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Un joven universitario leyendo sosegadamente el clásico del británico George Orwell “1984” mientras degusta un sandwich frente a uno de los centro comerciales más lujos de Bangkok representa una amenaza, según las nuevas leyes promulgadas por la junta militar que rige Tailandia.

Desde que el pasado 22 de mayo los militares tomaran el poder del país, el cuerpo castrense ha intentado frenar cualquier acto de protesta contra el golpe de Estado por absurdo e inofensivo que parezca.

La lectura en lugares públicos de la ficción distópica “1984”, alzar el brazo imitando el saludo de la serie de novelas “Los juegos del hambre”, vestir poleras con lemas políticos o incluso comer en la calle, han sido prohibidos en todo el país.

“Ese libro está descatalogado”, señala a Efe la dependienta de una librería de la metrópoli tailandesa al ser consultada por la novela del escritor británico.

El pasado domingo 22 de junio, seis policías de incógnito se llevaron a rastras al joven lector ante el estupor e inacción de la muchedumbre que se agolpaba en las cercanías del centro comercial.

Tras semanas de advertencia por parte del Ejército de la inconveniencia de estas apacibles lecturas silenciosas, las autoridades utilizaron su puño de hierro para oprimir estas reuniones didácticas.

Ese mismo fin de semana, otro grupo de jóvenes que se preparaba para repartir sandwiches a las puertas del concurrido centro comercial fueron arrestados por las autoridades locales.

Los jóvenes buscaban imitar la campaña iniciada a principios de mes por varios estudiantes de la universidad de Thammasat con el lema: “sandwiches por democracia”.

Comer sandwiches con intención de burlarse del golpe de Estado es un delito, apunta la junta militar.

Al menos un varón de nacionalidad belga que sostenía en la mano una camiseta con la consigna “paz por favor” durante las manifestaciones antigolpe y una mujer tailandesa, de más de 70 años, que vestía una blusa con la frase “respeta mi voto” también fueron trasladados a dependencias policiales.

Como un acto espontáneo durante las protestas varias personas comenzaron a alzar el brazo y la mano con tres dedos hacia arriba, en un gesto similar a las películas inspiradas en los libros de la serie “Los juegos del hambre”, de Suzanne Collins.

En las novelas, la señal es una muestra de respeto a los fallecidos y un signo de solidaridad entre la gente común.

Al igual que en la ficción escrita por Collins, las autoridades han reprimido a las personas que realizan dicho gesto en público.

Los detenidos son trasladados a instalaciones militares donde se les realiza un proceso de “ajuste de actitud”, según los militares.

Unas 511 personas, en su mayoría políticos, periodistas y activistas cercanos al Gobierno depuesto, han sido arrestados por la junta militar, aunque la mayoría fueron puestos en libertad pasados varios días.

El jueves, en la primera sentencia contra un opositor tras la asonada, un tribunal de justicia civil condenó a dos meses de prisión a un activista acusado de violar la ley marcial por participar en una protesta contra el golpe de Estado.

Amnistía Internacional calificó la sentencia como un “peligroso precedente” y un “mensaje alarmante de que las protestas pacíficas no son toleradas en Tailandia”.

Para dar caza a los insubordinados, el general Somyos Poopanmuang, a cargo de suprimir las manifestaciones políticas, anunció una recompensa de 500 baht (15 dólares) para aquellas personas que delaten con pruebas a los opositores a la nueva situación política tailandesa.

“Esto creará un frente civil que ayudará al esfuerzo de devolver la paz y la tranquilidad a la nación”, aseguró Somyos.

Tras el golpe de Estado, el Ejército tailandés puso en marcha una campaña que pretende “devolver la felicidad” a la población, que incluye conciertos, festivales y pases gratuitos de películas de temática patriótica en los cines.

Los propios militares han instando a los medios de comunicación a permutar las palabras “golpe de Estado” por el eufemismo “intervención militar” con el fin de tranquilizar a la población.

Tailandia arrastra una grave crisis política desde el golpe de Estado incruento que depuso al Gobierno de Thaksin Shinawatra en 2006.

Desde entonces, los detractores y seguidores de Thaksin han salido a las calles para derribar al Ejecutivo de turno.

La intervención de Prayuth se produjo después de meses de manifestaciones contra el Gobierno de Yingluck Shinawatra, hermana de Thaksin, que causaron 28 muertos y más de 800 heridos.