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Un gol de camarín. Así es considerado por los dirigentes estudiantiles la presentación del proyecto que deroga el DFL-2 que hará a fines de esta semana el ministro de Educación, Nicolás Eyzaguirre, tras las semanas más complejas del secretario de Estado.

Un logro concreto, impensado y fuera del programa presidencial, que resultó de la crisis generada por el propio titular de Educación por la entrevista con Carlos Peña en El Mercurio donde dijo que la gratuidad para educación superior duraría sólo 4 años y su posterior retractación.

Eso sí, una “señal de poder” vista con algunos dirigentes con escepticismo y críticas por la manera de reunirse con el Ejecutivo, pero que es considerado por el llamado “bloque de conducción” un espaldarazo directo a la gestión del movimiento estudiantil, con miras al segundo semestre. Una muestra que puede doblar la mano y lograr algo fuera de lo proyectado por la Nueva Mayoría.

Medida 51

“El DFL 2 no estaba en el programa. Por eso, ahí hay un gesto político que nos indica que se puede mejorar dentro del marco propuesto por el Gobierno. Fuimos capaces de aprovechar el flanco abierto y roncar bien fuerte cuando el ministro tenía que decidir entre dialogar con sus críticos, con la derecha que quiere partir de cero o con nosotros”, dice Francisco Sainz, encargo político del Frente de Estudiantes Libertarios en Santiago.

Según Sainz, el movimiento estudiantil no hizo sus movimientos en función de salvar al ministro, sino en querer avanzar en la agenda de los estudiantes y del movimiento social en general. Y esto logró que la semana pasada, la División Jurídica del Mineduc recibiera la propuesta de proyecto de Democratización realizada por el Centro de Estudios de la Fech (Cefech) y se acordó un trabajo conjunto para terminar el proyecto definitivo.

Aunque Eyzaguirre ya tenía un borrador para la ocasión, el ex presidente de la Federación de la Universidad Alberto Hurtado dice que el compromiso que tomó después de la reunión de emergencia con los estudiantes el lunes pasado es una muestra del panorama del Confech para el segundo semestre y, más aún, de la relevancia de ellos como un actor político para llevar adelante la reforma.

La postura es compartida por varios dirigentes. En específico, lo que señalan es que se pudo abrir una puerta cuando los otros sectores querían cerrarla.

“Cuando Eyzaguirre estuvo tambaleando, el Confech le podría haber dado el golpe de gracia y posiblemente haber sumado un ministro más en su lista de ministros botados por el movimiento estudiantil. Pero a nuestro juicio, cuando accede a reunirse rápidamente con el movimiento estudiantil, pone un plazo acotado para la derogación del DFL 2 y se compromete a legislar en positivo en términos de democratización, por un lado se logran algunos objetivos concretos que son importantes para la organización, histórico, pero además se demuestra que si Eyzaguirre no se apoya en el movimiento social para sacar las demandas, entonces está condenado al fracaso”, dice Andrés Fielbaum, ex presidente de la Fech y encargado estudiantil de la Izquierda Autónoma.

Para el ex vocero Confech, esto explica por qué sumarse al Plan de Participación Ciudadana es algo coherente, aún cuando algunas voces dentro del plenario universitario no estén de acuerdo y se aviste para la próxima reunión, fijada para este sábado en Arica, una intenso debate.

Desde el Mineduc, en tanto, creen que la gestión del ministro frente a los estudiantes fue en una posición desventajosa, aunque se solucionó bien con el anuncio de este proyecto de democratización. Además señalan que Andrés Palma debutó bien, integrando a los estudiantes al proceso y ganando tiempo en la peor semana comunicacional del ministro.

Críticas en Arica

Felipe Quezada, presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción (FEC), es uno de los críticos. El también militante del colectivo “Para Todos Todo” fue uno de los dirigentes que se negó a participar de la reunión de emergencia en el Mineduc y señala que si bien esto se traduciría -siempre y cuando se concrete- en un gran logro para el movimiento estudiantil, esto no se da por la gestión de último minuto del lunes 21 sino por un proceso de largos años.

“A mí no me parece que hayamos tomado el sartén por el mango. Lo que pasó fue que le salvamos la crisis. Hay algunas federaciones de la mesa ejecutiva que están planteando un quehacer “lobista”, casi como de operadores políticos, cuando nosotros debemos hacer algo de cara a las demandas sociales2, dice.

Según Quezada, cuando Eyzaguirre se desdice no lo hace porque la Confech le haya “tirado las orejas”, sino porque la Moneda lo hizo. “El creer eso es un poco revestir lo que ocurrió. Este año hemos visto una Confech que ha hecho cosas con el Cruch, con el ministerio, el Colegio de Profesores que no compartimos. Nosotros no creemos en esa forma de hacer política”.

Esa será parte de las críticas que harán valer este fin de semana, donde esperan discutir sobre la gestión que realizó la Mesa Ejecutiva del conglomerado estudiantil. Sobre todo, criticando la posición que se tomó frente al Plan de Participación.

Quezada dice que son diez o doce federaciones las que están en contra de participar en esa instancia. Minoría de todas formas, pero que harán ver esa diferencia en el norte en los próximos días. Lo mismo piensan desde el “bloque de conducción”, aunque señalan que el impacto será mínimo tras el anuncio de la derogación del DFL 2.

Lo que viene

Según Sainz, la participación del Confech en el Plan de Participación es algo que puede cambiar en el tiempo y que de todas formas, no es un tema prioritario para la agenda del movimiento estudiantiles.

“El panorama para el segundo semestre es mucho más amplio que el Plan de Participación. Ya logramos incidir en algo que va a permitir abrir espacios en todas las instituciones y que repondrá aspectos que no teníamos desde la dictadura. Pero además tenemos la instauración de ‘Mesa social’ para participar en la definición de financiamiento para el año que viene y las movilizaciones, que no cesarán”, dice.

Fielbaum coincide con esto. “Se podría decir que perdió el gallito con el movimiento estudiantil y por eso es que se decidió participar. No es una decisión que ahora se tenga que revisar, no creo eso. Lo que sí es importante es si es ese el espacio donde hay que incidir o va a ser un espacio más directo. Nosotros hemos estado viendo que en la Participación Ciudadana, las organizaciones que participan están teniendo diálogos por el lado con el Ejecutivo o son sobrerrepresentadas. Por eso, las fichas principales del movimiento estudiantil no debieran estar ahí. Y no lo estarán”, dice.

Para eso, en el Confech debería confirmarse la fecha para una nueva movilización. Por ahora, la fecha que se baraja es el prñoximo 21 de agosto, época en la que el Plan de Participación Ciudadana estará en proceso de síntesis. Un escenario “ideal”, según los dirigentes, para volver a golpear la mesa cuando comience a discutirse el resultado del diálogo organizado por el Gobierno.