Mi nombre es Karl Marx, nací en el barrio Bellavista de Santiago de Chile. Estudié Filosofía, Sociología, Letras y Leyes en la Universidad de Chile, luego hice varios doctorados en Europa. Vivo con mi estupenda esposa y mis amadas hijas. Sé que soy un empedernido mujeriego, hasta el punto de haber tenido un hijo fuera del matrimonio de quien se hizo cargo mi querido amigo, el empresario viñamarino Engels. Publiqué varios libros, pero mi bestseller es “El Capital”, que catapultó mi nombre de manera inesperada (no es cierto, sabía que iba a ser un boom) y ahora me pidieron que escribiera columnas y artículos para el diario The Clinic acerca de la penosa situación política de Chile. Muchas coaliciones de derecha y de izquierda me rogaron que fuera su candidato presidencial pero yo me negué tajantemente. Hay un cierto escritor y dramaturgo llamado Galemiri que va a estrenar en este mes una obra sobre mí y, como buen judío/chileno como yo, se está aprovechando de mi prestigio mundial. ¿Qué sabe él sobre mí y mi obra? Nada. La propiedad es un robo, es lo primero que le diría.

Volviendo a lo que me pidieron, como soy hombre de una sola palabra, partiré diciendo que todas las candidaturas a las presidenciales, senatoriales, de ambos bandos, son una mierda reaccionaria. Tal como la revolución francesa, donde los burgueses llamaron a los proletarios a ir al frente de la revolución, y luego de ganarla fueron apartados, es lo mismo que pasará nuevamente en Chile. De modo que todas las fuerzas dominantes del proletariado, traicionarán a la clase trabajadora, una vez instalados en sus cenáculos patéticos de poder. La cuota de plusvalía de la que yo hablo en “El Capital” (la pueden adquirir en Catalonia, Prólogos y Metales Pesados), instrumento envenenado de la nueva burguesía, continúa aplicándose ahora, incluso con mayor rudeza en el centro de los núcleos de pobreza. Piñera y su ridículo cuarenta por ciento, que es el mismo cuarenta por ciento de Pinochet. Por lo tanto, él es el neo-Pinochet. De manera que el representante de “la centro derecha” con camisa blanca, varias cirugías, 3.500 millones de dólares y el estúpido reloj rojo, representa con bastardo orgullo a los fanáticos seguidores del tirano Pinochet. Como en el drama de Sófocles, “Edipo Rey”, está condenado a ser nuevamente Presidente de Chile. Vanidoso, narciso, muy inculto, nunca sabremos por qué intensamente busca serlo. Es nuestro castigo como país sumido en la ignorancia y el rencor.

Por otro lado, Guillier representa a una especie de ventrílocuo, que como buen pequeño-burgués no respeta su origen, y lo que habla no es él, sino la voz de un ventrílocuo, que es él mismo, pero que no lo sabe. También es reaccionario y virulento. Haría un gobierno de pacotilla, porque la malentendida “centroizquierda” es un peso repugnante para la gran explosión dialéctica que busca el proletario, el trabajador, el pequeño agricultor, el mapuche, los ancianos. Ninguna coalición va a gobernar para ellos, porque todos, pero todos, son malos políticos. Ninguno ha leído La República del inmenso filósofo llamado Platón, que habla de un Gobierno regido por filósofos. De hecho, ninguno ha leído sistemáticamente nada. Nada. Veo a muchos seudo-marxistas y me meo en los pantalones de la ira. El único que podría hacer algo por Chile es el muy ingenuo, pero de corazón de abuelito, Tomás Moulián. Pero cuando tuvo la oportunidad, todos lo traicionaron.

Aquí Karl Marx, el que dio vuelta el mundo cuando dijo “Nadie nace revolucionario. Menos yo”. Beatriz Sánchez, que no tiene claro lo que es la lucha política de la clase obrera, parece recién salida del fastidio de la radio y va en búsqueda de aventuras amorosas no políticas. El frente amplio es un eslogan plutócrata, deleznable. Al final en todos los candidatos opera la subordinación del dinero o las máscaras, porque todos nacemos con una máscara, pero lo importante es saber cuál es la original. Ha llegado el momento de que la revolución deberá acontecer en Chile. No la patética incursión socialdemocrática allendista, ni menos las aspavientos de clase de Altamirano que corrió a asilarse a la Embajada de Francia, París, para vivir como un pequeño e insoportable reyecito.

Salgamos de este racconto y volvamos a los otros insulsos candidatos presidenciales. Ahí está el candidato de las canas juveniles, de hijo guerrillero bastante respetable, pero su “guerrilla” es su discurso capitalista-seudo-subversivo. Él cree que va a ganar por el juego de las palabras. Se nota que no ha leído ni remotamente El Capital que está en oferta en La Cámara del Libro. Pondré en un solo paquete sofístico al candidato de las monedas, al hombre delgado con expresión agobiada, y la buenamoza y encantadora rubia nacida en una cuna del poder burgués, que no saben nada del comunismo filosófico que ha puesto de cabeza a toda la humanidad.
Con respecto a los rapaces del dinero y la colusión, deberían ser todos fusilados. No solo los derechistas o nazis, sino también los seudo izquierdistas. Asunto solucionado, nunca más volveremos a ver eso. Es lo que tenía en mi presunto programa de mi posible candidatura presidencial, pero todos los comandos se espantaron. Con cobardes y gente así no se puede trabajar.

Y la Presidenta, ella sí que está metida en varias tragedias griegas. Es como una nueva Hamlet chilena llena de encrucijadas y dilemas y, por otro lado, una especie de edipa en versión femenina: ante el fracaso de su período se ha sacado los ojos para no ver. Llena de buenas intenciones, pero también sumida en un reformismo abusivo, inculto, que protege a la derecha e intenta ayudar a los pretendidos de izquierda. El proyecto global de Chile ha fracasado. Yo también he fracasado, ninguna revolución marxista se ha hecho con respeto a mis ideas. De un plumazo Lenin se apropia de mis escritos, o Castro, y hacen una especie de paraíso para dictadores. De alguna manera mística todos los países del mundo, incluyendo a Chile, viven en un territorio “alienado”, donde las autoridades ejercen el poder con descaro dándole la espalda a los pobres y desposeídos.

Ayer fui a ver la obra del muy burgués Galemiri, “Karl Marx Año Zero”, sí, un Zero a la izquierda, pero me reí de mí mismo, con eso basta, y luego tuve una sesión erótica con mi nueva amante, una economista a outrance, pero con unas piernas y senos que duelen las muelas.

Mientras yo escribo este artículo, en el Chile de los cinco millones de pobres, se prepara entre los trabajadores, los pequeños campesinos y pescadores, los mapuches, un furioso estallido social que se apoderará de cada rincón de Chile. Primero con todas las regiones una a una, luego la Metropolitana con descabezamientos tipo Danton todos los días, luego la toma de Televisión Nacional y un cambio revolucionario de programación, todos los malls en llamas, el barrio alto ametrallado, nada podrá detener esta estampida tan poética y hermosa.

En cualquier momento, a la hora y día que ellos decidan y sin previo aviso, va a surgir esta enorme subversión necesaria y de raíz marxista. Entonces viviremos sin clases sociales, que es la vuelta al Edén de Adán y Eva. Así que tengan cuidado todos, incluyéndome yo mismo, que seré castigado a partir de mis propias ideas. No problem.