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Eugenio Tironi, exdirector de la Secretaría de Comunicaciones del Gobierno durante el mandato de Patricio Aylwin, conocía al hoy fallecido presidente desde mucho antes que trabajara en la campaña del plebiscito de 1988 o de su entrada al Ejecutivo.

“Su abuelo era primo de mi abuelo materno. Entonces yo conocía a Don Miguel, el papá de Don Patricio, cuando ellos vivían en San Bernardo. Sus hijos estaban en el mismo colegio mío. Mi mamá también tenía una relación con ellos. Entonces siempre tuvimos noticias de él, desde muy chico”, cuenta el sociólogo y consultor privado.

Por eso fue el elegido, según él mismo cuenta, para ir a mostrarle unos resultados que consiguieron con un “estudio de mercado” que realizaron en el CIS -el grupo que formó con Juan Gabriel Valdés y Mariano Fernández- en 1986 para medir el riesgo al que estaban dispuestos los chilenos para librarse de Pinochet. Fueron resultados que mostraban que los chilenos estaban dispuestos, pero a lo que fuera menos riesgoso. Ahí comenzó una relación que se afianzó con el trabajo de la Franja del NO y luego cuando en el verano de 1990, Aylwin lo llamó a sumarse al equipo de Gobierno.

Acá cuenta algunas de sus definiciones sobre lo que ocurrió en los cuatro años de ese mandato, al alero de Enrique Correa y otros que acompañaron a Patricio Aylwin Azócar en el primer gobierno democrático después de la dictadura de Augusto Pinochet.

La primera Secom

-Durante la franja (del NO), no trabajé muy cerca de él, porque estaba metido en el tema comunicacional y de contenidos. Pero cuando se empieza a armar el gobierno, ese verano, me llama Enrique Correa y me dice que Don Patricio me quería ver. Lo fui a ver y me propuso que asumiera la Secretaría de Comunicaciones. Que pucha, era como tomar la dirección de la Dina. Dinacos, en concreto. O sea, le cambiamos el nombre y un poco los estatutos, pero era eso. Y ahí empezamos.

Aylwin candidato

-No, a mi me parecía obvio que él iba a ser el candidato. Primero porque era la cabeza de la Democracia Cristiana y junto a Boeninger, llevan a la DC a un lado para el plebiscito. Y segundo, la conducción que lleva para acercarse a los socialistas, la izquierda no comunista. Además porque él fue muy clave en tejer el acuerdo al que llegó la Concertación, que fue un acuerdo muy costoso, muy fino. De artesanía. Porque los jóvenes de hoy no logran captar lo profundo que era el quiebre entre la DC y la izquierda. No olvidemos que la izquierda culpaba a la DC de apoyar el golpe de Estado, y la DC culpaba a la izquierda de llevar la democracia al despeñadero. Entonces, había una distancia sideral. Yo pertenecía a un mundo, un poco de intelectuales, que venía recuperando la relación con los democratacristianos, que veníamos construyendo una interpretación de lo que había pasado. Pero era un grupo muy pequeño, a nivel de militantes y adherentes había un quiebre muy profundo.

El equipo de la Transición

-Él tenía un amigo con Krauss, tenía a Correa y a Boeninger. Armó un equipo… más Alejandro Foxley en Hacienda. Y don Pancho Cumplido en Justicia. Y Ricardo Lagos en Educación. Tenía un elenco espectacular. Claro, Aylwin tenía una característica que confiaba mucho en su equipo. Que tenía un chief of staff con Edgardo Boeninger, que tenía una opinión sobre todos los temas. Que cumplía muy bien una función como visagra entre los ministros y el presidente. El ministro del Interior con absoluta confianza era muy importante. Y claro, tenía a Correa, que cuando fue nominado nadie imagino que tendría las dotes comunicacionales que tuvo, que tenía buena relación con muchas de las autoridades de la izquierda. El PS, el PPD, el PC, sobre la cultura. Foxley era la cabeza económica de la oposición, que venía de Cieplan. En todos lados estaban los Cieplan Boys. Y Pancho Cumplido también era de su absoluta confianza y era su mente jurídica. Con él creo que echó a andar la Comisión de Verdad y Reconciliación. Todo eso pasó por las manos de Pancho Cumplido. Y todas estas figuras secundadas por gente muy joven, que veníamos de una cuna común, que habían sido estas ONG antipinochetistas. Y todos habíamos participado en el tema del NO. Nos conocíamos muy bien. Jugábamos de memoria.

Renovación del primer día

-En este caso fue algo así como la renovación estética. Su gran hito fue la franja y lo que vino después un poco fue la continuación de eso. El 10 de marzo, la tarde anterior en que asumiera Aylwin, nos entregaron La Moneda y fuimos un grupo a ver qué podíamos hacer esa misma noche para remodelarla. O sea, sacamos un gobelino, la silla alta que usaba Pinochet para diferenciarse de los ministros. Remodelamos un poco los salones. No sabíamos entonces que estaba lleno de micrófonos. El día siguiente, la transmisión de televisión del cambio de mando, de Pinochet a Aylwin en el Congreso, que fue la entrada de don Patricio Bañados. Un momento espectacular cuando el locutor que había sido el típico de las cadenas de Pinochet deja de transmitir y le pasa la palabra al Pato Bañados. Y cambia el switch, el director que estaba pinchando de TVN.

Acto del Estadio Nacional

-Era un riesgo gigantesco. Que iba a ser una provocación, un atentado por parte de los ex CNI, porque se decía en ese entonces que el nuevo gobierno no iba a ser capaz de poner orden y que esto iba a ser como volver a la UP. Pero insistimos y lo hicimos. Fuimos con Jaime de Aguirre a hablar con él y la señora Leonor, para explicarle que tenía que cruzar la cancha del Estadio Nacional con una alfombra que íbamos a poner. Con la música del dispensiero. Chuta y convencerlo de que estuviera dispuesto a eso. Al final se convenció. Le dijimos que no fuera con taco alto. Todo esto era un mensaje en el fondo, a los militares, a Pinochet. El presidente al que le rinden honores, que cruza la cancha, que lo aplaude el estadio entero es Patricio Aylwin. Y después todo lo que hicimos ese día. Hicimos unos spots con un slogan que decía “Así me gusta Chile”.

Guerra de símbolos

-Creo que los hitos principales fueron el cambio de mando, el funeral de Allende y la comisión por la Verdad y la Reconciliación. El resto fue guerra de guerrilla. Y bueno, también fue la emancipación de TVN y, en cierta medida, la decisión de no ocupar las armas que ocupaba la dictadura. O sea, si la dictadura ocupaba la censura, nosotros no. Si la dictadura usó comprarse a los medios y a los periodistas, nosotros no. Si la dictadura usó el subsidio para ocuparlo como medida de control, nosotros no vamos a ocuparlo como control. Y si esto significa problemas, mala raja. Pero el resto fue guerrilla, primordialmente con Pinochet. Permanentemente habían exabruptos y se armaban pequeñas batallas entre un Pinochet que quería lesionar la imagen del presidente y un presidente que estaba obligado a reafirmar su autoridad. Y estos eran puros símbolos. ¿Cuánto tardaba en llamar Pinochet a La Moneda? ¿Cuánto tarda en ir a La Moneda? ¿Por dónde salía, si por la puerta o por subterráneo? Esto era como ‘la guerras de Gila’. Porque estábamos nosotros en La Moneda, “operando”, digamos, y el comité asesor en Bandera, también operando. Nosotros sacábamos un comunicado explicando a los periodistas, ellos presentaban otro. Y se veía en la noche en el noticiario y al otro día en el diario cuál era la versión que ganaba. Nos consumía mucho tiempo, pero fue una guerra que ganamos. Mira quién es Pinochet hoy día y quién Aylwin.

Las amenazas

-Habían como cuatro amenazas. Una era Pinochet, por lo que ya he mencionado. La segunda era la de una crisis económica, que estaba a punto de estallar porque Pinochet había sobrecalentado la economía para poder ganar el plebiscito. Y después con Büchi. La tercera era un desbordamiento de las demandas, particularmente las de los pobladores. En ese momento el gran desborde eran las tomas de sitios y habían habido varias con Pinochet. Así que imagínate con Aylwin. Ahora, en estos tiempos, hablamos de Bajos de Mena, que se mandó a la gente a Puente Alto, lo que es todo cierto. Todo eso fue como las pelotas. Pero la alternativa en ese momento eran las tomas de terreno. En ese contexto, Alberto Etchegaray fue un héroe bastante silencioso y muy importante. Y el cuarto factor era el terrorismo. O que las víctimas o familiares de víctimas de Derechos Humanos se tomaran la justicia por sus manos, más aún cuando el sistema judicial chileno se tomó bastante tiempo en meterse de lleno en los temas de DDHH. Y lo hizo al principio bastante a regañadientes, empujado por Aylwin cuando recibe el informe y le pide que investiguen. Y cuando cuestiona la Ley de Amnistía.

La Oficina

-El tema de la violencia política era un tema muy grande. Había quedado dando vueltas. Lo teníamos en Irlanda, en España, y claro, llegó un momento en que estuvimos cerca de eso. No solo con lo de Jaime Guzmán. Hay que recodar también que tenía un control relativo de Carabineros. Tampoco tenía un gran control sobre la PDI, que además era en ese entonces muy débil. Y los aparatos de inteligencia de la Fuerzas Armadas estaban trabajando en ese tiempo para el otro. Tenías a centenas de agentes de la CNI exonerados o que se mantenían en el Ejército de alguna manera para que no salieran a hacer trabajos, “pololos”. Ese es el trabajo que hicieron en el Ministerio del Interior con Burgos, con Schilling, en cuanto a crear un sistema de seguridad pública paralelo, civil, que permitiera desmantelar lo que quedaba del FPMR y lo que quedaba del Lautaro, que estaban esperando el fracaso el gobierno, igual que Pinochet. Pinochet para volver a la dictadura y los otros para la revolución armada.

Asesinato de Guzmán

-Yo creo que lo de Edwards fue importante internamente, pero no tuvo tanta repercusión pública. Lo que sí fue fuerte fue lo de Guzmán. Y ahí hay que reconocerle a los antiguos coroneles de la UDI su sangre fría y su compromiso dogmático. Yo creo que si la UDI hubiera tenido un ataque histérico y hubiese disparado a mansalva contra el gobierno y hubiese acusado de haber abdicado sus funciones, las posibilidades de habernos acercado a una asonada o un golpe. En ese sentido, la figura de Aylwin fue clave para esta contención, y la de Krauss.

Boinazo

-El otro momento es cuando estaba Aylwin en Moscú y ocurrió el Boinazo. Eso Aylwin lo resintió mucho, como una traición. Como un acto antipatriótico. Ahora Aylwin tenía la sangre fría de enfrentarse a Pinochet, de invitarlo a un tecito. Siempre lo recibía con un texto de la Constitución. Y cuando le reclamaba, la citaba. “Pero aquí dice esto y esto lo escribió usted”, le decía. Él tuvo una misión muy importante de contener a Pinochet, que era como contener a un lobo herido. Un lobo herido con muchísimo poder, que podría haber provocado mucho daño.

Aylwin, el componedor

-A Aylwin le tocó vivir los años 60, 70, que fueron años de mucho mesianismo. Desde la “revolución en libertad”, después “la de empanada y vino tinto”. Estaba también el sueño castrista, después los Chicago Boys. Siempre soluciones globales. Pero Aylwin nunca fue proclive a esa solución del mundo y a esa visión de la política. Él siempre fue un componedor, un artesano. Un tipo que sabe reconocer a la resistencia, sortearla, rodearla y finalmente superarla. O si es necesario, asociarse con ella para obtener los resultados que busca. Que sabe manejar los tiempos, manejar la pausa. Y que no persigue principios utópicos. Que es mucho más realista. Y aparte que tiene este talante católico. Para la utopía, el cielo; la tierra es para soluciones intermedias.

La medida de lo posible

-Esta frase de La medida de lo posible es inmensamente respetable. En eso consiste la política, es conseguir que las cosas pasen, que tengan continuidad. Para eso su primer arma era la diplomacia, la negociación. La política no está basada en leyes, está basada en negociaciones.

La deuda

-Yo estuve nada más que esos cuatro años en el Gobierno. Y Aylwin tuvo una gracia: en el gobierno habían muchos tipos como yo, súper pragmáticos. Súper realistas, súper conscientes de los límites. Además, curados de espanto. Pero Aylwin no, era de otra generación. Creo que lo pasó muy mal durante la dictadura por no haber llegado a un acuerdo con Allende y con la Iglesia. Y yo creo que si él se hizo líder de la Concertación, candidato y después presidente es porque quería saldar esa deuda. Pero él tenía más sentido de lo que no era transable.

El perdón

-Por ejemplo, yo reivindico en la comisión de Verdad y Reconciliación cómo sorprendió a todos su ministros. No sé los más cercanos, pero nosotros los más jóvenes no teníamos idea. Me imagino que lo armó con Pancho Cumplido. Cuando él hace su discurso y pide perdón a nombre del Estado de Chile, puta yo estaba tan conmovido como el camarógrafo, al que le temblaba la cámara. Cuando él dice que el mercado es cruel o que él no va a un mall, nadie lo pauteó. Cuando él tiene la sospecha de que alguien podía estar negociando con Pinochet después del boinazo, él pega un solo grito. Porque Aylwin era enojón, más enojón que la cresta. Un solo grito y se acabó la hueá.