Se acuerda de que el incidente tuvo lugar de noche.
Es un cuento nocturno, quizás una alegoría.
La toman por detrás, con un brazo cruzándole el cuello,
apretado abajo del mentón. Ella es una chica de once años.

Pasa tan rápido, siempre pasa tan rápido,
que no tiene tiempo de gritar. Y después no respira.
Es de noche, empieza a ahogarse, está perdiendo
el conocimiento, se va a olvidar.
Por lo general, recomiendan olvidar.

Comparado con el de él, el peso de ella debe ser poco.
Va a ahogarse, no puede gritar ni llorar, si se desmaya
tal vez la furia de él se aplaque .
Ni siquiera forcejea con el brazo. Ni le rasguña la cara.
(De hecho no hay cara, porque es de noche).

No va a lastimarla. Es alta para su edad, así que
pudo haberse confundido.
Ella siempre miente. No se puede confiar en ella.
Cuando se caiga en el asfalto (están en un túnel
abajo de las vías) la va a soltar.
Técnicamente no fue “abusada”.
Excepto por los raspones en las rodillas, sangre no hay.
No hay cicatriz ni herida permanente
salvo por el cuento nocturno, la memoria.

Siempre es de noche, ¿no puede ser que lo recuerde como noche
aunque fuese a la tarde?—Volvía a casa
de la escuela, venía bajando de la calle,
una ruta vieja que de día es totalmente segura.

Todavía se acuerda de que el incidente tuvo lugar de noche.
Veinte años después va a demostrarse que es una mentirosa.
Y el resto del cuento—¿no lo habrás inventado?

Tú tuviste siempre mucha imaginación, le dicen.