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La semana que ya se acaba estuvo marcada en Chile, además de los clásicos vericuetos políticos, por dos confesiones escalofriantes de personas que terminaron enfrentando a la justicia este último viernes.

La primera de ellas tuvo lugar el día miércoles en el programa del Rumpy en Radio Corazón llamado “El chacotero sentimental”.

Esa tarde, ante quizá los incrédulos oídos de los auditores, una historia que comenzó con el relato clásico de una aventura amorosa terminó con la cruda confesión de asesinatos múltiples, a mansalva, perpetrados en Dictadura.

“Pasé a la extrema violencia (…) Caché lo malo que puede ser uno. Antes éramos hippies, amor y paz, y ahí había que salvarse como sea”, dijo al conductor el hombre que se identificó como Alberto, y que tras coger el teléfono terminó detenido y puesto a disposición del juez Mario Carroza.

“Estabai obligado, o te mataban los milicos o te mataban ellos, o los otros hueones de allá (…) Uno actuaba por maldad y después cachabas que te gustaba y te volvías loco. Luchabas contra ese sentimiento (…) “te avivaban la cueca, ‘dispare soldado combatiente’, era mejor que la marihuana esa huevá… Participaba de una misión especial y llevábamos varios de estos tipos a la pampa (al desierto) y les pegábamos un tiro en la cabeza. Los dinamitábamos. No están. Están desintegrados. No quedaba nada”, dijo además el hombre que luego fue identificado como Guillermo Reyes, el “Willy”.

Junto con ese hecho que se transformó en tendencia en las redes sociales, abriendo además la heridas de la época más oscura de la historia reciente de Chile, en Puerto Varas el caso del crimen de la contadora Viviana Haeger, ocurrido en agosto de 2010, dio un giro a raíz de un testimonio no menos escabroso que el del exconscripto que telefoneó al Rumpy.

El carpintero José Pérez Mancilla, presunto sicario, confesó ser el autor material del crimen de la mujer, según él, motivado por el pago de unos cuantos millones de pesos que salieron del bolsillo del propio viudo de Haeger.

De acuerdo a lo que adelantó La Tercera en su edición de ayer, Pérez narró que “opuso muy poca resistencia, no tuve que pegarle, sólo la sujeté y la controlé con mi peso, porque era muy flaquita. Tomé el cuerpo y con la ayuda de un choapino lo trasladé hasta la puerta del entretecho que está en el mismo dormitorio, la que tenía solo un pequeño pestillo que la cerraba. Una vez ahí me metí yo primero y luego la tomé por debajo de las axilas, con la cabeza adelante cerca de mi pecho, empezando a avanzar, caminando yo hacia atrás, pisando las vigas, arrastrándola”.

Tras ello, dijo, “tomé una filmadora que estaba sobre un mueble, una cámara fotográfica y una caja metálica de color rojo, que estaba al lado de la cámara, la cual también tomé y me la llevé, echándolas en una mochila negra”.

Después de que trascendiera parte de su declaración, Pérez Mancilla fue formalizado por homicidio calificado y quedó en prisión preventiva al igual que el marido de Haeger, Jaime Anguita, a quien se le imputó el delito de parricidio.

“Pérez Mancilla llega al domicilio donde es recibido por la víctima, lugar donde la redujo, sujetándola de las manos, llevándola al segundo piso donde estaba el dormitorio matrimonial (…) la hace arrodillarse mirando hacia la ventana, al lado de la cama con la cabeza hacia abajo. El se pone al lado de ella, le coloca una bolsa en la cabeza para ocluir las vías respiratorias, dándose cuenta que muere cuando deja de moverse y se orina en el lugar. Luego de ello explica que toma una bajada de cama y arrastra el cuerpo hasta una buhardilla que está en el mismo dormitorio”, narraron ese día en el Juzgado de Puerto Varas lo fiscales que investigan el caso.