Casi pasa inadvertida, había que poner ojo para atender que en la columna que escribe Juvenal Olmos, el “perro verde”, para LUN sobre Milovan Mirosevic, había una talla. Fome, pero broma al fin.

Cuenta Olmos, para resaltar la figura del volante de la UC que acaba de anunciar su retiro de la actividad, que en medio del partido con Argentina en Buenos Aires en 2003, cuando la Roja se trae un heroico 2-2 (Mirosevic fusilaría para poner el descuento) “el duelo se había trabado y la pelota no rodaba limpia por ningún sector del campo. Casi todas las jugadas terminaban en refriega, manotazos y pechazos. Fue en ese momento en que Marcelo Bielsa cometió su único error de la jornada, al dejar solo a la Brujita Verón como volante de contención”.

Ahí, en ese momento del relato, antes de afirmar que entonces se da cuenta que el hombre clave para entrar y desequilibrar es Mirosevic, es que Olmos aventura la talla. Quizá pensando que algún cristiano se reiría dice textualmente que Verón era “un jugador superdotado en sus características técnicas y de gran personalidad”, pero -acá el atrevimiento- “con menos marca que una goma de borrar”.

Como la talla pasa colada, lo que sigue es que Olmos recuerda que “mi pensamiento fue instantáneo: el Milo. Sí, Milovan Mirosevic debía encarar por el callejón central en todas las pelotas que pudiera recepcionar y desde ese momento en la banca nos pusimos a gritar como locos para estimular esa acción de juego. Así llegó el descuento del Milo, así lo empatamos después con el gol del Choro Navia”.