La clase media que antes era pobre, cuyo ethos está forjado en el mall, básicamente en la expansión del consumo, es para el abogado y rector de la UDP, Carlos Peña, el segmento socioeconómico que decidirá la elección presidencial cuya primera parada es el próximo 19 de noviembre.

Peña define a este grupo -en columna en El Mercurio- como aquel que “en un breve lapso (apenas dos décadas)” ha “cambiado radicalmente sus condiciones materiales de existencia”. Por ejemplo, cita que “han accedido a bienes como la vivienda, el automóvil, la elección de colegio o la educación superior, cosas que apenas ayer les parecían una quimera”.

En términos culturales, Peña refiere que están definidos por lo que el jurista y político francés Alexis de Tocqueville llama “la pasión por el consumo”. En ese sentido -sostiene- anhelan bienes estatutarios, como los autos.

Ahora bien, la clase media no sólo vive y se alimenta de esos anhelos, advierte Peña, pues también subyace en ella el eterno miedo de las carencias. Como eso de volver al estado anterior de las privaciones.

Hecho el análisis, Peña dice que entonces “ignorarla es el error del Frente Amplio; identificarla, el acierto de Sebastián Piñera; confundirla con la antigua mesocracia, el defecto de Guillier; mimetizarla con la familia decé es el problema de Goic”.

Sobre el primero, escribe que “comete el error de interpretar esas demandas que son propias de los grupos medios surgidos a la sombra de la modernización como si ellas fueran un rechazo a esta última”.

En el programa del candidato de la derecha, analiza, “al atender a las demandas de los grupos medios no ha hecho abandono de lo que suele llamarse modelo de Chicago. El modelo de Chicago -salvo que se le sustituya por una caricatura- se mantiene; solo que ahora sus técnicas tradicionales apuntan a los grupos medios que son, no hay que olvidarlo, quienes hasta hace poco eran los pobres”.

Sobre Guillier, afirma que “está cometiendo dos errores que urge corregir”. “El primero es confundir a la vieja y angosta clase media surgida a la sombra de la expansión estatal con los nuevos y amplios grupos medios que son resultado de la expansión del consumo (…) Y el segundo es creer que la sobriedad, el recato y el pudor (tradicionalmente atribuidos a la vieja clase media que disfrazaba así lo que era simple escasez) son una virtud intelectual. Y no es el caso”.

Finalmente, cree que en el caso de Goic, “está en medio de un problema que no parece, a estas alturas, tener solución”.

“Parece ocurrirle a ella lo que le sucede a toda la decé: creer que los grupos medios son como las comunidades de vida cristiana o esos encuentros pastoriles de Punta de Tralca. Creer que basta declarar los valores éticos para contar con una conducta que los realice. Y ocurre que nada de eso entusiasma a esos grupos medios que acaban de descubrir la experiencia de la autonomía, que es siempre una experiencia que se vive como transgresión”, explica.