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En la comuna de Huechuraba, en Santiago, en una casa de tres pisos custodiada por dos perros negros, un grupo de siete jóvenes de entre 18 y 23 años, pasan, de lunes a viernes, ocho horas diarias sentados frente al computador trabajando. No son oficinistas y hace tres años que profesionalizaron su hobby: son jugadores profesionales de League of Legends (LoL).

Se trata del equipo de Kaos Latin Gamers (KLG), una agrupación de jugadores de distintos videojuegos, que suman en total más de 70 personas, aunque el staff que habita en Huechuraba son sólo los cinco chilenos competidores y su manager nacional, además de un brasileño y un argentino que son expertos en la materia.

Gracias a los campeonatos ganados, algunas marcas y empresas se han fijado en este grupo de videojugadores, financiando tanto sus sueldos y los del equipo técnico, como los gastos de la casa y la infraestructura necesaria para entrenar. A esto se le agregan los premios monetarios obtenidos en cada triunfo.

El lugar lo manejan y mantienen un chileno que vive en la misma casa y un puertorriqueño que viaja de vez en cuando. Éstos organizan las ganancias, ven que no les falte nada al equipo y hacen cumplir los horarios de trabajo y las reglas de la casa.

La residencia KLG

Al entrar, lo primero que se ve es una sala con un sillón y dos televisores. Aquí se analizan las partidas que han jugado, para estudiar sus errores y mejorar su táctica.

En el primer piso también se encuentra la cocina y el comedor. “Disculpa el desorden”, es de las primeras cosas que dice Francisco Osorio, alias Raver, como se llama dentro del juego LoL.

Raver llegó a la organización hace un año y medio. “Trabajaba como relator de los partidos de videojuegos. Me hice conocido por hacer streaming en Internet. El 2013 empecé a trabajar para la selección chilena [de LoL], la que fue a China. Por ese trabajo me contactaron para trabajar acá. Llegué como entrenador y terminé siendo dueño del 50% de KLG”, indica el licenciado en pedagogía en inglés de 28 años.

En el segundo nivel de la casa se encuentran las habitaciones. Una de las dos piezas con camas de dos plazas es de Raver; la otra del capitán del equipo, Felipe Pastenes. En el mismo piso, una pieza con cuatro camas -un camarote y una cama nido- y un colchón apoyado en la ventana, es la designada para los jugadores.

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Finalmente, en la tercera planta es donde la magia ocurre. Varios computadores encima de escritorios y frente a cómodas sillas negras mirando hacia la pared, se reparten los jugadores por toda la habitación. Cada equipo tiene sus audífonos con micrófono, con el que los jugadores se comunican entre ellos en cada partida y relatan su experiencia en vivo vía streaming para sus seguidores.

Aquí, ya se encuentran instalados jugando dos de los habitantes de la casa, mientras otros se relajan en sus camas o merodean por el lugar.

KGL no sólo instaló la primera Gaming House de Chile, sino que la mejor, un título que alcanzaron después de haber ganado cada campeonato en el participaron durante el 2015, siendo el último la Copa Latinoamericana de LoL.

El puertorriqueño José Martínez -Cuballende, como se llama en el mundo gamer- fue quien fundó KGL en 2012. “Justamente este domingo cumplimos tres años”, cuenta el extranjero de 36 años.

La idea surgió al darse cuenta que Chile tenía un alto potencial de jugadores de videojuegos.

“Viendo los mercados de Europa, Norteamérica y Asia, vi que un equipo profesional siempre tiene una Gaming House. Es lo que tienen los equipos en todos lados del mundo, menos en Latinoamérica. Por eso decidimos ir poco a poco armándola. La idea era darle el toque profesional a todo”, recuerda Cuballende.

De hecho, Raver recalca este profesionalismo contando que “esta es una Sociedad por Acciones, está reconocida ante el Servicio de Impuestos Internos y ya llevamos un año pagando impuestos”.

Cuballende asegura que hay una notoria diferencia entre un equipo que vive en una Gaming House y una que no. “La seriedad es distinta, la concentración de los muchachos es 200% diferente y el rendimiento es el triple”, argumenta.

El puertorriqueño explica que dos meses atrás eran la única Gaming House en Chile. Pero en los últimos meses, otros equipos fueron adquiriendo la suya, como los de Isurus Gaming, Furious Gaming, Rebirth Esport y Last Kings.

“Somos la primera casa en Chile y la segunda en Latinoamérica; la primera fue en Uruguay”, aclara.

Los jugadores entrenan contra equipos de Brasil, ya que, según Raver, los chilenos aún no se encuentran al nivel que necesitan para entrenar y superarse.

Explica también que la dinámica es la misma básicamente en todas las casas de juego alrededor del mundo: se juegan dos partidas al día -las que luego se analizan-, los jugadores cumplen un horario, tienen suplentes y trabajan con un equipo técnico.

Las reglas del juego

Durante la semana, los jugadores se despiertan aproximadamente una hora antes de empezar su jornada laboral, que se inicia a las 15:00 horas y termina a las 23:00.

“Como todo gamer, nos despertamos tarde; somos nocturnos”, dice Cuballende.

El resto del día están libres de acción, pero Raver cuenta que, por lo general, también juegan en sus horas libres. “No es tanto lo que salen, y por eso hay bastante trabajo físico. Pero nos ha pasado que se estresan mucho; tienen crisis, bajan el rendimiento, se ponen depresivos. Pasa mucho en este tipo de ambiente”, admite.

Las visitas ahora están restringidas; sólo pueden recibir a sus parejas. Para el ingreso de amigos y familiares, debe darse aviso previo. “Antes llegaban no más y el único requisito era que no podían subir al tercer piso, por ser el lugar donde entrenan”, explica Raver.

Sentimiento gamer

Los que habitan en esta casa dedican su vida a esto. “Renunciaron a cosas de su vida; familias, casa y todo”, dice Cuballende. Eso sí, señala que “una regla para nosotros es no permitir que el jugador abandone la escuela; si tienen muchas cosas preferimos que ‘agarren’ la universidad”.

El fundador, que juega entre seis y ocho horas diarias, explica que “para mí, los videojuegos son un estilo de vida ya; una cultura. Yo como padre que soy, me gustaría ver más a mis hijos jugando en la casa que en la calle, como está hoy día la cosa en la calle”.

Por su lado, Raver asegura que no se imagina haciendo otra cosa. Dice que los videojuegos sólo trajeron cosas positivas a su vida, transformándolo en una persona más completa. Por ejemplo, jugando aprendió inglés y portugués, éste último debido a que se mantuvo dos años compitiendo en Brasil.

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Desde su cama, el menor de la casa, Julio Berríos, de 18 años, dice que le gusta vivir ahí, que lo pasa bien conviviendo con gente que le interesa lo mismo que a él: los videojuegos. Por eso se fue a vivir a la Gaming House apenas salió del colegio.

Además, cuenta que gracias a esto ha podido viajar por varios países, como México, Argentina, China, Turquía y Brasil.

Salió del colegio el año pasado, afirma que le fue bien en la PSU, reuniendo un puntaje que le permitirá estudiar psicología en la Universidad de Chile dentro de un año, ya que este lo dedicará por completo a KLG.

Asegura que su familia lo apoya, pero sólo gracias a las conversaciones que Raver sostuvo con su madre, para que le permitiera explotar su talento.

El equipo técnico

La vida de un gamer profesional puede traer varias consecuencias tanto físicas como psicológicas. Para enfrentar esto, Raver ha reclutado a un psicólogo deportivo, un kinesiólogo y una nutricionista para tratar a su equipo.

El kinesiólogo trabaja tres veces a la semana con los jugadores. “Piensa que son personas que juegan de lunes a viernes, que entrenan muchas horas al día, entonces por lo general vas a tener muchos problemas a las muñecas y a la postura, que siempre es muy encorvada”, sostiene Raver.

En la parte psicológica, se trabaja la mecánica de grupo. Esto, para lograr una buena convivencia y la cohesión del equipo. Pero también se trata el ámbito personal, ya que pasar tantas horas encerrados frente a un computador puede afectarlos de forma negativa.

“Tratamos de combatir esas cosas, por eso tienen horarios de entrenamiento, entonces ellos pueden hacer lo que quieran antes de las tres de la tarde. Pueden salir; los fines de semana son de ellos”, asegura el manager.

Además de las visitas de estos profesionales, una asesora del hogar trabaja de lunes a sábado manteniendo la casa. Es la única mujer pese a que no hay restricciones de género para participar del juego: el único requisito es ser mayor de 17 años.

Grito y plata

Las Gaming House resultan ser un negocio rentable, ahora que las empresas de videojuegos -como Riot Games, creadora de LoL- están invirtiendo muchos recursos para profesionalizar a los jugadores, según cuenta Raver.

Agrega que es una práctica que ocurre recién desde el 2015. “Vienen haciendo competencias desde el 2013, pero no involucraban mucho dinero. Ahora ya te dan la posibilidad de pagarle sueldo a tus jugadores, mantener una organización y el apoyo igual es significativo”, declara.

Por otro lado, los sponsors y los contratos con empresas también resultan un ingreso monetario relevante, permitiéndoles a los jugadores gozar de un generoso sueldo -ganan alrededor de un millón al mes-, sobre todo luego de haber ganado todos los campeonatos en los que participaron durante el 2015.

“Ahora firmamos con una empresa un contrato millonario, el más grande de la historia de los videojuegos de Latinoamérica”, menciona la cabeza chilena de KLG.