La navidad del 2011, Sixta Muñoz Retamales, 19 años, cenó con su familia. Pasada la medianoche, se fue a una fiesta en casa de su amiga Natalia Tramolao, en la calle Media luna de la comuna de Buin. Fue la última navidad que celebró. Esa noche Leonardo Azagra Valdivia (25 años), la asesinó a piedrazos en la cabeza en la orilla del Río Maipo. En 2013 fue condenado a 10 años de cárcel por homicidio simple. Estaba cumpliendo su condena hasta que el lunes pasado, aprovechó un traslado a los tribunales de San Bernardo para fugarse.

Fue una escape cinematográfico. Antes de pasar a su audiencia en el tercer piso del juzgado, Azagra le pidió al gendarme que lo custodiaba ir al baño. Entonces sacó un cuchillo de su ropa, le cortó la cara a su custodio y en medio del forcejeo le quitó su arma de servicio. Se sacó las esposas y la chaquetilla de imputado. Armado ingresó a la sala de audiencia, apuntó a la cabeza del magistrado Sergio Henríquez, a quien tomó como rehén. Utilizándolo como escudo humano, arrastró al juez escaleras abajo hasta salir del tribunal. Ahí disparó varios tiros al aire, detuvo a un colectivo, hizo bajar al conductor y sus ocupantes y se dio a la fuga. El auto fue encontrado en la comuna de El Bosque y hoy Azagra es buscado por la policía.

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Años antes de su espectacular fuga, según consta en la sentencia contra Azagra, la noche del crimen, Sixta disfrutaba con sus amigos en la fiesta de navidad. Cerca de las 1:30 hrs. de la madrugada, Leonardo y su excuñado César Salas, después de cenar junto a otros familiares, salieron en una camioneta a comprar alcohol, pero estaba todo cerrado. Cuando ya iban de vuelta a su casa, escucharon la música que provenía de la casa de Natalia Tramolao. Se acercaron a la puerta y pidieron permiso para sumarse a la celebración. La mamá de Natalia, María Pino, accedió. Ya eran las 2:30 hrs. de ese 25 de diciembre de 2011.

Mientras Leonardo y César se mezclaban con los invitados, tomaban alcohol junto con pastillas. Entonces Sixta llamó la atención de Azagra. Media hora después, César le pidió a Leonardo que fuera a dejarlo a la casa porque ya estaba muy borracho. Azagra lo hizo y le comentó que regresaría a la fiesta a “comerse a Sixta”.

Cerca de las tres de la madrugada, volvió a la fiesta. Leonardo se acercó a Sixta y su amiga Jessica Contreras, ambas bailaban juntas. Se presentó y les dijo que tenía plata en el cajero. Les pidió que lo acompañaran a sacar dinero para comprar cigarrillos y más alcohol. Jessica no quiso y los dejó bailando juntos.

Durante dos horas, el asesino y su victima bailaron, rieron y conversaron, relataron varios de los testigos presentes. Según declaró Jessica fue “como un flechazo” entre ambos, incluso Sixta le comentó que encontraba buen mozo a Azagra.

Cuando ya eran las cinco de la madrugada, Leo salió de la casa, más atrás iba Sixta. Jessica le preguntó dónde iba. La joven le contestó que a caminar y comprar cigarrillos con Leonardo. Ella le advirtió que no lo conocía y que mejor no fuera. Pero Sixta no escuchó la recomendación. Ambos se alejaron caminando juntos por la ribera sur del Río Maipo.

El camino por la ribera del Maipo a esa hora todavía estaba oscuro y es de difícil acceso, aunque los vecinos que viven por ahí suelen ocupar el sendero, que está rodeando de piedras de gran tamaño, parte del sedimento del río.

No existen antecedentes concretos de qué fue lo que sucedió previo al ataque, pero se presume que Azagra intentó abordarla y Sixta lo rechazó. El primer golpe fue un puñetazo en la cara, la joven intentó defenderse cubriéndose con sus brazos. En medio del forcejeo, Azagra le dio un segundo golpe con un piedrazo en la cabeza que la derribó y dejó inconsciente. Luego el criminal le azotó la cabeza varias veces contra las piedras.

Los golpes fueron de tal magnitud que le fracturaron el cráneo y le generaron un trauma encéfalo craneano que le provocó la muerte. Antes de abandonarla en el lugar, Azagra la mordió cuatro veces en sus hombros y espalda. Fiscalía intentó utilizar este último antecedente para acreditar ensañamiento en el crimen como agravante, pero los tribunales no aceptaron el argumento y descartaron el cargo de homicidio calificado, que pretendía el Ministerio Público y la parte querellante.

Aproximadamente entre las 6:00 y 6:30 hrs., de la mañana, Leonardo llegó a la casa de su familia muy alterado. Según la declaración de su excuñado César, a quien la familia de Azagra intentó convencer de que mintiera, venía “pasado a sangre, tenía los pies mojados hasta la cintura, tenía sangre salpicada en la cara y en la ropa” y decía que se había “mandado una cagá”, que había matado a una pareja “porque se le había picado a choro”.

Entre los gritos, Azagra le pidió a su familia que lo ayudaran a escapar y amenazó con que de lo contrario se mataría. Su padre lo fue a dejar a la carretera para que tomara un bus con dirección a Temuco, donde vivía uno de sus hermanastros.

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La mañana del 25 de diciembre, Leonardo Reinoso tomó un bus en dirección a San Bernardo y se quedó dormido. Despertó pasado el puente del Rio Maipo. Para devolverse cruzó el puente caminando y fue ahí cuando divisó el cuerpo de Sixta y avisó a Carabineros.

Los peritos que llegaron a la escena del crimen, cerca de las 11:00 hrs., encontraron el cadáver de espalda. Tenía los pantalones y ropa interior abajo, la polera levantada sobre el ombligo, graves lesiones en su cabeza, el pelo revuelto y una gran cantidad de sangre. Las piedras a su alrededor también estaban manchadas de sangre.

Cuatro días después del asesinato, el 29 de diciembre de 2011, Leonardo Azagra fue detenido en Temuco y trasladado a Santiago, donde quedó en prisión preventiva.

El actual fugitivo no reconoció el crimen. Después de cambiar varias veces su versión sobre lo ocurrido, durante el juicio penal en su contra, declaró que todo se trató de un accidente. Reconoció que salió junto a Sixta a comprar, pero según su versión ambos empezaron a discutir porque él era casado y tenía dos hijos. Sostuvo que ella lo agredió e insultó y en medio de la discusión, cuando iban cruzando el puente, Sixta accidentalmente cayó al río. Dijo que luego trató de ayudarla, la movió del lugar, pero murió en sus brazos. Por eso se asustó y huyó del lugar.

Sin embargo, su versión fue desestimada por la justicia. Las pruebas y peritajes demostraron que la muerte se produjo por los golpes directos en la cabeza de la víctima y en ningún caso por una caída desde altura, que provoca otro tipo de lesiones en los cuerpos.

“Todo este cúmulo contundente y coherente de antecedentes probatorios, permitió establecer que efectivamente las lesiones que presentaba la víctima y que dieron cuenta los peritos, entre ellas las mordeduras, fueron producidas en un contexto de agresión, y que en este contexto la lesión principal, y que en definitiva ocasionó el traumatismo cráneo encefálico que le provocó la muerte, como da cuenta el certificado de defunción, se produjo necesariamente por fuerzas o golpes en la cabeza de la víctima con un elemento contundente”, dice parte de la sentencia.

En cuanto a la versión del asesino, la sentencia especifica “se descartó totalmente la posibilidad de que dicho traumatismo contuso fuere ocasionado por la caída de la víctima desde el puente Maipo, tanto en razón de las lesiones que presentaba el cuerpo como considerando las características y evidencias del lugar del sitio del suceso. Como se ha expuesto precedentemente, los peritos médicos Sotelo Quintana y Bustos Baquerizo fueron contundentes en que el cuerpo de la víctima no presentaba ninguna lesión de aquellas típicas o características de una caída de altura”.

La defensa de Leonardo también intentó acreditar problemas de tipo psicológico, que no estaba en pleno uso de sus facultades mentales, para que fuera considerado como una atenuante. Sin embargo, esto también fue descartado con peritajes psicológicos.

“El equipo multidisciplinario concluyó que el acusado presentaba un trastorno de personalidad limítrofe y un trastorno por abuso de sustancias psicoactivas y alcohol, pero que sin embargo tales diagnósticos no comprometían su responsabilidad en los hechos que se investigan, explicando el médico Elgueta Alvarado que los trastornos de personalidad limítrofe son alteraciones de las formas de ser que no son patológicas, es decir, son una variante de las formas de enfrentar conflictos donde prima la impulsividad, la ira, la irritabilidad, el descontrol impulsivo; siendo el acusado una persona capaz de entender la diferencia entre lo lícito y lo ilícito y capaz de auto determinar su conducta, estando su responsabilidad totalmente indemne”, explica el tribunal en su sentencia.

Finalmente, el 9 de septiembre de 2013, Leonardo Azagra, que tenía 20 años cuando mató a Sixta y antecedentes por robo con intimidación, robo en lugar habitado, amenazas, lesiones y hurto, fue condenado por homicidio simple a presidio mayor en sus grados mínimo a medio, es decir, una pena de 10 años de cárcel efectiva por el asesinato de Sixta Muñoz Retamales.