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El ex dueño de la fábrica de papeles PISA -hoy SCA-, Gabriel Ruiz-Tagle, investigada por la Fiscalía Nacional Económica (FNE) por coludirse durante 10 años con CMPC, para controlar el mercado y fijar los precios del papel tissue, niega que haya participado “en acto de colisión alguno” y sostiene que las cifras de su empresa lo respaldan.

En entrevista con La Tercera, el ex propietario de “la papelera chica” explica por qué no accedió al mecanismo de delación compensada que le ofreció la FNE y dice que se equivocó al no haber denunciado antes las práctica de su competidora, la papelera de los Matte. Que según él, se comporta “como un productor dominante, que habitualmente ejerce acciones de bloqueo de sus competidores como convenios de exclusividad, pagos por participaciones de mercado a los clientes, bloqueo en promociones y otras prácticas que hacían extraordinariamente difícil el crecimiento de un competidor de menor tamaño” y que por esa razón tuvo que vender, en abril de 2003, el 50% de PISA a la sueca SCA. “Yo no tenía las espaldas para hacer frente a un competidor tan poderoso como CMPC y esto tampoco es compatible con la comodidad y estabilidad de un acuerdo con la competencia”. La otra mitad de la compañía la vendió a los mismos europeos en 2012.

Ex presidente de Colo Colo y Ministro de Deportes del gobierno de Sebastián Piñera, entregó algunas cifras de PISA para argumentar que son contradictorias con algún acuerdo de colusión: “A partir del 2000 PISA incorpora nueva maquinaria capaz de producir 50 mil toneladas anuales, para abastecer hasta el 50% del mercado nacional. Asimismo se inicia la fabricación de marcas propias para las grandes cadenas de supermercados, lo que posibilita un fuerte aumento en las ventas. De esta forma la producción pasa de 26 mil toneladas el 2000 a 39 mil el 2004 y eso es contradictorio con un acuerdo de repartición de cuotas de mercado”, detalla.

En lo relativo a las ventas, explica que entre 2000 y 2004, éstas crecieron 65% y que ello fue lo que desató “a finales del 2002 una violenta guerra de precios, lo cual tampoco es compatible con un modelo estable de colusión. Nada de lo anterior se condice con un acuerdo colusorio, cuyo principal objetivo debería ser mejorar las utilidades de cualquier empresa” sostiene Ruiz-Tagle, mientras se queja de que la competencia no presentó antecedentes económicos financieros capaces de sustentar una colusión a partir del 2000.

Sobre las reuniones en Chicureo con el gerente general de CMPC Tisssue, Jorge Morel, asegura que sólo tuvieron como objetivo reclamarle por estos “actos desleales, que tenían a PISA en unas muy malas condiciones”.

“El requerimiento alude como referencia genérica a esas reuniones y las sitúa en un contexto donde no aporta ningún antecedente económico, ni financiero, ni nada. El periodo en el que yo estuve a cargo de PISA fue entre 2000 y 2003. Si usted lee el requerimiento, hay un párrafo en que se menciona esto y sigue la historia. Hay un bache entre el 2003 y el 2006, donde no se aporta ningún tipo de antecedente. Ni durante ni después. El 2006, como es sabido, yo estaba totalmente desligado de la gestión de la empresa y es ahí donde se empiezan a entregar antecedentes duros en cuanto a documentos en el tema de colusión entre las empresas, lo que ha sido reconocido tanto por SCA como CMPC”, sostiene.

Pese a que descarta haber participado o sido gestor de la colusión, la CMPC se autodenunció y fija el inicio de los acuerdos en el 2000, información que Ruiz Tagle desmiente: “Hay una declaración formal de la SCA, en la cual ellos sitúan el inicio de estos acuerdos en 2006. Eso está dentro del requerimiento. Ahí lo sitúan ellos, y ahí es donde el requerimiento comienza a acompañar documentos (…) es absolutamente inverosímil que yo, una persona natural, haya obligado o impuesto condiciones de colusión a una empresa 100 veces mayor que PISA. Es inverosímil y casi surrealista, entonces ahí hay una situación jurídica de fondo, que la articulación de un convenio desde el punto de vista de la aprobación de la Fiscalía de la delación compensada que hizo CMPC, hace imposible su verosimilitud”.

Consultado por si alguna vez abordó el tema con Eliodoro Matte, contestó: “No. Eliodoro Matte es una persona conocida, es un personaje público, pero yo no soy amigo de él, ni tengo una relación con él”.

Sobre la conducta de CMPC y la Familia Matte, Tagle argumentó: “Desde el punto de vista de la empresa, no ha sido para nada un ejemplo de competencia leal, al menos en el rubro que yo estoy ligado. En eso, clarísimamente, he sido víctima, y no es que pretenda victimizarme sino que he conocido estas prácticas anticompetitivad, por lo tanto puedo hablar con propiedad, y no estoy hablando de uno, dos, tres, cuatro, estoy hablando de prácticamente haber competido más de 30 años con CMPC en distintas cosas. Y un segundo punto es la familia Matte, que son los dueños de la compañía. Yo los respeto y la verdad es que no quisiera dejarme llevar por la pasión o por los argumentos que uno tiene contra la empresa, porque cada uno de ellos sabrá qué tipo de responsabilidad tenga o no en esto. Yo los respeto, son gente que ha hecho un aporte a este país innegablemente, pero ellos tendrán que medir sus responsabilidades personales en forma individual. Aun cuando mi convivencia con la empresa de su propiedad ha sido tremendamente dura y difícil, creo que uno tiene que tener también la estatura para no transformar esto en acusaciones personales hacia gente que no me consta cuál ha sido su participación en estas cosas”, concluyó.