si él tiene clara su responsabilidad en el gobierno de Michelle Bachelet es torpe generar estas animadversiones que lo inhiben de conseguir adhesión en el futuro.

-Más allá de Allamand, las directivas de los partidos tenían claro desde un principio que en esta elección Piñera no estaba jugando para la Alianza, sino para sí mismo. ¿Lo sentiste así desde adentro de la campaña?
-Mira, esta elección era muy difícil. Evelyn, por el momento y la forma en que surgió su candidatura, sabía que era imposible tener un buen resultado. La mayor explicitación de eso es que de definió desde la candidatura buscar una identificación con el Gobierno, para lograr la adhesión del Gobierno. Es obvio que estábamos aspirando sólo al 40%, que es el respaldo de Piñera. El Presidente Piñera ha hecho un gran gobierno en cuanto a administración del Estado, pero ha tenido un gran déficit en las habilidades blandas y en esta elección a Piñera le faltó generosidad, porque Evelyn destacó una y otra vez todo lo que había hecho bien este Gobierno y de parte del Gobierno no hubo reciprocidad. Lo que se hizo fue agarrar una agenda y decir “ya, este ministro va a tal lado, este al otro”, cosa que en la forma pasara todos los filtros de adhesión, aunque en el discurso y los ejes eso no era así.

-Y eso es más profundo que los desacuerdos respecto de cómo conmemorar los 40 años del Golpe.
-Obvio. En materia electoral, Piñera tenía una agenda propia: anunció su Fundación antes de las elecciones, cerró el penal cordillera en un momento súper inoportuno. En lo personal, me parece que está bien, pero que alguien explique por qué no lo hizo después de las elecciones o el año pasado. En el día a día del Gobierno en inauguraciones, beneficios, no hubo nunca una coordinación con la candidatura. Nunca. Piñera siguió gobernando como si este fuera un año cualquiera donde no se estaba jugando la continuidad de la centro derecha. Esa es una responsabilidad de él que, creo, decidió fortalecer su imagen con miras al 2017. En un periodo tan corto, la elección comienza al día siguiente de los comicios presidenciales. Piñera hizo algo notable, lo adelantó.

-¿Una especie de mérito?
-(risas) No…digamos que hizo algo distintivo. En todo caso, Piñera va a ser un referente político y electoral tremendamente relevante para el 2017, porque hizo un gobierno exitoso y porque hay que ver cómo le va al Gobierno de Bachelet. El experimento de convivencia entre la Democracia Cristiana y el PC es única en el mundo y hay que ver cómo se organizan para cumplir el programa de Gobierno. Si finalmente se produce un quiebre en la Nueva Mayoría, se puede dar una elección el 2017, donde Piñera encarne la derecha, la centro derecha, el centro centro que está por gente como Andrés Velasco. Por lo mismo cuidar la imagen y el legado electoral de Piñera es muy importante.

-Tú estuviste a diario con Matthei en esta elección. ¿Qué tan sola la viste?
-Muy, muy sola.

-¿Cómo podrías graficar esa soledad?
– Físicamente las primeras giras a regiones eran una especie de desierto en que la acompañábamos su jefa de gabinete, yo y otras dos o tres personas del equipo. No había ningún recibimiento o recepción, nada, ni siquiera aparecían los parlamentarios. Cuando legaban era porque yo los llamaba por teléfono diez veces para que fueran al aeropuerto y la acompañaran en terreno. Ellos nunca adecuaron su agenda por Evelyn Matthei, no postergaron jamás una actividad por estar con ella. En sus propagandas, que es la forma más objetiva de medirlo, la candidatura de Bachelet en recursos era tres a uno. Pero cuando uno lo miraba en terreno, era de diez a uno, no por la inversión en monumentales o palomas sino porque en la elección del 17 de noviembre, donde hubo cuatro elecciones (Presidente, senadores, diputados y cores) todos los candidatos de Nueva Mayoría estaban con foto de Bachelet. En la Alianza, nadie estaba con Matthei. Ponían dos palomas al entrar a la ciudad, otra en la sede cuando ella iba, pero uno que es zorro carreteado y ya lleva 30 años en esto, sabe que las ponían para la ocasión. Estaban demasiados nuevas, el día anterior es obvio que no había nada y al día siguiente no iba a haber nada.

-Dicen que Moreira fue la excepción.
-Sí. Iván Moreira en toda su gráfica estuvo con Matthei.

-¿Pero ustedes le mandaban carteles a los parlamentarios?
-Sí, por supuesto.

-¿Y no los ponían?
-Dígamos que no estaban. Y además de la soledad física de campaña, hubo una soledad en la agenda de los candidatos. Muy rara vez alguien cuando hacía un acto de campaña pedía el voto para Matthei. El Gobierno tampoco nos avisaba si iba a salir un proyecto de ley. Nosotros nos colgábamos si hacia algo Piñera. Ahora, con todo esto me convencí de que Matthei es humana y políticamente es gigantesca. La dignidad, la resilencia, el silencio con el que vivió toda la campaña, en que día por medio recibó a exocet de los partidos o el Gobierno…frente a todo eso tuvo siempre una dignidad asombrosa y una lealtad.

-¿No le daban ganas a ella de mandarlos a todos a la mierda?
-Muchas veces. Evelyn se mordía la lengua diciendo “estos conchadesumadre”, pero de ahí no pasaba. Recuerdo, entre todos los conflictos, una vez en que estábamos en su casa y ella estaba muy afectada y le dije: “Evelyn, esto no les puede salir gratis, di algo. El nivel de daño, de carerajismo es demasido, estás poniendo la cara, llevando una candidatura que no tiene ni una posibilidad, y te agreden así. Di algo ahora o después”. Ella, me acuerdo perfecto, me dijo: “Mira Gonzalo, esto se hace sin llorar y en silencio. Tú lo sabes, lo viviste así. Así es que tú mejor que nadie entiende que estas cosas son así”. Y nunca respondió mal. Fue digna, digna hasta el final. Hoy le tengo una profunda admiración. Ella es mucho más de lo que se conoce: es más grande como persona, es más hábil políticamente. Tiene conceptos de responsabilidad y lealtad política excepcionales.

-En lo personal, ¿por qué decidiste sumarte a una campaña destinada al fracaso?
-Porque a Evelyn le tengo mucho, mucho cariño y un profundo agradecimiento. Fue una persona que se jugó públicamente cuando yo fui acusado de irregularidades, que no eran tal, en el municipio de Recoleta. Eso fue muy valioso, porque en un momento en que yo estaba bailando con la fea ella fue capaz de decir “lo que están haciendo con Gonzalo es injusto y falso”, y lo hizo cuando la investigación estaba en curso.

SE LEVANTÓ UN MURO ENTRE LONGUEIRA Y NOVOA, MUY AL ESTILO ROMEO Y JULIETA

Al igual que Longueira, Cornejo se va a privatizar este año. Está en plena elaboración de una empresa que brindará asesoría legal en el sector ambiental y de estrategia comunicacional a proyectos y además buscará explorar la relación con la comunidad para darle viabilidad a las iniciativas. Eso después de que en 2013 estuvo en el ministerio de Economía y en dos campañas presidenciales, la primera con Longueira.

-Tengo una amistad muy profunda con Pablo, de toda la vida, cuando él fue ministro de economía, yo fui una de las pocas personas que él se llevó y mi participación en el Gobierno fue básicamente como mano derecha de él, más que una adhesión política al Gobierno. Luego hicimos una campaña intensa, muy dura, donde él desplegó toda su capacidad física e intelectual, que duró 55 días y en que partimos con una diferencia en las encuestas, en la valoración ciudadana muy desfavorable. Fue algo épico.

-Puede que haya sido épico, pero también fue difícil. Se habló de que, tal como Matthei, estuvo muy solo y que eso también influyó en su retiro.
-Pablo se retiró de la campaña por una enfermedad, eso uno no lo controla. Una de las causas, claro está, fue el nivel de estrés que tuvo producto de la intensidad con que enfrentó la campaña. Ya venía agotado porque en Economía él trabajaba 16 horas diarias, casi sin fines de semana y los 55 días de la primaria fueron más intensos aún. Pero dicho eso, creo que una de las constataciones más dolorosas para Pablo fue darse cuenta de que esa UDI popular, ese partido de cuadros, estructurada, organizada, desplegada, nunca estuvo a su disposición porque básicamente la UDI de Longueira ya no existe. Esa fue una de las cosas que desde el punto de vista político y humano, golpearon a Pablo porque nos dimos cuenta después de recorrer el país, que la UDI dejó de trabajar en terreno hace mucho tiempo.

-¿Es cierto que además debió enfrentar muchas presiones, como el veto de Jovino Novoa a Iván Moreira?
-No sé si se puede llamar veto, pero sí hubo presión y muchos prejuicios. Se instalaron diferencias respecto de temas más personales que electorales. Bajar las primarias y reasignar a quienes competían respondió a una lógica histórica de la UDI que no es posible mantener. En la UDI antigua, siempre, como era un partido chico donde se requería mucha unidad, las decisiones electorales se tomaban pensando en dónde una persona podría brindar el mejor servicio al colectivo. Eso se puede hacer cuando tienes un partido pequeño que quiere sobrevivir y ojalá crecer. No se puede hacer cuando eres el partido más grande de Chile y además tienes diversidad de miradas. Cada uno de los que competían en las primarias estaba en carrera como el partido les había dicho que lo hicieran: la directiva y el comité electoral les dio el visto bueno. El costo político de retractarse fue súper alto. Nadie entendió qué era el “estilo de la UDI” y sólo se vio bajando gente a diestra y siniesta.

-¿Y Longueira trató de evitarlo?
-Una de las virtudes de Pablo es que él siempre ha entendido cuando puede hablar a nombre propio y cuando debe hablar en representación de otros. Él tenía una opinión personal sobre qué hacer. Cuando es proclamado candidato presidencial de la UDI, él acató que la definición de las candidaturas parlamentarias era de la directiva. Yo creo que fue un profundo error, aunque ahora digan que se hizo todo bien porque Iván Moreira ganó, Ena Von Baer ganó, José Antonio Kast y hasta Carlos Recondo, que postuló a CORE ganó. Si los candidatos ganaron es porque son monstruos electorales, pero la explicación de la directiva es facilista y subestima la inteligencia de los chilenos. El proceso fue tremendamente duro e inexplicable para la ciudadanía. Recorrí siete u ocho veces Chile y entiendo por qué la UDI fue castigada. ¿Con qué imagen te quedaste tú de la UDI?

-Con que se cagó a todos.
-Eso eso y da cuenta de que en el futuro hay que cambiar el partido. Repensar, reformular. La crisis abre una oportunidad de hacer un proceso descarnado al interior del partido para ofrecerle después a Chile un proyecto para la clase media y terminar con el cosismo que se instaló durante más de una década, porque el cosismo que encarna Joaquín Lavín, sirve en cargos ejecutivos. Un alcalde debe mostrar obras y ya está. Cuando eres diputado, senador o Presidente, es necesario saber a qué país nos están invitando, por eso confío en lo que está haciendo Francisco de la Maza, porque su propuesta de revisar la doctrina es adecuada para concordar el mensaje de la UDI.

Mencionaste las rencillas personales en el partido. Está asumido que Longueira y Novoa son enemigos en la UDI, ¿fueron alguna vez cercanos?
– Fueron muy amigos, muy compañeros en un proyecto al que convocó Jaime Guzmán. La muerte de Guzmán generó entre ellos un compromiso y una alianza profunda para hacerse cargo de este partido incipiente y tuvieron mucho éxito. Ahora, ellos tienen miradas distintas sobre el partido, pero las diferencias son menores respecto de las que se han instalado en la opinión pública porque lo concreto es que hay un distanciamiento personal. Por no transparentar esas miradas diferentes del partido, por no debatir esas alternativas y aplicar una política de la avestruz, sin explicitar las posiciones distintas para consensuar estrategias, se levantó un muro entre Longueira y Novoa, muy al estilo de Romeo y Julieta. Lo digo en el sentido de que se mantuvo tanto tiempo latente este conflicto que finalmente los Capuleto o los partidarios de Longueira no se hablan con los Montesco o los partidarios de Novoa, aunque ni los Capuleto ni los Montesco saben de verdad por qué están enemistados.

-¿Y es superable ese conflicto?
-Ahora que Pablo se retiró y Jovino va a estar en un segundo plano, hay más posibilidades de que las miradas de ambos y quienes los siguen, confluyan. Es una caricatura creer que los dos son las antípodas en lo político, económico y social. Tienen matices: Longueira tiene un sello social por formación e historia política, él armó la UDI en el mundo poblacional; Novoa tiene una identificación más macroeconómica, pero son complementarios. La reconciliación de ellos ya no se logró, pero hay posibilidades de que sus miradas confluyan.

-¿Se enemistaron por el caso Spiniak?
Tengo entendido que sí, pero no conozco detalles. Ahora, más allá del pasado, creo que la clave del resurgimiento de la UDI está en entender que el mercado político cambió. Esa lógica de que un grupo de jóvenes con acceso a mejores niveles de educación, destinara su vida a trabajar con y los más pobres, ya no va. Producto del éxito del sistema económico, esos grandes bolsones de pobreza ya no están como antes. Culturalmente los sectores más vulnerables están vinculados a la clase media, porque en esos grupos ya alguien tiene un tío, o un hermano, que ha logrado ser profesional, entonces hay más empoderamiento ciudadano y más información.

-¿Y el asistencialismo ya no rinde?
-El rol de acompañamiento más vertical ya no funciona. La nueva mayoría instaló el discurso de la igualdad. En cualquier lugar del mundo, si tú antepones a esa propuesta el relato de la justicia y la libertad, es más atractivo. Si yo le explico a la gente que todos seamos iguales no es deseable, que lo óptimo es que a cada cual se le dé lo que necesita, esa épica debería ser más convocante y atractiva. Esa no existe, no está, porque la dejamos de lado. El único partido que entendió lo que estaba pasando fue el PC: ellos profundizaron su estrategia de estar en la calle y luego plantearon que los sueños de la calle llegaran al Gobierno. Eso fue un acierto. Podríamos haberlo enfrentado haciendo la pregunta, ¿qué quieren? ¿mayor justicia o igualdad? ¿mayor libertad o regulación? Ganaron ellos con ese discurso. Además tenían una candidata presidencial que es un monstruo, es una rockstar.

Ya. Pero Longueira planteó lo del Chile más justo y tampoco prendió.
Porque una golondrina no hace verano. Si Allamand tiene razón en que esta debacle partió el primer día de Gobierno porque es verdad que se despreció a los partidos, se optó por los técnicos y se creó un gobierno de gerentes. Y el error original estuvo en la UDI, que debió ser capaz de levantar una candidatura presidencial en 2007, cuando Longueira estaba dispuesto. Si la UDI hubiera levantado a Pablo habría significado llegar a la elección con posibilidades de una negociación política como corresponde, donde la mirada de la UDI fuera importante para la instalación del Gobierno y la manera de gobernar. No se hizo. Y cuando Piñera instala el Gobierno en 2010 lo hace sin preguntarle a nadie. Eso no es repudiable en el caso de Piñera. Él es así. Él durante 30 años ha sido un hombre muy inteligente, que se sabe tal y que tiene cierta soberbia, entonces consulta poco. Ahora, si soy empresario, no voy a poner un político de gerente general porque lo más probable es que quiera llevarse bien con los trabajadores y ser popular, y va a llevar a la empresa a la quiebra. Al revés, en un Gobierno no puedes poner a un gerente de ministro o intendente, necesitas a alguien con empatía, capacidad de negociación.