armando-uribe-031

“Le tengo temor a la muerte, pero no por dejar esta vida, sino más bien de condenarme al infierno, que es un lugar donde no hay nadie más”, confiesa en entrevista con La Segunda el poeta y abogado chileno, Armando Uribe, quien a sus 82 años dice que padece de una condición denominada “claudicación intermitente”.

Uribe habla del amor, de su mujer Cecilia -fallecida en 2o02-, de la salvación, del aborto, y de la miseria humana.

Asegura que lo que más quisiera es reencontrarse con Cecilia, pero que para ello se debe recibir la gracia, que no se consigue por mérito, sino por misericordia. “Y en la miseria que yo considero que estoy por ser como soy, sólo me queda esperar”, admite.

Ahonda en ese punto y dice que conoce lo mísero que es, y “que desgraciadamente, y aún sabiéndolo, sigo actuando con soberbia”. “Por tanto, soy más miserable aún. Y aunque pida perdón, no saco nada, porque vuelvo a cometer el pecado. Y el daño está hecho”, agrega.

Toma una pausa para referir que ya no le dan ganas de escribir, pues con todo lo que ha publicado ya es más suficiente. Tras esa lapidaria confesión, mira por la ventana (cita el vespertino) y elabora una teoría:

“Los seres humanos estamos condenados a la tonteras, hacemos tonteras todo el tiempo. Los pecados, si lo pensamos bien, tienen límites. Hay una lista de pecados posibles. Por algo uno se confiesa. Pero, ¡la tontera es infinita! No paramos nunca de hacerla, incluso cuando pensamos que no hacemos tonteras, ya estamos haciéndolas. Esa es la medida de las personas”.

Su relación con el catolicismo

Uribe es católico, cree, recibe la comunicación y reza todos los días por Cecilia. Aún así tiene un visión crítica.

Dice por ejemplo que hay mucha superstición en la Iglesia Católica, y que él mismo tiene una propensión a persignarse todo el tiempo. “No lo podía evitar, y es muy peligroso, porque pasamos al terrenos de la idolatría”, asegura.

Finalmente, como católico, reconoce ser contrario al aborto, que es un sentimiento que tiene desde chico, pero que de todos modos son temas que lo aburre, pues para él lo medular es “seguir a Jesucristo”.