pistorius

El periodista y escritor británico John Carlin, habló sobre su nuevo libro “Pistorius: La sombra de la verdad”, en el que retrata al atleta paralímpico sudafricano Oscar Pistorius, quien fue condenado por asesinar a su novia, la modelo Reeva Steenkamp, en 2013.

“Balanceándose sobre los muñones de sus piernas amputadas y empuñando una pistola negra de 9 mm con ambas manos, efectuó cuatro disparos a través de una puerta en el baño de la planta superior de su casa. Detrás de esa puerta había un pequeño cubículo con un retrete. En su interior había una persona. Desconcertado y en estado de shock, se tambaleó hasta la puerta e intentó abrirla. Estaba cerrada. Segundos más tarde: ‘¡Dios mío! ¿Qué he hecho?'”, así describe Carlin en su libro, el momento en que el atleta se da cuenta que asesinó a su propia novia.

En entrevista con el HuffintonPost, Carlin contó que cuando se enteró de la noticia no lo podía creer, “quedé estupefacto”, recordó.

Carlin dijo: “primero tardé un tiempo en recuperarme del shock de la noticia. Porque Pistorius es una figura mundial heroica y en Sudáfrica, sin duda, la persona más admirada del país entre todas las razas al margen de Mandela. Además de ser un extraordinario deportista, siempre había demostrado una imagen de elegancia y cordialidad. Esto que ocurrió no tenía nada que ver con la imagen que teníamos de él. Luego nos enteramos que él creía haber disparado a un intruso y no a su novia. Uno piensa, ¡qué cosa más extraña que un intruso se esconda dentro del baño!. Al salir más informacion, me fui convenciendo de que estaba mintiendo y que, obviamente, tenía que haber sido una pelea por celos y que él la había matado intencionalmente. Cuando, días después, un magistrado le dejó en libertad, me pareció un escándalo”.

Sobre lo difícil que fue el juicio para el atleta Carlin asegura que “el veredicto fue la victoria más grande de su carrera, no hay medalla de oro que haya ganado que pueda compararse con el veredicto que logró, que fue el mejor que podía conseguir. Sin duda fue él quien disparó los tiros que mataron a esta chica, pero el hecho de que la jueza llegara a la conclusión de que no la mató intencionalmente y aceptara la versión de Pistorius, es el mejor resultado posible para él. En cuanto a la sentencia, yo me la esperaba mayor, diez años. Y le dieron cinco, y es posible que salga en diez meses o un año y que siga el resto de la pena en su casa. Pero incluso él piensa que ir a la cárcel es algo que debería hacer, que tiene que cumplir una cierta condena para poder reconstruir su imagen pública. Si llega a salir libre, dado el escándalo en Sudáfrica, le habría perseguido para siempre”.

En relación a la comparación que hace en su libro entre Pistorius y Mandela, Carlin aclaró que “no, lo comparo con Mandela simplemente en cuanto a que él fue, después de Mandela, la figura sudafricana más admirada en su país. Nada más, no nos extendamos demasiado en las comparaciones”.

Carlin también ahondó sobre la personalidad de Pistorius y su vulnerabilidad, “es el contraste entre el personaje público y el personaje en la intimidad. Por un lado, toda esa imagen pública de extraordinario deportista, quizás el que consiguió la hazaña más extraordinaria del deporte. Por otro, en la intimidad, una persona frágil y vulnerable, cuya madre murió cuando tenía 15 años y cuyo padre desapareció del mapa cuando tenía seis. Una persona desamparada emocionalmente, que, si no le hubieran amputado las piernas, habría tenido una personalidad complicada. Esto viviendo en un país en el que hay muchísima criminalidad, en el que es normal ser paranoico, ya que si no lo eres, es que no te has enterado de nada. En su caso, ese miedo se justificó por su condición física vulnerable. Un año antes de matar a su novia, dijo a una periodista que la circunstancia en que se sentía más vulnerable era cuando estaba acostado por la noche sin sus prótesis, escuchaba un ruido y sentía miedo”.

“Su problema fundamental era que siempre se enamoraba locamente de sus novias. Los amigos le decían, ‘Oscar, concéntrate en tu carrera, disfruta de las chicas, pero no te enamores tanto’. Pero no: empezaba con una, cortaba con otra, y esa siempre era el gran amor. Esto conllevaba un grado de celos muy grande. No creo que sea necesario ser Freud para intuir una conexión muy estrecha en su mente entre estas chicas y su madre, que fue la gran influencia en su vida. Con ellas teme el efecto devastador de perderlas. Yo creo que todos tenemos algo de Pistorius, sólo que él lo lleva todo al límite”, contó.

Carlin dijo que el atleta tras dejar la prisión quiere “desaparecer del mundo e irse a una aldea en Mozambique donde ha habido guerras en los últimos años, donde hay niños que han perdido sus piernas por las minas, y allí dedicarse un par de años a ayudar a la gente y reflexionar sobre su vida. Va a hacer su penitencia y después, si tiene suerte, poder de algún modo reconstruir su imagen y su vida”.