Los nietos recuperados: 114 Gracias a la vida

abuelas de carlotto efe

Por María Estela Ortiz Rojas*

La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, anunció la recuperación del nieto 114. Ese nieto es su propio nieto, hijo de Laura Carlotto y Walmir Montoya, asesinados durante la última dictadura militar Argentina.

“Gracias a la vida, porque lo que yo quería era no morirme sin poder abrazarlo y pronto lo voy a poder abrazar”, dijo Estela, de 83 años. Desde ese día, Ignacio Hurban es también Guido Carlotto, quien comienza una vida sin velos en la memoria. Un examen de ADN confirmó su identidad, entregándonos una señal poderosa de restitución de derechos.
La emoción que nos inunda está relacionada con nuestra propia historia: personal y de país, pero también con una historia del mundo en que las personas luchan por vivir con justicia social, igualdad de derechos y en paz. Las Abuelas de la Plaza de Mayo son símbolo de esa lucha histórica que se renueva cada vez que uno de sus nietos o nietas es recuperado.

Comparto con Manuel Guerrero cuando dice que la recuperación de nietos es un proceso amoroso de justicia y reparación. Reparación siempre parcial, porque hay cosas irrecuperables, pero imprescindibles, de otra forma la historia queda trunca.

A esos 114 hijos e hijas de detenidos desaparecidos se les ha podido restituir el derecho a tener una familia, a la información y su derecho a la identidad. Se estima que hay aproximadamente otros cuatrocientos niños de entonces, adultos de ahora, que siguen a la espera.

Celebro junto a las madres de la Plaza de Mayo este reencuentro y aprovecho esta ocasión para reiterar la invitación a construir un gran pacto social a favor de la infancia. Estoy segura de que sólo en el concierto de actores y puntos de vista, incluyendo a las familias, instituciones y, por supuesto, a niños, niñas y adolescentes, lograremos que impere una cultura de derechos en nuestros países.

El abrazo de Estela de Carlotto y su nieto, ocurre a pocos días de conmemorar la ratificación de la Convención Internacional de los Derechos del Niño, refuerza nuestro compromiso por construir un sistema universal de garantías de derechos de niñez y adolescencia, que permita fundar una nueva relación del Estado con sus niños, niñas y adolescentes.

Esta buena noticia, también nos invita a revisar nuestra propia historia. Las violaciones a los derechos humanos cometidas a niños, niñas y adolescentes también son parte de los horrores de la dictadura de Chile. El Informe Rettig certifica 307 casos de personas menores de 20 años ejecutados (niños y niñas de seis meses hasta la adolescencia), el Informe Valech también tiene un anexo con casos en que se aborda el caso de los niños nacidos de militantes en cautiverio.

La violencia contra esos niños y niñas de entonces es un tema pendiente en Chile. Se ha hecho muy poca investigación y mucha menos justicia, pero la oportunidad de reparar todavía existe. Que el ejemplo de Argentina nos dé fuerza para lograrlo.

*Secretaria Ejecutiva del Consejo Nacional de la Infancia.

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