cementerio

En medio de un fin de semana que se avecina en que se conmemora el día de los Santos y los Muertos, ciertas personalidades se confesaron con el diario La Segunda y revelaron qué harían hoy si mañana murieran.

El vespertino logró recoger lo siguiente:

La periodista de Canal 13, Soledad Onetto, admitió que “me gustaría tener el súper poder de juntar a todos los que quiero para que juntos celebráramos hasta cansarnos. Eso sería ideal”.

En esa última cita se imagina comiendo a destajo, donde abunde el vino, la champaña, empanadas, asado, y pastel de choclo. “Estaría toda la comida que da cáncer y todas aquellas que he podido gozar”.

Añadió que le gustaría morir en su casa y rodeada de todos sus cercanos, algo íntimo, dice.

En mi ánfora diría: “Yace aquí su espíritu de mujer imperfecta que desde el sur del mundo amó intensamente”.

Entre las cosas que le quedarían pendiente afirmó que definitivamente ser madre, ya que “soy mamá de mi perro, pero me faltaría tener hijos”.

En tanto el actor Ramón Llao aseguró que el día de su muerte “me tomaría una pastilla para dormir porque no sé a qué me dedicaría. No le avisaría a nadie”.

Sobre su funeral le gustaría que fuera lo más triste posible, con gente vestida de negro, música de iglesia y “nada de cosas raras”.

“Me gusta creer en el cielo de Condorito, donde los ángeles andan arriba de las nubes”, sostuvo.

Por su parte la conductora de radio Cooperativa, Cecilia Rovaretti fue bien simple en su cuento: Le gustaría que la gente se sintiera libre en el día de su funeral y que hicieran lo que quisieran. “Si mi hija quiere hacer una fiesta o poner rock, que lo haga”.

Lo que sí pidió es que “me encantaría que me pusieran desnuda, envuelta sólo en una sábana blanca y con un buen perfume”.

“Me iría contenta porque diría ‘fue chora la vida que tuve'”, cerró.

A su vez el presidente de Fundación Iguales, Luis Larraín, contó que aunque no cree en la reencarnación, si existiera le gustaría ser “una mujer nacida en Asia, heterosexual, baja. Lo más distinto posible a mí, porque qué fome lo mismo”.

Entre sus arrepentimientos están el hecho de no haber salido del closet diez años antes y de la burbuja en la que vivía con sus cercanos.