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Poder

20 de Junio de 2017

La mapuchización política de Francisco Huenchumilla

Luego de su bullada salida del cargo de intendente de La Araucanía en 2015, Francisco Huenchumilla vuelve por partida doble: anuncia su candidatura a senador por la DC en la IX Región y publica su libro “Plurinacionalidad: el nuevo pacto” (Pehuén Editores), del que presentamos un extracto del capítulo introductorio Cómo enfrentar el siglo XXI, en el que explica su proceso de maduración política y de adopción de sus raíces indígenas, y vierte sus ideas para terminar con el conflicto mapuche.

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Yo pensé que mi vida política había terminado. De ser intendente -y de la forma en la que me sacaron— han pasado más de dieciséis meses y no he podido volver a la tranquilidad. La política me persigue, todo el tiempo. Me quiero escabullir y surgen nuevos derroteros, nuevos caminos que me hacen volver. No he podido desprenderme de ella. He sido alcalde, diputado, intendente, ministro, subsecretario. Sólo me falta ser senador y presidente de la República. Frente a eso, he tomado la decisión de ir a una candidatura senatorial el año 2017. Ya que la política no me quiere dejar, entonces la tomo definitivamente y vamos a dar esa pelea.

El senador es una autoridad política nacional. Lo primero es tener una mirada del país; no creo en los senadores o en los diputados que tienen una mirada corporativista respecto a un determinado sector. Por lo tanto, siempre he descartado ser un candidato mapuche o un senador mapuche, el reduccionismo resta protagonismo en el resto de los temas; entonces, ¿por qué me voy a auto mutilar respecto al desarrollo y los problemas de la región y del país? Aspiro a ser senador de la República y estar en condiciones de opinar sobre todos los temas, e incidir en los problemas que tiene el Chile del siglo XXI. Si tenemos una candidatura, haremos una propuesta política integral en la que, por supuesto, el tema mapuche tendrá un capítulo especial: en mi condición de mapuche tengo una política respecto al mundo indígena que voy a defender.

(…) Hay varios ejemplos de los que se puede sacar un buen modelo. Convendría examinar la filosofía que tiene el gobierno de Estados Unidos, tan neoliberal, que sin embargo fue capaz de establecer un marco jurídico de cierta autonomía respecto a muchas tribus. La ventaja es que funciona en Estados Unidos y no ha significado para nada quebrantar la unidad de esa “gran nación”, porque el miedo que se tiene en Chile es que al hablar de autonomía se está pensando que habrá un país dentro de otro país.

A mí me gusta la experiencia del parlamento Sami de Noruega, cómo participa en las inversiones, en el desarrollo. O Colombia, que tiene una corte constitucional notablemente progresista —si pudiéramos llamarlo de esa manera—, que ha logrado interpretar muy bien el Convenio 169 de la OIT y ha establecido espacios de cierta autonomía en el manejo de las justicias vecinales y locales. Pero los pueblos indígenas no son tema en la política chilena, tampoco dentro de la Democracia Cristiana, mi partido. Hay más bien una cuestión clientelista, como tener dentro del organigrama un departamento que diga “indígena”, pero no como una política de fondo y sustantiva respecto a hechos colectivos. Proponen más caminos, más escuelas, más emprendimientos, más capacitación, pero no entran al tema político. Esto es por un asunto cultural y también por la debilidad política de los propios pueblos indígenas, que han ido en un proceso de acumulación de poder lento.

Eso mismo ha contribuido a que el mundo mapuche e indígena en general sean minoría en Chile, y en otras partes son más potentes. Mi historia en la DC refleja esto. No es que la DC haya promovido un liderazgo mapuche, y yo tampoco entré a la política y a la DC como un liderazgo mapuche; ingresé a la DC como un liderazgo que nació en la universidad. Para mí el tema de la identidad nació después: siempre me identifiqué como un político que podría haberse llamado Francisco González. Pero me llamé Francisco Huenchumilla y soy un político. Después, en la medida que me fui teniendo una formación integral, descubrí este mundo. Fue un proceso de aprendizaje, de maduración política y de adopción de identidad, pero fue un proceso que viví yo, no que la DC haya promovido. El mérito que sí tuvo la DC es que a pesar de que nunca me dio ningún tratamiento particular ni me subsidió en nada, tampoco me coartó ni censuró respecto a mis posturas acerca del mundo mapuche. Y nunca esas opiniones han menoscabado el rol de reconocimiento que tengo al interior de la DC como dirigente político. Lo cierto es que hubo un desarrollo de mi personalidad política.

Durante la época de Pinochet, en la Dictadura, yo era un abogado que ejercía mi profesión en Temuco, y me iba muy bien: tenía mi oficina y buena clientela. Pero era un abogado de oposición a Pinochet, a la Dictadura, pero nada que ver con el mundo indígena. Mi primera candidatura, en el año 1989, fue netamente política y no dije “voy a representar a los mapuche”, sino que soy diputado por Temuco y Padre Las Casas y voy a representarlos a todos. Si yo hubiera dicho “soy dirigente mapuche, quiero el voto mapuche y soy el representante de la bandera de los mapuche” probablemente no hubiera salido, me habría reducido. A partir de ahí comienza mi proceso: abandono mi profesión, me dedico a la política y, como soy una persona que siempre está estudiando y leyendo, lentamente fui entrando en el tema mapuche y una de las primeras cosas que hice fue presentar un proyecto de reforma constitucional, luego de haber participado en comisión de la elaboración de Ley Indígena. (…) Mi diseño estratégico no fue ser un buen mapuche representante en el parlamento, sino que ser un buen diputado. Por eso trabajé en las comisiones más importantes de la Cámara: en la comisión de Hacienda, en la de Defensa y en la de Constitución; era catalogado como un buen diputado que no levantaba las banderas del mapuchismo, sino que era un diputado calificado dentro de la bancada y la Cámara, pero sólo con las banderas de la eficiencia del punto de vista político. Cuando se me dio la libertad política de expresarme completamente fue cuando se me nombra intendente, pero ya tenía mi proceso de maduración política en su parte más alta. Ese nombramiento me encuentra en ese proceso y dije “me la voy a jugar con todo, porque éste es el cargo que yo necesitaba”.

PLURINACIONALIDAD: EL NUEVO PACTO
Francisco Huenchumilla
Pehuén Editores, 2017, 107 páginas.

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