Manuel José Ossandón se proyecta tras apoyo a Piñera: “Si la derecha social resulta, la gente me va a perdonar”

El insulto más suave que recibió el senador por Santiago Oriente haciendo campaña por Sebastián Piñera fue “traidor”. Ahora, tras el contundente triunfo, asevera que será el articulador del Gobierno en el Senado y se atribuye parte del éxito. Pese a la luna de miel con Piñera, Ossandón se mantiene alerta. Consultado sobre su confianza en el nuevo Mandatario, es cauto: “Él es el Presidente. ¿Tengo otra alternativa? No, po’”.


¿Qué costos tuvo sumarte a la campaña de Sebastián Piñera?
-Fue súper duro. Me insultaron, me gritaron traidor, muchas cosas en la calle. Pero logramos que la gente entendiera que uno tiene una responsabilidad como chileno, como senador, de no quedarse de brazos cruzados cuando hay dos alternativas. Para mí no había dónde perderse entre un Alejandro Guillier con el Partido Comunista, o un Sebastián Piñera que además escuchó a la gente. Ese es el tema. Me invitó a almorzar, yo fui, puse mis banderas, le expliqué que hay que escuchar lo que la gente dice y aceptó.

¿Cómo se recupera la confianza de un votante que siempre te escuchó enfrentando a Piñera y ahora te vio junto a él?
-Eso se va a ir puliendo en el tiempo cuando veamos los resultados. Hoy día la gente tiene muchas expectativas, siente que hay una tremenda oportunidad de que haya un cambio profundo que se llama “la derecha social”. Si la derecha social resulta, la gente me va a perdonar.

Afirmas que te encontraste con un Piñera muy distinto al que conociste el 2009 ¿En qué cosas cambió?
-Vi a una persona mucho más madura, mucho más pausada y mucho más oyente. Con ganas de no cometer los errores del pasado. Súper abierto a entender que el tema social en Chile es importante.

¿Antes no lo entendía así?
-En el fondo, una persona que ha sido cuatro años Presidente de la República, ¡algo habrá aprendido! Entonces cuando tú comienzas a hablar algunos temas con él, y te das cuenta que sí, que entiende, cambia la percepción.

¿Como cuáles temas?
-La gratuidad, por ejemplo. No solo lo entendió, sino que dos días después me hizo una propuesta mucho mejor que la que yo le había pedido.

De todas formas, en el año 2013, dijiste a The Clinic que nunca votarías ni trabajarías por Piñera.
-En política uno tiene que ser pragmático, y las condiciones cambiaron. Si una persona acoge las banderas de la derecha social, como la gratuidad, yo lo único que tengo que hacer es echarle pa’ adelante con todo.
Nosotros logramos que Piñera doblara su votación en Puente Alto, una comuna que siempre ha sido de izquierda. Que Piñera saque el 47% en Puente Alto, es lo mismo que Guillier hubiera sacado el 47% en Las Condes.

Ahí es donde dices que aportaste con cerca de un millón de votos para su campaña. ¿Cómo fue la negociación para entregar tu apoyo?
-No negocié nada. Me entendí solo con él. No puse condiciones, solo conceptuales: la bandera de la derecha social. Le dije que no quería ningún cargo ni para mí ni para nadie. Esta elección se ganó por dos razones -por esa diferencia, porque a lo mejor Piñera hubiera ganado igual pero por poco-: primero, porque esta campaña tuvo un vuelco potente hacia la derecha social, y en eso fue fundamental el tema de la gratuidad, y segundo, el debate presidencial, donde quedó claro que él tenía mucha más experiencia y capacidad para lograr lo que estaba planteando.

¿Cómo lidiaste con él durante la campaña?
-No tuve ningún problema, no lidié con él. Tuve absoluta autonomía. O sea, por ejemplo, en el área territorial del sur de Santiago y en la parte poniente, se hizo cargo mi equipo. Dijimos “nuestra forma de trabajo es tal” y nos dejaron.

¿Y todavía le vas a dar como caja si no cumple sus promesas?
-Por supuesto. No es la idea darle como caja, porque yo creo que sí va a cumplir. Y no le voy a pedir lo imposible. Por eso mismo mi rol va a ser de articulador de sus leyes en el Senado, para que lleguemos a acuerdos con distintas personas, sobre todo los de la antigua Concertación, gente con sentido común y espíritu republicano.

En la derecha se dice que te prometieron no entorpecer una eventual candidatura presidencial a cambio de tu apoyo.
-Eso es mentira. Soy de los que creen que el que quiere ser candidato tiene que estar dispuesto en la cancha con todas las condiciones: con barro, con nieve, como venga. Y no se me pasó por la mente. Es una falta de respeto si se lo hubiera planteado. Los que están pensando en el 2021 son otros.

¿Sigues creyendo que hubieses sido un mejor candidato que él?
-Sacó una tremenda votación. Te tengo que decir con mucha pena que no, que él era mejor. Esto le da piso para que pueda trabajar con tranquilidad y nadie pueda decir que no es un Presidente con respaldo popular.

Tras ganar la elección Piñera te subió al escenario junto a Felipe Kast, quien representa otra corriente dentro de la derecha y con quien deberás disputar un lugar dentro de la coalición para imponer tus ideas. ¿Qué los diferencia?
-Tengo diferencias profundas con Felipe Kast, pero el Presidente ya escuchó a mi gente y nos hizo caso a nosotros. Si quiere competir, competimos. Él representa a la derecha económica liberal, que no es mi derecha.

¿Y no te complica trabajar con personas como Felipe Kast?
-Yo puedo trabajar con todo el mundo. Soy conservador en lo valórico pero muy liberal en lo político. Lo puedes ver en mi trayectoria. En Puente Alto me quieren porque trabajé con personas de todos los colores políticos. Claramente para mí es difícil trabajar con alguien que no quiere la gratuidad en Chile en educación superior, pero eso es una batalla que vamos a dar, y que la estoy ganando. El Presidente ya se comprometió con eso.

¿Ahora confías en Sebastián Piñera?
-Por supuesto que sí, él es el Presidente. ¿Tengo otra alternativa? No, po’.

DERECHA SOCIAL
¿Mantienes tu negativa a asumir un cargo ministerial?
-Mi pega está en el Senado como articulador de los proyectos que presente el presidente Piñera. Esa es mi responsabilidad.

Pero si te llegaran a ofrecer un puesto, ¿dirías que no?
-Todo en la vida se tiene que pensar. Pero hoy día tengo asumido que mi pega está en el Senado.

Si la derecha social logra hacerse un lugar dentro de la coalición ¿Te seduce la idea de volver a ser candidato presidencial?
-A mí me seduce la idea de ser Presidente, pero hoy día no está en mi mente. Hablar del 2021 encuentro que es una irresponsabilidad. Hoy día hay que hablar de marzo de 2018. Cómo el gobierno de Sebastián Piñera se sube al caballo y lo domina bien, para que avancemos.

¿Cuáles son los problemas que va a tener Piñera para domar bien a ese caballo?
-Los desafíos son que este país vuelva a crecer, que exista plata para financiar los temas sociales… Hay varios, pero para mí, cinco son los más importantes: gratuidad en educación, seguridad, salud pública, conflicto mapuche y pensiones. Cinco temas muy delicados y que hay que trabajar ya para poder solucionarlos. Los niños también, el Sename, los adultos mayores. La verdad es que tiene más desafíos que la cresta. Son mucho más que cinco, ja ja.

La calle complicó mucho a Piñera en su gobierno. ¿Se le vendrá encima nuevamente?
-Va a haber un par de grupos, pero la mayoría de Chile no quiere eso. Y si ve una calle irresponsable, no la va a apoyar. Cuando salieron los estudiantes a manifestarse tenían una causa, que era cierta y que el gobierno de la época no fue capaz de verla. Hoy día, si el Presidente responde a esas causas, ¿por qué van a salir a la calle?

Bueno, de hecho algunos líderes de esa época ahora están en el Congreso.
-Me parece súper positivo que ellos se hayan metido en la institucionalidad y den la pelea por dentro. Habla muy bien de ellos.

¿Te gusta el Frente Amplio?
-Yo lo respeto porque estoy de acuerdo con sus diagnósticos, pero son muy ingenuos en sus soluciones.

¿Por qué?
-Las que plantean, en su mayoría, son inviables, y la gente lo sabe. Por eso que gran parte del voto que tuvo el Frente Amplio no es de ellos. Yo conozco mucha gente que votó por ellos solo para dar una señal de rechazo a la política tradicional.

¿Es el Frente Amplio el futuro contendor de la derecha social?
-Hay otra línea importante, como el PS y PPD, que tienen mucho que aportar.

¿Qué diagnóstico haces de la izquierda que perdió por paliza la elección presidencial?
-La izquierda tradicional está golpeada, y el primer paso para superar esa fragmentación es ser una oposición constructiva. En este sentido va a haber una tremenda diferencia entre el Frente Amplio y la gente antigua de la Concertación, quienes van a apoyar las cosas buenas y van a sumarse. Ya he conversado con varios senadores que tienen mucho sentido común, en que si los proyectos los hacemos en conjunto y nos alineamos, están dispuesto a ayudar. Mi pega es ser articulador de eso. Ya he conversado con varios.

Por ejemplo…
-Al senador (Carlos) Montes le dije “oye, ¿por qué no trabajamos el tema de las atribuciones que debe tener el futuro Intendente elegido democráticamente?”. “Ya, po”, me dijo. Hay muchos temas que se pueden hacer.

¿Esa alianza es la que el Frente Amplio no está dispuesta a pactar?
-No sé. Espero que el sentido común prime.

Para ti ¿cuál es el legado de Bachelet?
-La gratuidad en educación. Además, ser un gobierno que hizo agua por todos lados, que nos prometió una AFP estatal pero que ni siquiera presentó el proyecto. Ha sido un gobierno muy malo, muy débil, porque tenían un diagnóstico muy bien hecho pero no supieron llevarlo a soluciones. Por eso que la derecha social va a agarrar vuelo, porque toma las herramientas del desarrollo y crecimiento económico, pero le da un toque social. O sea le da mucha más importancia a las herramientas que hay que darle a la gente. Por ejemplo, la derecha económica-liberal habla de la meritocracia, y claro que es importante, pero cuando todos tienen la misma herramienta, po’. Hoy día, ¿cómo vas a hacer competir a un alumno de Puerto Montt, Contulmo, Puente Alto, Pedro Aguirre Cerda y uno de Las Condes?

¿Eso es lo que a la derecha económica-liberal le cuesta entender?
-No lo entiende. Derechamente no lo entiende, porque ellos se quedan en las cifras macro. “Oye, tenemos 25 mil dólares de índice per cápita”. Sí, pero de esa plata faltan doce mil que se quedaron en el camino, porque los concentra un grupito chico, po’.

¿Te refieres a la concentración de la riqueza?
-Sí, es un problema que hay que combatirlo. Hablamos mucho de libertad, pero los grandes se comen a los chicos, ¿cómo es la cuestión?

¿Entonces estás de acuerdo con un impuesto a los súper ricos?
-Creo que no hay que separar entre ricos y pobres. Todos tenemos que pagar impuestos potencialmente. Lo que tenemos que hacer es que los súper ricos inviertan en Chile. No me niego ni estoy cerrado a eso, pero me huele más a una frase de eslogan, publicitaria, que a una propuesta seria.

REO POR LINDO

En The Clinic elegimos ‘no lo declararon reo por lindo’ como una de las mejores frases del año ¿Te salió del alma?
-Salió en el minuto como quien tira un dardo. Jamás la pensé, salió nomás.

¿Te arrepientes de haberlo dicho?
-No me arrepiento de haberlo dicho. Además lo dije porque me había tratado de mentiroso.

¿Entonces había que elegir entre un mentiroso y un ladrón?
-No era así, solo fueron frases que nos salieron y que, como digo, ensuciaron el fondo.

¿Te pasó la cuenta decirlo?
-Sí, claro. Me equivoqué muy feo en la forma, y eso es malo, porque concentré la pelea contra una persona y no en el tipo de derecha que representa.

Además que pelear contra Piñera es complicado, es una persona con peso propio y que representa a mucha gente.
-Mi pelea es contra la derecha económica. Insisto, lo que dije es lo que pienso. Pero bueno, este ya es otro juego.

¿Cómo te tomaste el apodo ‘No Sé Ossandón’?
-Me da lo mismo. Yo me equivoqué porque tuve otra cosa, o sea no es que no supiera la respuesta, si era súper tonta.

¿Entonces qué te pasó?
-Tuve una pequeña amnesia durante 35 o 40 segundos en que no sabía ni cómo me llamaba.

¿Algo así como un vacío mental?
-Bueno, mi doctor me dijo que me dio una amnesia temporal por un remedio hueón que me habían dado. Pero no importa, porque eso es una excusa. En Chile si te equivocas te hacen zumbar, pero si te robas algo no pasa na’. Para mí es más importante eso. Yo terminé mi campaña con las manos limpias y las puedo mostrar donde quiera. Prefiero equivocarme a meter las manos.

¿El presidente electo se ha equivocado y metido las manos en cosas que no debía?
-Ese es el pasado. Todos saben lo que pienso y lo he dicho en todos lados. Yo escribí un libro al comienzo de mi gestión que se llama “Ideas fuerza para un Chile más humano y solidario”, y ahí digo que yo no quiero un sistema de capitalismo salvaje, que los delincuentes de cuello y corbata tienen que ir a la cárcel, igual que los que roban en la calle y hacen portonazos.

¿Hay un riesgo de que la derecha social caiga en populismo?
-Cuando una persona habla de un tema que a la gente del frente no le gusta, es populista. Lo que yo creo populismo, es cuando haces un diagnóstico que es real pero no así la solución. Cuando hablo de gratuidad es muy simple. Primero, es cosa de salir a la calle y preguntar cuánta gente puede pagar la educación de sus hijos. Segundo, el Presidente ya se comprometió a una solución porque sí se puede lograr. Listo.

¿Crees que el gobierno dé un pase atrás en la agenda valórica y derogue, por ejemplo, el aborto en tres causales?
-No, tiene que cumplir con la ley nomás, po’. A mí no me cabe en la cabeza que exista el aborto, pero respeto al frente. Cuando veo a muchos parlamentarios que hacen una tremenda pega por la defensa de los niños y de los animales, pero están de acuerdo con el aborto, no me cabe en la cabeza. Aquí se le está dando mucha importancia al tema valórico, como el aborto, que hace que todos discutan, que conversemos, parlamentemos, y nos olvidamos de los problemas que están escondiendo.

¿Qué problemas?
-He visto con mucha tristeza que las dos ministras de Salud que ha tenido este gobierno, han pasado casi todo su tiempo en el Senado peleando por un proyecto, como el aborto en tres causales, mientras la gente se está muriendo en los hospitales. Me hubiera encantado haberlas visto peleando en los hospitales y una vez solucionado, que pasaran al aborto. Los temas morales han sido una muy buena cortina de humo para tapar las embarradas.

¿Pero consideras importante la discusión valórica?
-Por supuesto, pero yo creo que es mucho más importante que se esté muriendo la gente.

Algunas organizaciones te han calificado de homofóbico ¿Te consideras como tal?
-Nunca he sido homofóbico, he trabajado con cuánto gay. En mi equipo senatorial había uno, nadie sabía excepto yo. Tener una posición distinta no es ser homofóbico, esa es una enfermedad que yo no tengo. Es parte de esta intolerancia en la que si uno no está de acuerdo con algunos derechos de minorías, al tiro te tildan de malo.

¿Qué posición tomas frente a la adopción homoparental?
-Estoy en contra de eso, creo que los niños tienen derecho a tener la imagen de un padre y una madre. ¿Por qué no piensan en los niños, alguna vez?

¿Y la ideología de género?
-Es que ese tema se malinterpreta, porque la usan para un puro lado nomás, po’. No creo ser hombre por un tema social o cultural, no, yo creo en el sexo masculino o femenino, nada más. No estoy de acuerdo con la ideología de género.

Por eso tu postura frente al matrimonio homosexual, ¿o no?
-Por supuesto. El matrimonio es entre un hombre y una mujer. Pero no soy nada de homofóbico. Lo que pasa es que ellos son homohéteros.

¿Homohéteros?
-Tienen una fobia a los…

Ah, son heterofóbicos.
-Sí, eso, heterofóbicos. Cualquier persona que no esté de acuerdo con ellos, es un enfermo. ¿Y por qué? Yo No tengo ninguna fobia ni rollo.

¿Es la intolerancia hacia las minorías un problema grave en el país?
-Sí, pero las minorías son las más intolerantes, po’ hueón. No has visto cómo reaccionan en las redes sociales cuando tú opinai algo distinto. Son un grupo pequeño, pero súper violentos y descalificadores. Usan las redes sociales porque no son capaces de enfrentar con el rostro las cosas. Eso es parte de la intolerancia. Así que ellos son ‘heterofóbicos’, esa es la palabra.

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