Fidel dedo

El millonario chileno, Nicolás Ibáñez, exdueño de los supermercados Lider, escribe una columna en el diario El Mercurio, en donde fustiga el legado de Fidel Castro en Cuba.

“No es un juicio ideológico, sino cosa de hechos y evidencia. Cuba pasó de ser una de las sociedades más promisorias y de mejor nivel de vida de la región -eso sí, con las carencias propias de un país que nunca consolidó una democracia- a lo que ha sido durante las últimas casi seis décadas: una prisión en el Caribe, arruinada y dependiente, primero de la URSS y luego de Venezuela. Además de eso, la dictadura ha azotado sin piedad a los cubanos y los ha subyugado, llegando hasta cierto punto a habituarlos a la resignación y la mediocridad”, lanza al principio de su diatriba.

Luego, Ibáñez sostiene que “para mantenerse en el poder, los Castro han ideado y practicado atrocidades espeluznantes”.

Al respecto, expone que “crearon un aparato estatal represivo, con su policía secreta y Comités de la Defensa de la Revolución, maestros de la vigilancia, la delación y el tráfico de suspicacias. La maquinaria propagandística es digna del Ministerio de la Verdad de George Orwell, y el diseño de las instituciones es un sistema de cadenas y muros que asfixia la libertad y la dignidad de las personas”.

“Cualquiera más o menos informado y sensato sabe que, por esto y más, los cubanos no simplemente emigran, sino que escapan”, sentencia.

Agrega que “para colmo, dado que no se ha producido una transición a la democracia, como en Chile, no ha habido Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación”.

El empresario apunta que “Castro muere tras décadas de dominio totalitario y se da el lujo de recibir los halagos post mortem de tantos líderes, entre los cuales figura nuestra Presidenta”.

“¿Qué hay detrás de este doble estándar? ¿Dónde quedan la racionalidad y el sentido común? ¿Por qué la complicidad de tantos líderes, supuestamente promotores de valores morales sólidos, que además no estarían dispuestos a vivir bajo un régimen oprobioso?” profiere.

“Las utopías tienen un poder inmenso, a veces superior al de cualquier argumento racional o de lo que la evidencia contundentemente demuestra. Los prejuicios morales y las pasiones hacen lo suyo, y frecuentemente nos enamoramos de los discursos y de las “buenas intenciones”, como las de Fidel Castro, redentor de los desposeídos, luchador contra el imperialismo, héroe de los oprimidos y liberador de América Latina. Que haya sido todo lo contrario o que haya destrozado a su país y causado tantos males a la región, pues se niega o se olvida deliberadamente. O inconscientemente, en el mejor de los casos, por presión de las pasiones sobre la razón y el pensamiento crítico característico de la actitud liberal”, escribe tajantemente.

Para cerrar, indica que “la muerte de Castro y la declaración de la Presidenta, como la de tantos que hoy elevan a héroe y santo a un tirano, nos brindan una oportunidad para entender que en la arena de las ideas y de los sentimientos es donde se está jugando el futuro de nuestro país”.