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En la discoteque de Coltauco, cientos de personas miran hacia el escenario y entonan:

Yo tomo vino y cerveza
para olvidarme de ella

Arriba, bailando con una mujer del público y con un sombrero negro de vaquero en las manos, está Víctor Zúñiga. Mueve una mano en el aire y gira al ritmo de la música, como si bailara una cueca. Le acercan un vaso y hace lo que todos esperan, lo mismo que lo hizo convertirse en viral hace un par de meses: se lo lleva a la boca, toma un sorbo largo y lo dice, fuerte: “¡Aaah… un manjar!”. Cuando baja del escenario, se le acercan mujeres de todos lados. Lo buscan entre la multitud por su sombrero y le piden sacarse fotos. Él acepta.

¿Se siente famoso?

Bueno, ya soy ya.

El show es muy breve, pero funciona: “En la disco me presento como el verdadero Manjar. Hay otras personas que me han imitado y que no son lo mismo. Ruperto me imitó con el mismo carácter mío, se maquilló y no es igual”.

EL FAMOSO VIDEO


Hace un año y ocho meses, Víctor trabajaba en un vivero seleccionando plantas y pesándolas. Esa mañana amaneció con caña. “Habíamos hecho una discá la noche antes, puros amigos de la pega y teníamos todos sed”, cuenta.

Fueron a comprar cervezas, pero Víctor no quería y además no tenía plata. El Memo, un compañero de trabajo que no había ido a la fiesta, le ofreció comprarle un vino y lo pasaron a una botella de Coca-Cola Zero, para que en la pega no se notara qué era. Lo que tomaba no era un jote, si no vino puro. Víctor la destapó y se la llevó a la boca. Luego, pronunció las palabras que cambiaron su vida: “¡Aaah, un manjar!”.

-Ven a tomarte un trago, Memo. Me cago que está rico, hueón -remata Víctor, y ahí termina el video de apenas trece segundos que hoy da tantas vueltas por internet.

Pero el Memo estaba lejos y le contestó que no, que pasaba.

Un vecino de 18 años lo estaba grabando con su teléfono, pero Víctor no lo supo en el momento. Tampoco supo que lo habían subido a YouTube y cuando se enteró de que el video tenía más de 2 millones de reproducciones y estaba saliendo en la tele, se sorprendió. Su hija Jazmín, de 17 años, fue la encargada de mostrarle el alcance de su fama. “Me dijo ‘Papi’, yo le dije ‘¿Qué querí?’ y me dijo ‘Venga’”. Se metió al computador y le dijo que estaba en México, Ecuador, Argentina, Perú.

No era la primera vez que Víctor estaba en la tele. “Salí en Rancagua, cuando encontré las osamentas en la gobernación”, cuenta. “Yo estaba haciendo una excavación para poner una cañería como de metro veinte, una bien grande. Calcularon que los huesos tenían más de cien años”. Fue en 2011 y ahora están en el museo de la Intendencia. Él cree que pueden ser de indígenas que murieron en el Desastre de Rancagua.

Antes de hacerse conocido como Manjar, a Víctor le tenían otro sobrenombre. Cuando estaba en quinto básico lo bajaron a primero porque no sabía leer. “Los cabros del mismo curso mío decían que yo iba a jubilar en la escuela, porque parecía profesor delante de los cabros chicos”, cuenta. Un día salió a recreo y la pelota con la que jugaban sus compañeros llegó a sus pies. “¡Tócala, jubilao!”, le gritaron. “De ahí nadie más me dijo Víctor”, dice hoy.
Después se cambió a una escuela nocturna. Iba dos o tres veces a la semana y estudiaba con su mamá. Aprendió a leer y terminó sexto básico. Tenía 18 años y hasta ahí quedó. Se puso a trabajar en la fruta. Después se hizo maestro cocinero de las mineras. Dice que fue bueno aprender a leer, porque eso le permitió viajar.

VIDA DE VAQUERO
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Víctor es nacido y criado en la comuna de Coltauco, Región de O´Higgins, pero cocinó en minas de México, Argentina y Ecuador, pese a que nunca sacó una visa. “Como no hice el servicio militar, no me daban visa. Eran puras movidas de los patrones, ellos le pagaban a alguien para que nos hiciera las visas. Eran falsificadas, pero se veían iguales iguales”, dice.

De esos países, su favorito fue México: se sentía como viviendo en una película de cowboys. “Los vaqueros abren las puertas de par en par y los locos están en la barra con el brazo apoyado y las pistolas en el cinturón”, cuenta. Estuvo allá cuatro meses, y no quería volver.

De México, además, le gustan las rancheras. Por eso estuvo en un grupo musical donde las tocaban y también hacían cumbias. De esa época son los sombreros de vaquero que usa hoy. El Manjar canta, por eso dice que ahora no le da vergüenza subirse a un escenario y que le gustó ir a la disco. “Yo tengo personalidad, no soy vergonzoso. Nada”.
En lo que sí cree que Chile gana es en el vino. Ahora mismo toma una copa de vino blanco y asegura que puede catar sin necesidad de probar, que basta con hacer así -pasándoselo frente a la nariz- y se sabe altiro cómo es. Su favorito es el cabernet sauvignon, “porque tiene un aroma que no es el mismo que otro vino”. Aunque aclara también que no toma vino todos los días, que lo hace solamente cuando hay asados o fiestas. En la semana trabaja, no toma vino. Jura que lo del video fue “esa pura vez”.

¿Le gusta alguna variación del vino? ¿El navegado?

El navegado me gusta harto para cuando estoy resfriado. Ahora mismo en la noche me voy a hacer un poco, con la naranjita. El borgoña también es bueno, pero para la fiesta.

Víctor amaneció con la garganta tomada por un resfrío y dijo que si no tenía voz, no podía venir a Santiago. Su manager decidió por él: tenían que venir igual, aunque no hablara, porque no podía “dejarlo feo”. No se tomó ningún remedio en la mañana: “Yo paso el resfriado con puro limón y sal. Harto limón y agua, remedios caseros. Esos cuesquitos de eucalipto, cuesco de palta, ortiga. Ahí es donde uno bota todo el resfriado”. No le gusta ir al médico porque dan puras pastillas, y las pastillas las puede comprar él.

El que hace de manager es Nicolás Iturriaga, que lo buscó para animar el evento de una de sus seis discoteques. Un amigo en común hizo el contacto y lo llamó, pero cuando Víctor contestó no se lo tomó bien. Le echó una choreada.

“Con el amigo que le dio el teléfono siempre nos palanganeamos. Le corté y me volvió a llamar, y ahí supe que era verdad”, cuenta Víctor. “Él me llevó. Yo ni de joven fui a las discoteques y ahora después de viejo vine a ir, más cuarentón”.

Iturriaga lo hizo firmar un contrato y lo llevó a animar su primer evento, hasta ahora el único. Él es quien decide dónde y cómo se presenta el Manjar. Hace unas semanas, cuando Víctor estaba listo para ir a actuar a Rengo, Iturriaga le dijo que no iban a ir porque quien los había contactado hablaba con desgano. No le gustó su actitud.

Iturriaga le hizo grabar su primer comercial pagado para una bebida energética de Rancagua y fue quien lo acarreó a Santiago. Aquí, como en su pueblo, Víctor no pasa desapercibido. “¿Me puedo tomar una foto con usted?”, le preguntó el taxista que lo trajo del terminal. “Es mi día de suerte, no me van a creer en la casa que llevé al Manjar”.

En la calle lo detienen al menos tres grupos de personas para pedirle fotos, entre ellos una gringa y un español. Él saluda de beso y siempre dice que sí.

LAS PALABRAS MÁGICAS

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Víctor es el mayor de seis hermanos y los fines de semana, cuando no está trabajando en Bucalemu, vive con su mamá en Rinconada, dentro de la comuna de Coltauco. Viene de una familia numerosa, que se junta a celebrar todos los feriados. Esta vez van a pasar el 18 en Viña del Mar, pero Víctor no puede ir por la pega.

Ahora en Coltauco él y su familia son celebridades. A su hija menor, que tiene 17 años, en el colegio le dicen “la manjarcita”. No le gusta que le digan así, pero ya se acostumbró. A la mayor, de 23, le dicen “la manjarate”.
“Nunca pensé que ese video me iba a llevar al estrellato, que iba a estar donde estoy”, dice. Cuenta también que lo invitaron a Japón. Allá las adolescentes hacen videos parodiando su frase. Pero Víctor dice que no iría, al menos no solo. “Tendrían que venir a buscarme. ¿Cómo voy a ir sin conocer?”.

En mayo, Víctor llevaba más de tres meses cesante, porque estaban en el tiempo de la poda. Un día vino a visitarlo un hombre del litoral con su esposa y sus hijos, a sacarse fotos, como muchos otros que van a verlo. El hombre, maravillado con el Manjar, le ofreció trabajo y desde entonces está en una empresa pesquera en Bucalemu. Eso es lo que más agradece del video: la pega. Eso y que ahora las cosas han cambiado un poco. “Antes pasaba de la pega pa llegar a la casa, de ahí tomábamos once y nos poníamos a ver tele no más”, dice. “Ahora lo van a buscar a uno, lo llevan, lo traen, es como un cambio de vida, pero me he sentido bien”. Todo gracias a las palabras mágicas.

¿Usa seguido el término “un manjar”?

No, nunca. Primera vez que me salió. Si yo nunca me imaginé que iba a decir esa palabra, si nunca la había dicho antes, me nació así.

Fue el Espíritu Santo hablando a través de usted.

¿Usted pensaba que yo esa palabra la decía antes? No, si nació ahí. Salió tan perfecto todo.

VIVITO Y COLEANDO

El 12 de agosto el jefe de Víctor llegó con el diario local El Cóndor. Lo llamó y le dijo “Oye, Manjar, mira dónde saliste muerto”. El diario informaba que un anciano llamado Luis, de 72 años, había muerto en el temporal que azotó a nuestro país. Inexplicablemente pusieron junto a la noticia una captura del video de Víctor.

Manjar piensa que puede deberse a que en el video aparece usando un gorro que dice Luis. “El gorro era de la empresa. El jefe los mandaba a hacer y ponía el nombre de él, porque si alguien se llevaba los gorros, él reclamaba”, explica.

Esa noche no dejó dormir a sus compañeros de trabajo. Estuvo pegado al teléfono desde las once de la mañana hasta las cuatro de la madrugada. “Todos los cabros me llamaban, me preguntaban si me había muerto y les decía ‘¿Cómo me voy a morir, si estái hablando conmigo?’ Calcule que a la casa de mi mami llegaron los pacos, llegó el Gope, pensando que me había muerto”, dice. Su madre lo llamó desesperada, llorando. “Cuando vio la noticia quería puro morirse, se asustó. ‘No mami, si estoy acostado’, le dije”. Venían viajando familiares de Antofagasta y de La Serena a su funeral. “¡Yo estaba más vivo!”, cuenta.

MUJERES, POLÍTICA Y FAMA

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El Manjar dice que no se mete en política. Se declara colocolino y un católico que a veces va a la iglesia. “Creo en puro Dios no más. Dios es el que me creó, por lo tanto yo creo en él”, afirma.

¿Votó en las últimas elecciones?
Tengo que saber votar. Dicen que si uno no vota le pasan multa, pero parece que es mentira.

¿Le gusta la Presidenta Bachelet?
Por lo menos para nosotros que somos hombres no, no me gusta para nada.

¿Pero no le gusta porque es mujer?
No, porque no hace lo que promete, po. Porque si usted me está prometiendo a mí algo, y pasan dos meses, puede pasar un año y ella sigue con la promesa y no la cumple.

Tal vez no creerá en la Presidenta, pero sí en el resto de las mujeres. Para un hombre que ya vivió una vida de casado, que tiene cuatro hijos, tres nietos y que se siente en la cumbre de su fama, una mujer es algo imposible de rechazar. Dice que ahora le va excelente, que lo invitan mucho a salir, a todas partes, y que es una de las mejores cosas que ha sacado de su estrellato. Si una mujer lo invita, no puede decirle que no. “Tengo que aprovechar, po. No le voy a decir a una mujer, si me invita: ¿Estái loca que voy a salir con vo’? No. Yo voy. Aunque viniera alguien a pasarme plata: lo dejo atrás no más y me voy con ella”, explica.

Hace seis años que se separó de su mujer, ¿no ha pensado en casarse de nuevo?
No, esa experiencia ya la viví, ya. Uno puede tener mujeres pero así no más. Con la señora que yo tenía nos llevamos bien y vive al ladito mío, con mi hija menor. He escuchado que no ha tenido ningún hombre en la casa. Menos la va a dejar el hijo mayor que yo tengo, ya se lo dijo: “Yo no quiero ningún hombre más aquí en mi casa si no es mi papi”.

Lo único que no le gusta del éxito de su video es que cree que otras personas están ganando plata con su frase. Una conocida marca de manjar y otra de chocolates ya lanzaron campañas parafraséandolo y él no ha recibido ni uno. Por eso está pensando en asesorarse con un abogado y convertir la frase en marca registrada.

¿Por qué cree que el video se hizo tan famoso?
Eso es lo que no sé yo… por la cuestión del vino.

¿Se sentirán identificados?
Los mismos chilenos me mandan a buscar para que yo haga la apreciación del vino: Concha y Toro, Undurraga…

¿Lo han llamado?
Sí, pero es que no pagan.

¿Ah, quieren que haga gratis la promoción del vino de ellos?
Me mandó a buscar uno del vino Tocornal. En vez de que saliera en Tocornal el viejito con el ojo tapado, me ponían a mí y me regalaban 120 cajas de vino.

Vino Tocornal más encima.
Eran 120… ¡cajas!… Más malo, y después iban a seguir con la misma foto mía.

¿Pero no le gusta el vino Tocornal?
No, cómo me iba a estar vendiendo por cajas de vino. Después todos iban a decir “Ah, este se anda vendiendo por vino”.

El Manjar asegura que en Coltauco saben que es un hombre de trabajo, pero teme que el resto del mundo piense que anda tomando todo el día. “Yo no tomo ná. Gente me ha dicho, ‘¿Tú tomas todos los días vino?’, yo respondo ‘No ¿Por qué?’, ‘Pero y cómo sales haciendo el video del manjar y es puro vino?’”, cuenta e insiste en su defensa recordando una anécdota del real curadito de Coltauco, el Mando-Mando que siempre anda pidiendo vino.

Una vez al Mando-Mando le hicieron una broma y prepararon un ponche con papas picadas en vez de duraznos. Cuando pidió un trago, se lo dieron con una condición: que se lo tomara al seco. El Mando-Mando empinó el vaso hasta que se vio el fondo, y cuando le preguntaron cómo estaba solamente dijo: “Rico, pero los duraznos estaban medios verdes”. Víctor se ríe y toma un sorbo de su copa de vino blanco. Entonces da su veredicto de catador experto: “¡Está espectacular!”.