Secciones

The Clinic Newsletters

Más en The Clinic

The Clinic Newsletters
cerrar
Cerrar publicidad
Cerrar publicidad

Opinión

27 de Julio de 2015

Columna: Acuicolipsis Now (¡¡cuiden a sus hijos!!)

* El cuiquerío anda asustado. Aterrado más bien. Las noticias que reciben casi diariamente en sus whatsapp dan cuenta de que las cosas están cada vez peor. Mensajes de voz alertando acerca de un tipo –foto del CI incluida– que va de casa en casa vendiendo frutos secos envenenados con burundanga; otro de una señora […]

Por

cacerolazo

*

El cuiquerío anda asustado. Aterrado más bien. Las noticias que reciben casi diariamente en sus whatsapp dan cuenta de que las cosas están cada vez peor. Mensajes de voz alertando acerca de un tipo –foto del CI incluida– que va de casa en casa vendiendo frutos secos envenenados con burundanga; otro de una señora contando (extensamente) que la “insólita” nueva forma de robar autos de lujo son “cabros de buena pinta vestidos de cura”; y un paro de los transportistas de combustible que generó colas en las bombas de bencina que hacían recordar los tiempos de la UP.
Se ha instalado una sensación de pánico constante, que muchos atribuyen a los “descalabros del gobierno actual”, pero la verdad sea dicha, muchos usan esa excusa del gobierno solo para aprovechar de lucirse, de demostrar que saben más (y antes) que el resto.

Está, por ejemplo, el “ca-co” (casi cuico) que quiere tener la primicia, el “breaking news”, para que sus amigos, colegas y jefes sepan que él es una persona de contactos, que conoce al “gerente general de la empresa de combustibles” que le dice que no hay paro, o que informa de los “miguelitos en la carretera San Martín” (recuerden que mucho caco vive en Chicureo). Le encanta informar rápido, y ojalá citar una fuente de cierta importancia para validar su punto.

Y por otro lado tenemos a la “cuica tremendista”, esa que “compra” cualquier información relacionada con robos, asaltos, colas-tipo-UP, y la difunde lo más rápido y a la mayor cantidad de gente posible. Si llega a presenciar alguna noticia de este tipo –por ejemplo, el “cura ladrón”– mejor aún. Lo que sea con tal de validar el desastre en el que está sumido el país con el actual gobierno… y de pasada, también lucirse.

Porque más allá de estos dos estereotipos, hay un afán generalizado por difundir noticias alarmantes. Yo creo que simplemente nos gustan las catástrofes. Un morbo oculto (o no tanto) de tener historias macabras que contar. Ojalá tener el amigo que vive más cerca del volcán Calbuco para contarle al resto de los amigos que ese amigo veía las llamas de fuego en su cabeza. Ojalá conocer a la amiga de la vecina de la señora que le vendieron nueces con droga. O haber conversado con el bombero que le dice que sí va a haber paro, que están ocultando la verdad. Lo importante es saber más que el resto, tener una historia nueva, una historia mejor: algo como quedarnos sin bencina o ser drogados sin darnos cuenta. No importa lo improbable que suene. Con un adecuado tono de voz (alarmante), harto signo de exclamación y un aterrador “cuiden a sus hijos”, la difusión está asegurada.

¿Y qué se gana con esta difusión? Nada. ¿Y qué se pierde? Nada tampoco. Porque los artífices de crear pánico siguen muy campantes, nadie les dice “oye, que eres grupiento” ni “averigua para la otra”. Nada. Y siguen difundiendo. Y les siguen creyendo. Y todos cada vez más aterrados.
Si a usted le gusta comunicar primicias, solo le pido esto: la próxima vez que reciba una noticia potencialmente apocalíptica, antes de difundirla, googlee. Averigüe. Use la lógica. Vuelva a pensar. Usted es un ser humano común y corriente. No es un profeta ni un enviado a salvar a la humanidad. El mundo no depende de usted. Y de todas maneras en unos meses va a caer un meteorito en Chile. ¿No sabían? Obvio, porque es información confidencial que supe por un familiar que conoce a alguien en la NASA. El gobierno ya está avisado, pero para variar lo están tapando. Los militares están desesperados porque no los dejan alertar a la población. ¡¡Cuiden a sus hijos!!

*Autora de Cuicoterapia.

Notas relacionadas