Opinión
13 de Septiembre de 2014
¿Hay consenso y nuevo estándar a 41 años?
* Pertenezco a una generación que nada tiene que ver con el golpe militar. Desde que adquirí conciencia cívica, Chile es un país democrático y con libertades políticas, y por lo mismo, me es chocante el imaginarme la prohibición de elecciones, de libre expresión, de debate y deliberación. Y obviamente no puedo entender lo que […]
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Pertenezco a una generación que nada tiene que ver con el golpe militar. Desde que adquirí conciencia cívica, Chile es un país democrático y con libertades políticas, y por lo mismo, me es chocante el imaginarme la prohibición de elecciones, de libre expresión, de debate y deliberación. Y obviamente no puedo entender lo que pasa en la cabeza de alguien que justifica el terrorismo, tortura o violación a la dignidad de las personas.
Hay aspectos en los que no vale el titubeo: yo condeno toda violación a la dignidad humana y no creo en ninguna justificación para ellas. De los hechos ocurridos en Chile en los 70, 80 y 90. Y también de los hechos que ocurren hoy en el mundo entero.
Uno podría suponer que ésta es una creencia compartida, pero varios hechos sucedidos en los últimos días y meses nos dan una mala noticia. El domingo recién pasado, unos encapuchados intentaron quemar a un periodista y un diputado comunista intentó explicarlo diciendo que “se pensaba que era un policía encubierto”. No lo era. Trabaja en Chilevision y estaba cubriendo, paradójicamente, una marcha por los derechos humanos. Digo que es paradójico porque no se puede entender que algunos crean que “sus” derechos humanos valen mas que los de “otros”, y que unos pueden ser violentados y otros no. ¿Y si hubiese sido un policía, estaba bien rociarlo y prenderlo con bencina? Lamentablemente, hoy existe un grupo de ultras que creen que sí, que la violencia se justifica y que es forma válida de expresión política.
El lunes, en tanto, explotó la bomba 29 del año 2014. En esta ocasión, tuvo graves consecuencias en a lo menos 14 personas, una de las cuales resultó amputada de un dedo y otros con graves fracturas. Todavía nadie se lo atribuye, pero hay una evidente connotación política y un más evidente interés terrorista. Cuando ocurrió la primera bomba en el metro, saltaron varios diputados a explicar porqué no era terrorismo ni las bombas en metros, ni el atentado a las Torres Gemelas ni el atentado en Atocha o Boston. Un periodista minimizaba los hechos diciendo que no eran más que “un par de petardos aislados”. Y en Twitter, no faltan quienes los justifican y quienes llegan al delirio de la conspiración.
Por último, hace un mes ocurrió la detención ilegal y arbitraria del presidente de la juventud de la UDI, hecha por la policía política del régimen venezolano, en razón de su visita a estudiantes que se han manifestado en contra de las represiones y ausencia de estado de derecho en ese país. Es obvio que este hecho es menos grave que los comentados anteriormente, pero mostró el mismo doble discurso e incoherencia de muchos. El empate, el “algo habrá hecho”, la burla, la caricatura y el odio fue masivo. Pero no mayoría.
En estos tres ejemplos se ilustra la incoherencia y la falta de consenso en materias que tienen que ver con los derechos humanos. Sin embargo, ¿hemos avanzado en un estándar de respeto a los derechos humanos? A pesar de los ejemplos mostrados, yo pienso que sí, que hemos fijado una vara más alta, que hace que se desnude cuando existe un doble discurso.
Todo país necesita tener memoria. Necesitamos tener un “espejo retrovisor”, para recordar y no olvidar. Para saber qué errores cometimos y no volver a hacerlos. Pero no podemos pretender ir al futuro, construir el país de los próximos 20 años con la mirada puesta en ese espejo retrovisor. Nos llevaría a un choque frontal.
En materia de derechos humanos, a 41 años, la mirada no debe ser ni de derecha ni de izquierda, sino de adelante.
*DIPUTADO UDI



