Sergio Bustos, Caso Caval

Era comienzos de febrero hace un año y la presidenta Michelle Bachelet creía que tendría unas tranquilas vacaciones en Caburga como todos los años. Sin embargo, no esperaba que un testimonio afectara su popularidad -bajó en las encuestas más de 30 puntos- tan grave como lo hizo el “Caso Caval” y la envolviera a ella y a su familia una tormenta familiar: su hijo Sebastián Dávalos y su nuera Natalia Compagnon, formalizada por los delitos tributarios.

El autor de esta obra digna de una escena teatral de los mejores dramas es Sergio Bustos, el informante que dio a conocer a la revista “Qué Pasa” el 6 de febrero del 2015 los negocios que sostenían los parientes más cercanos de la Mandataria en la venta de un terreno en Machalí por $6500 millones de pesos.

“Creo que a los otros 12 que estuvieron en la formalización les hubiera gustado darle una camotera a Valero por no haberme pagado. Mira lo que les costó”, dice Bustos al cuerpo de “Reportajes” de La Tercera sobre el caso que afectó a la familia de la presidenta y que involucró a la empresa Caval, propiedad de Compagnon y Mauricio Valero, ambos con medidas cautelares luego de la jornada de formalización acontecida a fines de enero en el Juzgado de Garantía de Rancagua.

Según el Bustos, él trabajó entre mayo de 2013 y octubre de 2014 como un asesor de Caval. Una de sus labores más importantes fue conseguir un préstamo bancario para adquirir las 44 hectáreas en Machalí que el síndico Herman Chadwick le estaba liquidando a la familia Wiesner como parte de un convenio judicial. Aunque, debido a que no le pagaban -le debían cerca de $160 millones entre sueldos y una remuneración de 5000 UF por lograr el préstamo- amenazó con demandar a sus empleadores. Estos no lo pescaron e incluso le desafiaron a hacerlo. A partir de ahí, inició una demanda laboral que perdió el año pasado pero también buscó apoyo en los medios.

“Necesitaba un seguro de vida. No quería que se destapara todo, porque iba a pasar lo que pasó: que iba a perder todo. Pero sí quería que algún medio periodístico importante tuviera parte de esta información por si me pasaba algo”, confiesa.

“Tenía miedo. Con gente como esa, podía pasar cualquier cosa. Un sicario por cinco millones de pesos te mata un pollo. Yo los encontré mafiosos” agrega al referirse a las personas involucradas en la trama del “Caso Caval”.

Además, cuenta Bustos que recibió “recados” y que no todos los medios de comunicación creyeron su versión. Contó que llamó al director de una conocida radio pero éste decidió no darle importancia al caso.

“Algún recado me mandaron, pero amenazas, no. Esta gente tiende a ser cobarde, andan con el cuchillo por la espalda. Por eso, quería que alguien tuviera algo. Llamé a todos los medios, a todo el mundo. Al señor de los suspensores (Tomás) Mosciatti le escribí y no me infló. Qué Pasa sí estuvo”, revela.

“Lo más divertido de esto es que la señora Natalia Compagnon mandó a una abogada amiga suya a negociar conmigo y Levine a Talca. Una tal “Catarina”, nunca supe su apellido. Después desapareció. Su actuación fue hasta la semana previa del juicio laboral, cuando me estaban ofreciendo los $ 160 millones. Ella fue con la Grace (Alvarez). Esta última me dijo que no entendía a esta gente, me dijo que estaba de paso, pero parece que no fue tan así, porque sigue metida en la defensa de Compagnon. Llegaron a Talca, al restorán Los Ganaderos. Cerramos en $ 160 millones. Aceptamos recibir $ 20 millones al contado. Les costó juntarlos, porque el abogado (Antonio) Garafulic tuvo que ayudar a reunir la plata. Pero resulta que el saldo era en un ‘futuro cercano’ y a mí se me prohibía decir nada de Caval. Tenía que pagarles 5.000 UF si decía algo. Y resulta que se iba a firmar una escritura ante notario, pero no me iban a dar copia. Ahí, con mi abogado, Rodrigo Lillo, pedimos un cheque a 60 días para el saldo. Dijeron que lo iban a consultar con Valero y al día siguiente no llegaron a la notaría. Al rato llamó la Grace a Rodrigo y le dijo: ‘Mira, yo estoy decepcionada, pero acá no han llegado y no voy a ir sola’. Así que se suspendió la reunión y de ellos nunca más se supo”, cuenta uno de los principales testigos de este polémico al ser consultado si en algún momento pensó en deponer su demanda.

Al referirse si se sintió “perseguido”, Bustos no duda y responde que “totalmente. Hoy en día, sí, totalmente. Creo que hay una persecución, pero descarto totalmente, para que no me vengan a confundir con asuntos de política, que la señora (Michelle) Bachelet supiera de este tema. Si me preguntas ahora si la señora Bachelet estuvo metida, yo creo que no. Definitivamente, no”.

Asimismo, profundiza en su teoría de que la Jefa de Estado no sabía nada y afirma que los envueltos en el caso mentían en las reuniones para tener buena reputación sobre quiénes eran sus contactos políticos.

“Hoy día no les creo a esos desgraciados ni lo que rezan. Pero si estábamos en reuniones y agarraban el teléfono para decir ‘Aló, Peñailillo’. Ese era Valero”.

“A ese trío, compuesto por Mauricio Valero, Marcelo Carreño y Victorino Arrepol, no le creo nada. Esos gallos son ases de la mentira (…). Pero así es el tipo de gente con que se mete este gallo (Valero), si este gallo es de bajo fondo, de bajo mundo. Por lo que yo lo conocí y por lo todo en lo que andaba metido el chato. Si se sabe todo, yo creo que va a ser brava la cosa. Este gallo estaba metido en otras cosas inmobiliarias, tiene negocios afuera. Si viajaba cada 10 días para Estados Unidos, no sé qué negocios tiene por allá”, acusa Bustos y echa más fuego a la leña que podrá complicar la situación judicial de uno de los propietarios de Caval.

Sobre si siente algún arrepentimiento de ser el responsable de la caída de la popularidad de Bachelet, Bustos es tajante y dice no sentirse “cómodo” con la situación.

“No me acomoda nada. Me gustaría olvidarlo, porque me ha traído puras malas consecuencias. Yo me voy a olvidar de esto, pero el problema que le causaron los de Caval al país fue grande, la cagaron. Ella (Bachelet) nunca va a ser la que era. Su error fue no haber agarrado de las orejas al hijo y haberle dado una pateadura”, argumenta.