“El sexo anal está muy asociado al dolor, casi que fuera una práctica sexual sadomasoquista en donde el goce no existe”.

Este es un extracto de la entrevista que el psicólogo organizacional Fernando García (35) concedió al sitio Pousta a comienzos de este año, titulada “La historia del psicólogo que trabajaba en el Hogar de Cristo y ahora vende lubricante íntimo”.

Publicada el 31 de marzo, la nota aborda el emprendimiento que García conduce desde el 2016, tras dejar el departamento de Recursos Humanos en la institución de beneficencia y tomar un año sabático.

Ocho meses después, esta misma aparición gatilló su salida de la Fundación San José, donde alcanzó a estar menos de dos meses luego de que el Presidente del directorio, Tomás Fernández Goycoolea, gugleara el nombre de su nuevo contratado y, según fuentes de la empresa, se “espantara” al encontrarse con frases como “El sexo anal es la nueva virginidad” o “El sexo anal es una realidad, es una variación más del sexo y se debe tomar como normal”.

Debido a estas aseveraciones, Fernández estimó que el tono de la entrevista iba en directa contraposición con los valores de una Fundación centrada en la familia, la protección de menores y el apoyo a mujeres en conflicto con su embarazo. Por lo tanto, no habría cabida para un trabajador sindicado como “el hombre que pasó del ‘Dar hasta que duela’ a trabajar en la industria del ‘Dar sin que duela’”.

Luego de informarle a través de un tercero que debía hacer todo lo posible para bajar la nota, el directorio estableció que prescindiría de los servicios de García a partir del 30 de noviembre del presente año, tras estimar que “no cumple con el perfil” de la institución.

El caso fue llevado hasta la Dirección del Trabajo y, por el momento, García no descarta continuar con otras acciones legales, sobre todo luego de que el organismo estatal percibiera vulneración a los derechos de expresión y no discriminación en su partida de la empresa.

UNA VULGARIDAD
Tras permanecer cinco años en el Hogar de Cristo, García dejó la organización para tomar un año de descanso, sin una idea clara de qué hacer con su futuro profesional.

Fue durante ese periodo cuando, después de testearlo satisfactoriamente, el psicólogo decidió iniciar los trámites legales para importar “Boy Butter”, un lubricante íntimo de fabricación estadounidense que desde su perspectiva ofrece mayor calidad en comparación a los existentes en el mercado chileno.

Su hermana Amalia, químico farmacéutica, lo motivó con el emprendimiento y viajaron a Nueva York para convencer a Eyal Feldman, creador del producto. “Él quedó encantado con la idea de traerlo a Chile, porque además le permitía proyectarse al mercado latinomericano”, apunta el emprendedor.

Fue así como, entre amigos y conocidos, “Boy Butter” aumentó su popularidad y se posicionó como una opción competitiva dentro del escaso mercado local, compuesto por un acotado nicho de consumidores que, según García, muchas veces reniega le uso de estos productos.

El secreto de su éxito, cuenta, se debe a que “Boy Butter” se presenta en un formato que escapa de la normalidad, ya que parece un envase de mayonesa y tiene una textura pastosa que se diferencia de los demás lubricantes.

Además, presenta dos tipos de variaciones: “Boy Butter H2O”, de solución más acuosa, y “Extreme”, una opción que contiene benzocaína y actúa como anestésico tópico.


Fernando García, expsicólogo organizacional de la Fundación San José.

Lubricante íntimo “Boy Butter”

A mediados de este año, con el negocio en buen pie y con la opción de extender su venta hacia Perú y Colombia, García decidió retomar su labor profesional y postuló a la Fundación San José, ya que “me pareció que tendría un rol social importante para Chile tras la aprobación de la ley que despenaliza el aborto en tres causales”, debido a su foco centrado en la familia, menores y embarazos conflictivos.

“Sabía que era una Organización ligada a la Iglesia Católica, pero como en Hogar de Cristo nunca me había significado un problema porque la misión de la organización tenía sentido para mí, y mi trabajo tenía sentido para la organización, decidí postular a ella”, sostiene García.

Siguió el proceso de selección apegado a los protocolos y, luego de someterse a dos entrevistas y una evaluación psicolaboral, fue integrado como Encargado de Desarrollo Organizacional de la Fundación.

Su labor comenzó el once de septiembre de este año. Inmediatamente trabajó junto a su jefa directa y Directora Ejecutiva, Danae Fuentes, a quien había conocido años atrás durante su estadía en el Hogar de Cristo.

Fuentes ingresó en marzo de este año a la institución para liderar un proyecto que buscaba mejorar el ambiente laboral de ella. Su objetivo era hacer de la Fundación un lugar con buen funcionamiento interno, junto con potenciar las relaciones de sus trabajadores y cohesionarlas para generar un impacto positivo en todas las áreas de la empresa.

Sin embargo, cobró un rol importante e inesperado en los episodios que se desencadenaron desde el 25 de septiembre en adelante, cuando le envió un mensaje por WhatsApp a su colega que antecedió el desenlace de la historia.

“A las nueve y media de la noche, Danae me envió un mensaje para pedirme que nos reuniéramos a primera hora del día siguiente. Le pregunté si estaba todo ok e incluso bromeé con si podía dormir tranquilo”, recuerda García.

A la mañana siguiente, Fuentes le informó que el Presidente del Directorio buscó su nombre en Internet y encontró la mentada entrevista, por lo que la improvisada reunión tenía por objetivo plantear la exigencia de la autoridad: hacer todo lo posible para que la nota desapareciera de la web, ante la posibilidad de que el resto de los mandamases se enteraran y expresaran su malestar por el tono “vulgar” de ella.

“Mi orientación sexual resultaba evidente. La nota fue hecha en un tono juguetón, porque no se trataba de vender aceite de oliva, precisamente”, reconoce García, quien desestimó la instrucción de Fernández y advirtió que la situación atentaba contra su libertad de expresión.

Tras consultar con algunos amigos abogados, el psicólogo planeaba presentar el caso ante organismos competentes cuando la Directora Ejecutiva lo volvió a citar. El 28 de septiembre, Fuentes lo puso al tanto de la nueva instrucción emanada por Fernández.

“No solo pedía que bajara la entrevista, sino que condicionaba mi permanencia en la Fundación a que yo lo hiciera”, apunta García. Es decir, o desaparecía la nota de Internet o él de la empresa.

La Directora Ejecutiva, en tanto, confirma que Fernández le informó de esta solicitud presencial y telefónicamente, junto con señalar que el artículo, su tono y García no “cumplían con el perfil” de la Fundación.

VULNERACIÓN DE DERECHOS
– Danae me cuenta que conversaron sobre mi orientación sexual (…) Me pidió disculpas por lo que estaba ocurriendo. También la afectaba y se sentía culpable por estar en esa posición. La situación debe de haber sido muy compleja para ella también. La estaban obligando a hacer algo que no quería: discriminar, apunta García.

En medio de la incredulidad, su primera reacción fue dejar la organización, aunque luego concluyó que eso sería aceptar una falta a su juicio inexistente.

Por lo tanto, decidió redactar un correo destinado a Fernández y a una de las dos personas que fundaron la institución, Bernardita Egaña.

Hasta entonces, ninguna de estas autoridades se había acercado para conversar con él. Tampoco lo había hecho el otro creador y miembro activo de la Fundación, el presbítero Julio Dutilh Ros, quien carga una sanción eclesiástica dictada por El Vaticano desde junio de 2015, a raíz de una acusación por acoso sexual acaecida en febrero de 1989.

Este hecho, reconoce García, es uno de los elementos más “inexplicables” de la situación: “que traten de vulgar lo que dije en ese momento y no sean capaces de darse cuenta que tienen sentado en el directorio a un cura castigado por acoso sexual a una menor de edad, es sencillamente inentendible”.

El motivo de la misiva digital, entonces, fue establecer un diálogo entre las partes, con el objetivo de agendar una reunión para “conocernos, más allá de lo que una nota de prensa pueda decir de mí o de ustedes”.

A pesar de enviar el mail el 2 de octubre, no hubo respuesta alguna hasta 16 días después, cuando Fernández y Egaña indicaron que podrían juntarse el 8 de noviembre siguiente.

Debido a la tardía réplica, García decidió denunciar a la Fundación San José ante la Dirección del Trabajo el 4 de octubre de este año, por vulneración de derechos fundamentales.

El organismo revisó la moción y la declaró admisible poco tiempo después. Sin embargo, mientras se investigaba el caso, hubo movimientos inesperados al interior de la empresa que sorprendieron al afectado.

García y Fuentes coinciden en que el caso se expandió rápidamente por la organización. En cosa de días la sección administrativa estuvo al tanto del conflicto y, aunque algunos se alinearon con las autoridades, ambos sostienen que la mayoría del plantel se cuadró con el psicólogo.

En este sentido, y como una reacción a la postura de la Fundación frente al caso de García, renunció la Directora de Investigación y Desarrollo, la Directora Comercial, la de Administración y Finanzas y la Directora Ejecutiva Danae Fuentes, quien sindica este conflicto como “no el único, pero uno de los puntos más importantes” que la llevaron a dejar la institución.

El 14 de noviembre pasado, el psicólogo fue citado a la Unidad de Derechos Fundamentales de la Dirección del Trabajo para ser informado sobre la conclusión de la indagación.

El escrito sentencia que la Fundación San José incurrió en vulneración a la libertad de expresión y derecho a la no discriminación. Además, la resolución establece que Fernández instruyó a la Directora Ejecutiva para que García “bajara la entrevista de internet dado su contenido sexual, el cual podría ser considerado ofensivo por parte de personas de la fundación o allegadas a estas”.

Tras no acatar esta indicación, el informe comprueba que “el mismo presidente del directorio le instruyó a la Directora Ejecutiva que frente a la negativa (de Fernando García), tenía que irse porque no cumplía con el perfil para trabajar en la Fundación”.

Luego de conocer este resultado, las autoridades involucradas se reunieron en una instancia de mediación con García para acordar su salida de la organización, quien cumplió su último día de trabajo el pasado 30 de noviembre.

Desde entonces, el psicólogo se encuentra en busca de nuevas opciones de trabajo y no descarta interponer una acción civil en contra de su exempresa, bajo el amparo de la Ley Zamudio.

DESCARGOS DE LA FUNDACION
Por su parte, la vocera de la institución aludida, Vivianne Galaz, declara que la decisión de cortar la relación profesional con García, se debe a que “las funciones que desempeñaba Fernando que dependían de manera directa de la entonces directora Danae Fuentes, ya no eran necesarias para la nueva administración”.

Frente a la incidencia que tuvo la entrevista en el cese de actividades del psicólogo, Galaz admite que “efectivamente causó molestia en algunos miembros del Directorio y desconcierto en algunos funcionarios de la Fundación (…) dado que somos una institución Católica, que trabajamos con niños, muchos de los cuales han sido gravemente vulnerados, sorprendió el lenguaje que uso Fernando en ella”.

“Quiero dejar en claro que la molestia no tuvo que ver con el producto del cual es representante, ni menos con su orientación sexual o vida privada, sino con la oportunidad de hacer publicidad a su emprendimiento”, complementa.

*Tras la publicación de este artículo, Fundación San José precisa que “Fernando García no fue despedido” de la institución, ya que en realidad “él tenía un contrato por tres meses que no fue renovado”. Además, indica que el informe emitido por la Dirección del Trabajo descarta un daño a la “honra e imagen” del psicólogo a raíz de este episodio. Por último, señala que acataron las medidas reparatorias dictaminadas por el mismo organismo.