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Llevo cuatro días levantándome a las cinco y media de la mañana y dos semanas insomne. En este momento, de hecho, son las 5.48 y vengo despertándome de un sueño ridículo: voy entrando a una piscina y Benjamín Vicuña me grita “rica”. Yo le grito rico de vuelta. Tenía una idea más alta de mi inconsciente, pero los sueños me demuestran, sistemáticamente, que soy pura obviedad: si no hay tensión sexual, sueño con comida. Comida que no engorda. Aunque no vine a hablar de eso. Vuelvo: insomnio y a madrugar. Estoy escribiendo a las cinco treintaiocho am. Lo digo a modo de justificación para lanzar una frase que –supongo- tiene que ver con el delirio que provoca dormir poquito. A veces me imagino que la UDI es un conjunto de hueones bien intencionados y con alma dulce. Un grupo de hueones que se mueren de ganas de la gente lea “Nicolás tiene dos papás”, colaborar en generar una sociedad más libre y menos prejuiciosa. Entonces, como se mueren de que ganas, piensan en la mejor estrategia para que todo el mundo quiera leer: Intentar prohibir el libro.

Porque si no, no me explico tanta torpeza. No hay nada nuevo en lo que diré: la mejor estrategia para fomentar una lectura es hacer un escándalo mediático censurador al respecto. Y, naturalmente, la peor estrategia es la obligación. Lo sabemos todos los que hemos pasado por el colegio sin escoger ninguna de nuestras lecturas. Siendo así, y si yo tuviera que darle un consejo que nadie me ha pedido a la UDI (este grupo bien intencionado al que uno debe creer cuando dice que se preocupan de las libertades de las personas), sería éste: ¿Por qué no obligan a leer un par de libros que tengo en mente para que de esta forma se lean menos? No me interesa imponer o no imponer calidad literaria (si alguien quiere leer el libro de Camiroaga doscientas veces, todo bien; si alguien quiere sólo leer libros de recetas de comida –qué libros más bellos, por lo demás- todo bien) si no las cuestiones que se juegan acá: valores, construcción de la sociedad. Y algo de género también. En realidad, sobre todo temas de género. En fin. Acá, mis sugerencias de lectura obligatoria para que así interesen menos.

Juventud en éxtasis: en mis tiempos era obligatorio. El ministerio dice que ya no. Resumen inspirado en el Rincón del Vago para los que no lo han leído: un tipo, joven, contrae una venérea. En vez de pensar “Chucha, no usé condón”, piensa “Oh, mi vida es tan amoral que por eso bla bla bla”. Y luego: “En realidad es culpa de mi ex que era una maraca. Yo soy bueno”. Y luego: “Mi ex era una maraca porque culiaba. Las mujeres que culean son unas maracas”.

Cincuenta sombras de Grey: resumen del mismo tipo. Sólo leí el primero así que no hablo por los otros tomos. Chica virgen (y guapa) a los 20 y no sé cuántos conoce a hombre millonario. Que sea virgen es terriblemente importante: es una condición implícita para encontrar al amor verdadero. Hombre millonario (y guapo) es, claro está, ese amor. Y trata a una mujer como debe ser tratada: comprándole cosas porque eso es lo que nos gusta, restringiéndola (con amor eso sí) porque eso es lo que nos gusta, normándole la vida porque eso es lo que nos gusta. Porque eso nos han dicho que nos gusta.

Son las 6.57 de la mañana. Podría enumerar más pero voy a volver a dormir a ver si me despierto distinta. Ojalá alguien de la UDI vea esto y se anime a obligar a todo el mundo a leer para que así nadie lea. En una de ésas en algún momento la gente deja de creer que una mujer que se acuesta con alguien es maraca o que hay que seguir normando el ideal de lo femenino. Más bien: seguir pensando que ese ideal existe.
(Un besito a Coloma).