alejandro goic

El vicepresidente de la Conferencia Episcopal, Alejandro Goic, abordó la forma en que han actuado sus pares de la Iglesia en torno a las denuncias de abuso sexual que pesa sobre algunos religiosos.

En entrevista con la revista Qué Pasa Goic afirmó que “para mí, esta ha sido la mayor cruz que me ha tocado enfrentar en mi servicio pastoral. Lo digo por el inmenso dolor que me causa la realidad del abuso hacia personas vulnerables, cometido por hermanos míos en quienes las familias depositaron toda su confianza. Estamos hablando de situaciones aberrantes que no supimos ponderar, detectar, enfrentar. Y cuyas consecuencias nos siguen causando hoy sinsabores, descrédito, desconfianza”.

Al ser consultado por la información revelada por The Clinin en cuanto a las cartas que envió el cardenal Francisco Javier Errázuriz tanto a Karadima como a su discípulo Diego Ossa aconsejándoles por una parte al primero sobre cómo salir dignamente de la parroquia de El Bosque, mientras que al segundo sobre la forme de entregar dinero a una de sus víctimas, Goic indicó que “lo que me corresponde es animar a mis hermanos obispos a trabajar porque las víctimas de abusos sean efectivamente una primera prioridad para nosotros. Y ayudar a que, como ha dicho el arzobispo de Santiago a sus sacerdotes, cualquier situación que pudiera ser constitutiva de abuso la denunciemos formalmente en las instancias eclesiásticas y civiles cuando corresponda. Creo que el proceso de formación de agentes pastorales en todas las diócesis de Chile ayudará a tomar una mayor conciencia de la gravedad del abuso y de la necesidad de cuidar espacios sanos y seguros para niños y jóvenes”.

Otro punto que abordó el obispo de Rancagua fue la información publicada por The Clinic en cuanto a la reunión que sostuvo el círculo de Karadima con Errázuriz para enfrentar las denuncias.

En ese sentido explicó que su rol “como presidente de la CECh, fue convocar a una reunión privada al entonces arzobispo de Santiago junto a los otros cuatro obispos mencionados, para dialogar con fraternidad y transparencia sobre el impacto que estaba teniendo, para todos nosotros y para la Iglesia, la denuncia contra el sacerdote Karadima. Se intercambiaron opiniones con libertad, pero no se adoptaron allí decisiones ni estrategias. No correspondía ni era lo que yo buscaba al convocarla. A mí me interesaba poder escuchar a los obispos, despejar rumores, limar asperezas e invitar a todos a confiar en las instancias llamadas a hacer verdad y justicia. No se tomó acta alguna ni se distribuyó una minuta posterior. El documento al que usted se refiere lo conocí sólo ahora con esta publicación”.

Por otra parte Alejandro Goic lamenta que “desgraciadamente” se ha generado la sensación social de que la Iglesia está mas preocupada por la imagen de los curas acusados más que de las víctimas de abusos. La autocrítica del religioso en este punto apuntó a que derechamente Nos ha faltado la empatía cristiana que, a imagen del buen samaritano, se conmueve y duele junto al hermano herido, corre y se pone a disposición para ayudar y procurar su sanación. ¿Qué haría Cristo en nuestro lugar? ¿No dejaría todo por amparar a quien ha sufrido?”.

Sobre la prevención de abusos el vicepresidente de la Conferencia Episcopal admitió que “el problema, a mi juicio, no es que nos falte consenso o claridad sobre la materia de los abusos sexuales a menores de edad. Nuestra palabra pública ha sido clara y sin rodeos. La dificultad radica en que no siempre dimensionamos el daño gigante que estos casos producen a personas y a la comunidad. Bien sabemos que el abuso sexual generalmente está vinculado a situaciones de un ejercicio impropio de la autoridad, a veces de manipulación de conciencia. Quizá no hemos sido lo suficientemente audaces en la detección de los síntomas del abuso al interior de la Iglesia. Queremos avanzar decididamente en ellos, con la ayuda de profesionales y de la dolorosa experiencia de otras Iglesias del mundo”.

Sobre los datos publicados por la Cadem en cuanto a que el 74% de los ciudadanos rechaza el actuar de la Iglesia en estos casos, Goic sostuvo que “la opinión pública se escandaliza, con razón, cuando se entera de estos episodios que tanto dolor nos han causado como Iglesia. Los medios de comunicación hacen su trabajo al transparentar estos casos dolorosos. Cuánto quisiéramos que también pudieran dar cuenta de la acción valiente de tantos católicos que cotidianamente y sin ruido, ayudan, acompañan, sirven a las personas. La Iglesia, gracias a Dios, es mucho más que el pequeño grupo de autoridades a quienes hoy nos toca conducirla. La Iglesia es una comunidad de personas en movimiento. Cuando las encuestas preguntan por el sacerdote o diácono de su parroquia, por su colegio católico, por sus catequistas o servidores de enfermos, probablemente los indicadores de credibilidad y de confianza varían. Jesucristo nos muestra un camino: aprender de los pequeños y sencillos, servir con humildad, despojarnos de vanidades y arrogancias. Eso es vivir el Evangelio”.

En cuanto a las formas que posee la Iglesia para salir de estos problemas que ya se pueden tratar como crisis el religioso explicó claramente que “nuestra salida no es estratégica ni de apariencias”. Añadió a la pasada que “no son los resultados de las encuestas lo que nos motiva. Nuestra salida es el camino que Jesús nos mostró hace dos mil años. Por haber abandonado ese camino estamos como estamos. Era el camino de Jesús el que seguía la Iglesia cuando acogía a los perseguidos políticos y amparaba ollas comunes para los más pobres en las poblaciones. Cada vez que la Iglesia abandona el camino de Jesús para preocuparse de asegurar cuotas de poder y de prestigio, la oscuridad ha impedido que florezca el Evangelio. Tenemos que volver a nuestra fuente. El papa Francisco lo ha dicho hasta el cansancio: una Iglesia para los pobres, una Iglesia en salida, una Iglesia samaritana preocupada del bien de las personas…”.