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Nacional

28 de Enero de 2014

La alucinógena jornada de patriotismo en la Plaza de Armas

Nazis, dioses y vagos ilustrados. Pacos, carteles y móviles de televisión. Catedral con Puente, y Catedral con Bandera; más que espacios de discusión diplomática, ayer fueron esquinas de alboroto y diversión.

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Acaloradas discusiones, sacadas de madre, consignas xenófobas en contra de Perú y hasta enviados de dios, fueron la tónica de la mañana-tarde de ayer en la Plaza de Armas, ante la lectura del fallo de la Corte Internacional de La Haya, que luego de seis años dio a conocer la resolución del litigio marítimo entre Chile y Perú.

A tan solo horas de que la Corte diera a conocer el fallo, la comunidad peruana llegó a la Plaza de Armas, como todos los días, a instalarse a un costado de la Catedral. Asimismo, como cada vez que Perú está de alguna forma en la agenda, lo hicieron los medios de comunicación, tanto chilenos como peruanos, quienes llegaron al lugar a rescatar las reacciones.

Muy temprano, Raúl Paiba, el vocero de la comunidad peruana en Chile, llegó a las afueras de la sede eclesiástica para esperar junto a sus compatriotas el veredicto. “He visto tranquilidad total, lo que es muy bueno respecto a lo que significa la relación entre ambas comunidades después del fallo, teniendo en cuenta nuestra situación de inmigrantes, esperamos que mejoren las relaciones con nuestro país; pues sobretodo somos países hermanos”. Esa tranquilidad, sin embargo, se comenzaría a extinguir rápidamente.

Comenzó el show

A las 11, cuando Peter Tomka comenzaba a leer el fallo, la esquina de Catedral con Puente empezó a dar un giro que pronto la terminaría convirtiendo en una tira cómica. Carabineros, periodistas de todos los perfiles y variopintos personajes se convertían en testigos de discusiones patrióticas salidas de la nada y con destino nulo.

El primero en acaparar las miradas fue un improvisado “pastor”, vestido con una túnica blanca, que comenzó a predicar: “el mar lo hizo dios, el mar es de todos, chilenos y peruanos(…) hoy es un día glorioso para los pueblos”. El presuntamente cristiano pasó horas llamando a la paz y a la tranquilidad y sacándose fotos con quien se lo pidiera.

Ya eran las 12. Al costado de la catedral algunos peruanos seguían jugando cartas, mientras esperaban alguna oferta de trabajo. “Para qué vamos a preocuparnos si tenemos tanto mar”, dijo uno de ellos mientras jugaban a la escala. Paseándose, un sesentón de terno llegó a encarar a unos chilenos por insultar al Ejército y decir que “el mar es de siete familias”. “Cunado me tocan las Fuerzas Armadas no me controlo”, dijo. El descontrol llegó a tanto que el elegante caballero incluso justificó las torturas en dictadura. Daba para todo.

La primera pancarta llegó en manos de chilenos. El noble objetivo era “llamar a la unidad; La Haya no debe separar a los pueblos hermanos”. Sin embargo, avanzada la transmisión en uno de los plasmas que habilitó TVN al costado de la plaza, las expresiones fueron cambiando el tono, hombres y mujeres llegaron con banderas chilenas, gritando “viva Chile” y consignas en contra de la comunidad peruana en Chile, “váyanse a su país”, gritaban. Uno de ellos, comentó que debían defender la historia: “imagínate si llega a ganar Perú, después se va a meter Bolivia y nos van a quitar la mitad de Chile”, dijo Angelo González, apoyado por varios que lo rodeaban.

A las 13 horas, con el veredicto ya conocido, lo que predominó fue la confusión, la plaza se volvió intransitable, nadie entendía nada y las consignas en contra de la comunidad peruana aumentaron. Sin entender mucho sobre la línea equidistante, tanto peruanos como chilenos se comenzaron a dar por ganadores. Los bocinazos aparecieron desde los taxis, y los ceacheí aumentaron de la misma forma que la cantidad de personas.

Todo esto se dio aún en un espíritu cívico, hasta la llegada de “los neonazis”: un grupo de unas diez personas lideradas por una dupla de pelados vestidos de negro. A la cabeca, Sebastián, el mismo que aparece en un video registrado hace dos años, llamando a no acatar el fallo de La Haya vía Youtube.

Desde ese momento, el caos reinó y el miedo se apoderó de algunos de los peruanos que comenzaron a cerrar sus locales. Punto Perú, el emblemático ciber café de Catedral, bajó sus rejas ante la ensordecedora irracionalidad de los xenófobos.

“Poropopó, poropopó, el que no salta es un peruano maricón”, fue el grito más cantado. “Chile para los chilenos; vuelve a tu país peruano perro”, le siguió. Debido a la atención llamada por los personajes, Carabineros acordonó rápidamente el lugar, dejando espacio para que desde la vereda sur de la calle Catedral tomara palco la familia Miranda.

En la esquina de la plaza de Armas, por su parte, el nacionalismo chileno fue reforzado por los obreros de la remodelación de la Plaza, quienes por sobre el muro respaldaban la postura de los neonazis correteados por Carabineros. Incluso dos señoras de avanzada edad se unieron al grupo antiperuano.

En tanto, caía el primer detenido, un chileno que sostuvo por media hora un cartel con los colores de la bandera peruana, y la frase “se regala mar, por Piñera, tratar aquí. Primeros interesados cholos peruanos”.

Pero a las 14 horas apareció el único capaz de confrontar a los neonazis: Cogollo Larraín. El emblema de los volaos, que volvió a la fama en la franja presidencial de Roxana Miranda, desarrolló un discurso que dejó poco espacio a los admiradores de Adolf Hitler. “Me parecen bastante estúpidos los gritos, porque hasta los ceacheí están privatizados. Además, el pescao no va a llegar más barato, con cuea la falopa, ya que que la línea equidistante permite a los peruanos estar más cerca de nosotros”.

El Cogollo, las emprendió directamente contra los poco germánicos nazis: “ninguno de estos hueones se va a ir a bañar al hito 1. Con cuea se bañan en la ducha de su casa”.

En la vereda de enfrente, en tanto, la mayor cordura entre tanto alboroto la daba un indigente. Se trata de “el Vago Ilustrado”, quien con sólo una bolsa de basura a su haber, explicaba brillantemente la nueva definición de los límites, tras extensos años de estudio de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la Universidad Alberto Hurtado. Según él.

a la 17 horas ya no quedaba nadie, ni nazis ni móviles de televisión. La frikeada jornada de insultos y banderas había terminado.

Estuvieron en el show

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