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Andrea C. se encontraba en su lugar de trabajo cuando recibió un inesperado llamado a su celular. Eran las 12:33 del martes 6 de agosto de 2014 y quien intentaba ubicarla era su hija mayor para contarle que a la casa que compartían, ubicada en la calle Santiago de Uriona, en la comuna de Quinta Normal, llegó personal de la Policía de Investigaciones (PDI) para llevarse detenido a su hijo, de iniciales R.S y de 16 años en ese entonces, conocido como el “Milico Chico” en el barrio.

Sin entender qué es lo que pasaba, Andrea C. se fue a su casa, quería saber cómo estaba su hijo. Al llegar, encontró a R.S inquieto, descolocado y con evidentes signos de estar drogado.

-¡Hijo qué pasa!
-Mamá, dicen que maté a una persona. Las voces me dicen que fui yo, que le dejé el cuello con sangre. Yo no fui, fue el Andrés -relata Andrea.

Fue en ese momento que Andrea se enteró que su hijo de 16 años era sospechoso del crimen de Matías Michea, el estudiante de teatro de 19 años que murió luego de ser degollado por un grupo de jóvenes en el sector de Plaza Italia cuando intentaban robar un celular.

Un año y cinco meses después de la imagen de R.S arriba de un carro policial de la PDI, el “Milico Chico”, hoy mayor de edad, fue sentenciado a tres años y un día por ese crimen. Andrea y el defensor público, Cristián Calvo, no creen en la teoría y pruebas que presentó la fiscalía e insisten que en los hechos participó un adulto.

EL MILICO CHICO

Andrea recuerda que la única vez que su hijo dio indicios de querer aprender, fue cuando iba en el colegio Ciudad Educativa de Pudahuel. A pesar de sus intentos para superar la frustración, algunas veces se mostraba violento con sus compañeros y un día, cuando comenzó a enterrarse clavos en los brazos, el director del establecimiento llamó a Andrea. La citó a una reunión y le dijo que no le renovarían la matrícula a su hijo por ser un mal ejemplo para los otros niños.

Al enterarse de la noticia, R.S se encerró en su pieza. De acuerdo a un informe pericial del SML, después de varios intentos para que saliera, Andrea abrió la puerta a la fuerza y al entrar vio a su hijo colgado del cuello con un cinturón. Tenía seis años.

Durante su infancia, el “Milico Chico” pasó por seis establecimientos. El primero fue el colegio Estado La Florida y fue el único que no era para niños con problemas de aprendizaje. Ahí estuvo solo un año y fue derivado al Centro Comunitario de Salud Mental (Cosam) de Pudahuel.

Según un informe pericial del SML, a primero básico solo asistió dos meses porque a medida que pasaban los días, su resistencia para ir a clases aumentaba. Su madre, en conversación con The Clinic Online, dijo que en más de una oportunidad se tiró del furgón que lo pasaba a buscar, mientras estaba en movimiento, para lograr quedarse en su casa. Sus compañeros lo molestaban porque R.S no tenía control de esfínter y como sus primeras palabras las comenzó a decir a los cinco años, eran evidentes sus dificultades al expresarse.

-No se sentía a gusto en los colegios. Ahí empezó el tema del bullying a mi hijo, porque al no controlar esfínter y al no poder hablar bien, era motivo de burla. Él no podía aprender lo que los otros niños iban aprendiendo. Si bien eran colegios especiales, él iba mucho más abajo que los demás. Ahí empezó su frustración –recuerda su madre.

En el Cosam comenzaron a recetarle medicamentos para que estuviera más tranquilo y después lo derivaron al Centro de Referencia de Salud (CRS) de Pudahuel, donde fue tratado de forma irregular por sus constantes fugas, desde los 6 hasta los 12 años. Aquí fue diagnosticado con trastorno de conducta severo. De manera posterior estuvo interno en la Fundación Coanil, institución para niños con discapacidad mental, pero de este lugar también se escapaba para estar en la calle. Esa dinámica sumada a la poca capacidad que tenían algunos centros especializados para atenderlo, impidió que R.S pudiera terminar los tratamientos que empezaba.

-Yo trabajaba todo el día y él se quedaba solito en la casa o a veces con su hermana. Entonces ahí empezó a escaparse –comenta su madre.

Andrea recurrió a la Oficina de Protección de Derechos (OPD) de Pudahuel, donde le recomendaron diferentes colegios en los que podría matricular a su hijo, pero en algunos lo rechazaron por su perfil psicológico y en otros lo expulsaron por mala conducta.

El 2009 su madre trató de internarlo en el Hospital Roberto del Río, pero siempre estuvo en lista de espera ya que no había camas disponibles. Un año después el Tribunal de Familia de Pudahuel solicitó su ingreso nuevamente pero la respuesta fue la misma. Entre los años 2010 y 2014 ingresó 10 veces al CREAD Pudahuel, administrado por el Sename, pero aquí no se registraron atenciones psiquiátricas, según un informe pericial del psiquiatra Rodrigo Paz.

R.S tenía siete años cuando se escapó por primera vez de su casa. Sus primeras fugas tenían como destino la Plaza de Armas.

La gran mayoría del día, el “Milico Chico” se encontraba solo en su hogar. Su madre trabajaba y su hermana iba al colegio. Con Ítalo S., su padre, nunca tuvo una relación cercana. De acuerdo a un informe pericial de Paz, sus padres se separaron debido a la existencia de violencia intrafamiliar, infidelidades y alcoholismo del padre.

Respecto a Ítalo, el “Milico Chico” contó a los peritos del SML, que “lo conozco pero no estoy ni ahí, porque le tengo mala, porque es weón. Se fue a los dos años. Por eso hago lo que hago y nadie ha hecho de papá porque les pego, me vuelvo loco, me dan las crisis. Cuando tiro todas las cosas pa’l aire y me dan ganas de matarme, ahí prefiero salir pa’ la calle a veces, se me cambia el carácter al tiro”.

A los nueve años comenzó a consumir marihuana, alcohol y pasta base. Otras veces se drogaba con bencina o se tomaba entre dos o cuatro de pastillas de clonazepam al día, según detalló a especialistas del Servicio de Psiquiatría Forense de Unidad de Imputados.

La mayoría de estas sustancias las conseguía con gente que conocía en la calle y con el objetivo de conseguir dinero para seguir consumiendo, comenzó a robar. Hasta el momento de su detención acumulaba 34 causas por robo con sorpresa y una por robo con intimidación. En un día podía llegar a robar 100 mil pesos.

Fue en esta etapa cuando se ganó el apodo de “Milico Chico”, por su parecido con un supuesto lanza de Plaza Italia conocido como “Milico Grande”.

-Él apadrinó a mi hijo. Lo conoció en la calle. Varias veces lo invitó a la playa, a comer cosas en restaurantes. Yo creo que quería ganarse la confianza de mi hijo para utilizarlo –explica Andrea a The Clinic Online.

En este tiempo, R.S tuvo un nuevo intento de suicidio: trató de tirarse del Puente Pío Nono frente a Carabineros.

Cada vez que el “Milico Chico” se metía en problemas, decía que era Andrés quien se apoderaba de su cuerpo y lo obligaba a hacer cosas que no quería. “Cuando me entra el demonio, cuando me da rabia, digo que es el Andrés, que es mi otra personalidad”, comentó R.S a los especialistas del SML.

Ese martes 6 de agosto de 2014, después de culpar en reiteradas ocasiones a Andrés, la PDI tomó detenido al “Milico Chico” por su responsabilidad en el robo con homicidio y robo con violencia de dos universitarios: Matías Michea y José Cortés.

LA MUERTE DE MATÍAS MICHEA

El día antes de que la PDI irrumpiera en la casa de R.S, José Cortés, según su declaración, salió a las 9 de la mañana para dirigirse al UNIACC de la calle Salvador donde estudia teatro. Como de costumbre, se encontró con su compañero de curso Matías Michea y después de asistir a clases almorzaron juntos.

Unas horas más tarde, a las 17.50, fueron al teatro Espacio Ceat, ubicado en el barrio Bellavista, para trabajar como garzones en un cóctel que se realizaría de manera posterior a una obra de teatro. Estuvieron ahí hasta las 21.15 y después, en compañía de otros amigos que estaban en el lugar, fueron a un bar que quedaba cerca.

A las 1 una de la madrugada se fueron del local y caminaron por la calle Pío Nono, cruzando el Puente del Río Mapocho. Pasaron por frente del Telepizza hasta cruzar la Alameda a la vereda sur. En ese lugar se separaron de sus amigos y José le dijo a Matías que se devolvieran para comprar sopaipillas.

Estaban en eso cuando al llegar a calle Merced, José fue abordado por un grupo de niñas. “Frente a mí se pararon tres mujeres de 15 años aproximadamente, las cuales hicieron el acto de ponerse a bailar para que yo las mirara, instante en que de inmediato se me acercó un joven de la misma edad, el cual introdujo su mano en el bolsillo delantero derecho de mi pantalón, sacando mi teléfono celular”, según expresó en su declaración solicitada por la fiscalía, a la que tuvo acceso The Clinic Online.

De manera posterior, José detalló que se armó un “forcejeo” y que perdió de vista a Matías, quien siempre estuvo alejado de la riña. En ese momento José sintió un golpe en su hombro derecho. A los segundos se dio cuenta de que el golpe había sido una puñalada y vio que Matías estaba en el suelo con una herida en su cuello.

Por su ubicación, la cámara de seguridad de un edificio particular solo captó lo sucedido hasta antes del ataque a ambos estudiantes. R.S, al ser consultado por los peritos sobre su participación en los hechos, respondió con diferentes versiones. Al del Instituto Psiquiátrico Dr. José Horwitz Barak le dijo que en esos momentos no se encontraba en sus cinco sentidos, que estaba “volado” y que se había tomado tres clonazepam.

Al psiquiatra forense Rodrigo Paz le dijo: “Me acuerdo que estábamos en Plaza Italia y vi a unos gallos pegándole a una amiga. Fui y les pegué, después no me acuerdo. Me agarré a combos y después me arranqué para el puente”. También le confesó que había consumido clonazepam y que había se había tomado unas “baltilocas”.

Luego le contó que su polola, con la que tiene una hija de un año, lo llevó a su casa, lugar donde la PDI encontró el celular de José.

LAS PRUEBAS DE LA FISCALÍA

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El pasado miércoles, el Cuarto Tribunal de Juicio Oral de Santiago sentenció a R.S a dos condenas de tres años y un día de internación en régimen cerrado, con un programa de reinserción social, como autor de la muerte de Matías Michea y por el delito de robo con violencia a José Cortés.

Debido a que desde el día de la muerte de Matías, el “Milico Chico” se encuentra en el Centro de Internación Provisoria (CIP) San Joaquín, se abonarán 525 días a la condena total.

Las pruebas de la fiscalía que determinaron la culpabilidad de R.S de manera unánime por los tres jueces del Tribunal, se basaron principalmente en el testimonio de dos testigos. Uno de ellos afirmó que vio cuando el “Milico Chico” sacó un cuchillo y le dio una puñalada en el cuello a Matías. Además el organismo determinó que en las imágenes rescatadas por la cámara de seguridad de un edificio, es posible ver cuando este testigo estaba en la calle Merced presenciando la pelea.

Otro testigo, que se encontraba en una banca del Parque Forestal, señaló que vio cuando un sujeto le robó el celular a José y después observó que a seis metros de donde se encontraba, llegó corriendo una persona que apuñaló a Matías y a su amigo. En un principio este testigo dijo que la persona tendría alrededor de 30 años, pero después aclaró que el individuo no tendría más de 20.

Por su parte, la defensa de R.S., a cargo del abogado Cristián Calvo, explicó a The Clinic Online, que existen algunas contradicciones en la investigación que impiden probar que efectivamente R.S fue el autor de los delitos y cuestionó al testigo que identificó al “Milico Chico” como el responsable.

-Él dijo que vio a mi defendido acuchillar a Matías Michea, pero cuando le consulté si era consumidor de drogas me reconoció que sí. Y cuando le pregunté si ese día se encontraba bajo los efectos de las drogas, también me dijo que sí –expresa.

Por otro lado, el abogado destacó que existen testigos que identificaron al “Milico Chico” como parte del grupo que estaba en Plaza Italia ese día, pero que no percibieron si fue él quien apuñaló a los estudiantes.

-También hay dudas de quién es esa persona que cruzó desde el Parque Forestal. Por las características que se dieron, se podría señalar que fue mi defendido, pero esas características coinciden con otra persona que declaró como testigo en el juicio y que es un adulto habitual en Plaza Italia, y que además mi defendido tiene su mismo sobrenombre porque se parecen –comenta.

El abogado solicitó que R.S sea declarado inimputable, ya que tras las pericias realizadas por el psiquiatra de la defensa, Rodrigo Paz, se determinó que presenta un retardo mental que se complicó con un trastorno del ánimo y agregó que mientras no tenga un tratamiento adecuado, este seguirá evolucionando.

Sin embargo, el Tribunal solo consideró las pericias realizadas por el SML, del Instituto Psiquiátrico y del Instituto Psiquiátrico José Horwitz Barack, quienes determinaron que R.S tiene un retardo mental, pero este no le impide tener juicio de la realidad ni tomar decisiones.

Pese a que para Andrea su hijo es inocente, considera que si queda en libertad podría volver a delinquir.

-Podría ser un peligro para sí mismo y para los demás. Continuaría robando para seguir consumiendo –dice.

Ella no es la única que cree en la inocencia de R.S, pues Alfredo Michea, padre de Matías, también lo cree. Su teoría se origina en que el día que ocurrió el incidente, un cajero del Telepizza, ubicado en Plaza Italia, le dijo que la cámara del local captó cuando un “tipo sangrando” entró al lugar. Alfredo no aceptó revisar las imágenes de inmediato y después, cuando Carabineros lo intentó, dijo que no aparecía nada. Además se llevaron el material en un pendrive, pero después no pudieron abrir el archivo.

Como último intento, la policía volvió al Telepizza para recuperar el video, pero este se habría borrado.

-Yo creo que él es inocente de asesinato pero sí estuvo en el robo. Quedé tranquilo con la condena, porque a raíz del robo fue que mataron a Matías. Pero por el otro lado no estoy tranquilo porque tengo muchas ganas de saber qué ocurrió –explica en conversación con este pasquín.

Por su parte, la Defensoría Penal Pública estudiará la sentencia para evaluar un recurso de nulidad.