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Hasta ahora, transcurridos ya 27 años desde el fin de la Dictadura de Pinochet, no había registros de detenidos desaparecidos debido a su orientación sexual y no a razones políticas, como fueron la gran mayoría de los casos. La revista Sábado cuenta el llamado “Episodio homosexual”, la primera historia que se conoce de una persona ultimada por agentes del Estado por el hecho de haber sido gay. Dos policías de la PDI reconstruyeron el episodio, incluso con el rostro de la víctima, que por lo pronto nadie ha reclamado ni reconocido.

El aparente relato confuso de un marino retirado, senil, enfermo, fue -casi de manera circunstancial- la pista que permitió a los detectives Enrique Guzmán y Rosa Otárola juntar las piezas para reconstruir un crimen que tuvo lugar en los albores de la dictadura, y que hasta estos días ese el primero cuya motivación fue la inclinación sexual de la víctima.

Cuenta Sábado que Bernabé Vega, marino ya retirado, llevaba 35 años esperando un llamado que finalmente se produjo en 2010 cuando dos efectivos de la PDI de Arica le dijeron que necesitaban verlo. Por entonces, Guzmán y Otárola llevaban algún tiempo investigando caso de violaciones a los Derechos Humanos y, de hecho, se encontraban indagando la muerte de Grober Venegas.

En ese afán, una vez trasladado a Arica, y en busca de confirmar datos, Guzmán y Otárola llevaron a Vega a la cuesta de Acha, lugar en el que le consultaron si esa había sido la única ejecución en la que había participado. Tras asentir, el interrogado zanjó: “La única fue la del homosexual”.

Esas seis palabras les permitieron a los detectives, quienes se miraron asombrados, entender que estaban frente a un nuevo caso, pues Grober había muerto en Azapa y no era homosexual.

La respuesta de Vega, que bien pudo sonar a confusión en un principio, fue el inicio de una serie de diligencias que dieron con las circunstancias del crimen y con el rostro de la víctima reconstruido.

Lo primero que lograron los policías fue identificar a toda la planilla del CIRE de Arica, una de las tantas células represoras de la Dictadura que, en los hechos, actuaban de manera menos formal que la DINA y que estaban compuestas por personas de distintas instituciones.

En esta CIRE es que había estado Vega y Héctor Morales, otro marino interrogado respecto de esta nueva hebra. El capitán Ricardo Padilla era quien estaba a cargo de dicho organismo de inteligencia.

Crédito: PDI

“Con el paso del tiempo, y por comentarios realizados por otros funcionarios, a algunas personas detenidas se las llevaba a lugares alejados y se las ejecutaba”, declaró Vega, quien en un principio propuso hacerse cargo de los papeleos para evitar las salidas a terreno.

“El homosexual”

La alusión de Vega al crimen del “homosexual”, rondaba en la cabeza de los dos policías, pero no dejaban de pensar que podía tratarse de una confusión, acaso propia de una hombre senil, cuya memoria comienza a deteriorarse. Sin embargo, por la cantidad de detalles, daba la sensación de que algo había, de que se estaba ante un suceso, al menos, inédito en los miles de registros de violaciones a los derechos humanos. La posterior declaración de Vega ante la jueza María Verónica Quiroz seguramente despejaría las dudas.

“Un día de 1975, Padilla me dijo que el destacamento que estaba en el Morro de Arica estaba teniendo problemas con un homosexual civil que estaba pervirtiendo a los soldados conscriptos, siendo sorprendido en un acto de esa naturaleza con un conscripto en los faldeos del Morro. Debe haber estado detenido unos tres días en el cuartel del CIRE, tiempo en el que se le pidió que le escribiera una carta a la familia, reconociéndoles su condición y anuciándoles que se iría al Perú, ya que estaba siendo amenazado por agentes del gobierno militar. Entiendo que la carta se le hizo llega a su familia posteriormente. Mientras este tipo estaba recluido en el cuartel, el capitán Padilla me indicó que debía ir con Morales en horas de la noche y ejecutar al homosexual, ya que era un peligro para los soldados y no merecía vivir. A eso de las 23:30 fuimos en un vehículo de color gris que contaba con tres corridas de asientos. Iban: Padilla, Morales, Mercado, Castro, Catalán, el detenido, y yo. Cuando salimos del CIRE, nos dirigimos a la salida sur de Arica, debimos habernos demorado 15 minutos. Dejamos el vehículo en la carretera, subimos el cerro a pie hacia el oriente, encontramos un soldado de guardia. El capitán Padilla le dijo que no se preocupara si escuchaba disparos, que realizarían una práctica de tiros. Tras avanzar unos 60 metros,  nos encontramos con dos grandes orificios en la tierra, de unos 15 a 20 metros de profundidad. Alguien tiró una piedra, la que demoró en llegar al final. Al detenido le dijeron: Hasta aquí no más llegaste. En ese momento este hombre quedó frente a los dos hoyos. Morales y yo detrás y a unos dos metros el resto. Mis compañeros hicieron un semicírculo, se le colocó una venda de esponja en la cabeza. Padilla dijo que viéramos la forma en que lo íbamos a hacer. Contamos hasta tres y disparamos al unísono, dos veces, cayendo el tipo en la arena. Usamos una Smith and Wesson 38 corto, la que era de cargo de la Armada. Disparamos a 50 centímetros de la cabeza. Morales era más alto que yo, que tuve que levantar el brazo. No podría precisarlo, pero los que acompañaban el grupo deben haber empujado el cuerpo dentro  de la orilla de los hoyos.  Una vez terminado esto, nos retiramos del lugar. Durante el camino del vuelta al CIRE, los funcionarios que iban conmigo me dijeron que estaba bien hecho. Como alentándome, y reconociéndome que ya era parte del grupo”.

El testimonio de Vega corrobó que el crimen era, en efecto, el de una persona distinta a la de Grober cuando le mostraron la foto y dijo que se trataba de otro tipo.

A pesar de todo, los detectives sólo pudieron dar crédito a la denuncia cuando, meses después, fueron hallados en el sector del crimen unos restos, jeans, una camisa blanca. y un esqueleto… con una venda de esponja en la cabeza.

Antes de que se zanjara el hecho y de que de tanto Vega como Morales fueran condenados, hubo careos, Morales contó dos versiones, pero finalmente se resolvió todo. La sentencia para los dos fue homicidio simple, pena que cumplen en libertad, con firma mensual.

Crédito: PDI

Los detectives Guzmán y Otarola resolvieron el crimen, se logró reconstruir lo que sería el rostro de la víctima, se dio con el nombre del conscripto sorprendido en el cerro teniendo sexo con el asesinado, pero hasta ahora, nadie reconoció ni reclamo los restos. Estos siguen en un pabellón del SML, a la espera de la orden de la justicia para que sean enterrados en el Cementerio General.

“Siempre he pensado que si más gente viera la foto, algo podría pasar”, dice la detective Otárola, quien hoy trabaja en Santiago, en la Brigada de Derechos Humanos.

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