Opinión
14 de Enero de 2014
Joven y precaria: La hermosa historia de amor entre dos mechonas que sufren por no poder pagar una matrícula en la Chile
Imagen de referencia De Confesiones UC Confesión #3567: “Confieso que me llamo Isabel, soy novata de la UC, mañana voy a ir a firmar la matrícula para la carrera que quise toda la vida, pero no estoy feliz. Creí que lo estaría, pero en realidad, estoy con el corazón en la mano y de esto […]
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Imagen de referencia
Confesión #3567:
“Confieso que me llamo Isabel, soy novata de la UC, mañana voy a ir a firmar la matrícula para la carrera que quise toda la vida, pero no estoy feliz. Creí que lo estaría, pero en realidad, estoy con el corazón en la mano y de esto va mi confesión:
Yo conocí a mi mejor amiga hace cuatro años por Twitter. Sí, por twitter. En ese momento yo pasaba por la depresión grave y un desorden alimenticio, y cuando comencé a hablar con ella, me ayudó terriblemente a mantenerme estable. Ella era de Chillán y yo de Santiago, es decir, habían cinco horas de viaje separándonos, pero eso no impidió que nuestra relación se fuera volviendo más y más amorosa; Ella era mi hermana, mi “gemela”, la persona que me entendía absolutamente, y aunque por diversas razones hubo periodos en los que no hablamos, siempre hicimos todo lo posible por vernos. Ejemplo, ella venía en viajes de curso para visitas a universidades (cabe destacar que tenía que sacarse sendas notas en el colegio para eso), o el año siguiente, se ganó cuatro entradas (sí, CUATRO, de diferentes concursos) para venir a Lollapalooza dos días, todo con la esperanza de verme. Ese año (2012) empezamos a pololear aunque sólo nos vimos una vez, porque total, todo nuestro mundo giraba al rededor de que ella vendría a estudiar a Santiago en el 2014, pues sus padres le dijeron toda la vida que era la única opción que ellos aceptarían.
El caos empezó cuando a mediados de ese año más o menos, sus padres (religiosos, sumándole que ella era de un colegio católico donde su mamá era profesora), registrando sus cosas, cacharon las cartas que yo le mandaba (en serio, nos mandábamos cartas y encomiendas todo el tiempo jajaja) y ardió Troya.
Pasó el resto del año y mi polola empezó a escaparse a verme. Venía a Santiago por una noche y se iba a la mañana siguiente, recorríamos todo Santiago entre ir al terminal, volver a mi casa, volver al terminal, todo esto días viernes, entre clases, en colegios bastante exigentes. Nunca nos importó nada si teníamos la oportunidad de vernos, aunque fuera un rato, siempre pensando que se venía el 2014, que ella entraría a la Chile y yo a la Cato, que nos molestarían por ser de las “universidades rivales” (jajaja) y al fin estaríamos juntas, después de sufrir un millón de cosas (por ejemplo, mis problemas psicológicos y que me atropelló una micro el año pasado). Por otro lado, nos preparábamos para la PSU: Ella ni siquiera iba al preu, no por problemas económicos, sino porque su mamá no quiso pagárselo a modo de castigo (por mí). No importaba, NADA importaba porque se acercaba más y más el 2014. Incluso se fue “a la playa con sus amigos” y en realidad se vino a mi gala, jajaja.
Mi polola empezó a convencerlos de a poco con el tiempo, y ya en diciembre, sus padres le dijeron que le pagarían todo: Departamento, universidad, matrícula, comida, transporte, etcétera. Que tendría su departamento sola, todo. Estábamos demasiado felices, sobre todo cuando salieron los resultados de los puntajes y vimos que el puntaje nos alcanzaba a ambas. No podíamos esperar a que viniera por fin a vivir a Santiago, poder vernos todos los días, abrazarnos cuando teníamos penas, contenernos emocionalmente como nuestros padres rara vez hicieron.
Dieron los resultados de las becas y estamos preseleccionadas para muchas cosas, probablemente íbamos a estudiar gratis. Pero hoy (en realidad ya “ayer”, 12 de diciembre) dieron los resultados de la PSU y todo se fue al demonio. Mi polola no quedó en la carrera que ellos querían, y gracias a eso la mandaron a freír monos a África. No supe eso hasta que mi polola me llamó llorando (no saben cómo me partió el corazón), diciéndome que sus padres no le pagarían nada: Adiós Santiago, adiós universidad, adiós todo. En un día. El día antes de las matrículas.
Consulté a todos: A mi mamá, a mi hermano, qué podíamos hacer. Quedamos en que mi polola se vendría igual, pues estaba (y está) HARTA de que sus padres no la apoyaran en nada, sobre todo en algo que ella quería más que a nada en el mundo: Estudiar lo que le apasionaba y estar conmigo.
Seriamente, no hay nada que nos mueva más que el amor que nos tenemos. Nada. Daría un brazo por ella, mi vida, lo que fuera. Y partimos a llamar (todo esto hace pocas horas) a preguntar. Tuvimos MUCHOS problemas esta tarde, estábamos destrozadas. De partida, mi polola se iba a venir sola a Santiago, con lo puesto. Perfecto, se iba a quedar en mi casa. Después, no teníamos Aval (yo aún tengo 17 y no podía firmar por ella). Luego, nos dimos cuenta de que la matrícula costaba más de 100 lucas y nosotras no teníamos nada, pero nada, con suerte plata para su pasaje y para legalizar los documentos (que teníamos listos, estábamos listas para matricularnos cuando sus papás le dijeron eso).
¿Qué hicimos? Llamamos amigos. Vendí mi celular (sacado con mil descuentos) de 180 lucas (eso vale en el mercado, no podría pagar eso jajaja) en 30mil para poder pagar la matrícula. Hemos buscado plata en todos lados porque nuestro plazo es hoy, 13 de enero y mañana, martes 14. Estamos desesperadas y no queremos darnos por vencidas, no después de pelear tanto.
Son las 1 y media de la mañana y dudo que durmamos viendo cosas para vender, pidiendo plata prestada (mi polola irá a matricularse e inmediatamente después buscará pega), cualquier cosa. Ella irá en la mañana a poner una demanda contra sus padres (porque están en el deber legal de pagarle las cosas si es estudiante) y yo iré a mandar mi celular a Antofagasta por encomienda.
Lo único que pido ahora es consejos, ayuda de cualquier tipo. Estamos buscando Aval entre sus amigos que se vienen a estudiar a Santiago y aún nos falta la mitad de la plata. Nuestro tiempo se acaba y si mi polola no se matricula hoy, perderá todas las becas, todas las oportunidades de estudiar la carrera que ama en la universidad que ama (hijos de Bello, quién los entiende…) y sobre todo aquí, en Santiago, conmigo. Aceptamos cualquier cosa, incluso un abrazo nos vendría bien. Seguimos luchando, no nos daremos por vencidas.
Confesiones UC, los amamos. Los leemos siempre y hemos visto cómo muchas veces han dado buenos consejos o se han movido de alguna manera para prestar ayuda. Les pido su amor de la manera más humilde, porque lo necesitamos.
Abracitos para los admin Carol e Isa.”




