Es martes, último día de enero, hace un calor de mierda, y un grupo de periodistas deportivos esperan a Marcelo Ríos en el Court Central del Estadio Nacional para un punto de prensa convocado por el propio extenista. Entonces, un reportero de Chilevisión lanza la primera pregunta. Y no sabe que lo que va decir el “Chino” será un insulto en su cara y en la del resto de sus colegas, algunos de los cuales no hallan nada mejor que reírse. “Oye, bueno, como dice mi amigo personal Diego Armando, que la chupen todos ustedes, porque no hablo con ningún periodista”.

“Lo que hizo no es desde un impulso. Esa una posición de desdén de la que no ha salido desde los 90”, analiza Constanza Michelson, habitual columnista de The Clinic, en una conversación que sostiene con La Segunda a propósito de alguna manera marcó la semana en Chile. La semana deportiva, al menos.

La sicoanalista dice que Ríos, “como prócer de su generación sigue viviendo bajo esos códigos: el rockstar, como cuando Jorge González tiró los micrófonos en una conferencia de prensa”.

El asunto -explica- es que por aquellos años existían aún “las jerarquías, respeto y, por lo tanto la transgresión. Hoy las cosas son más horizontales”. En consecuencia, la actitud de Ríos resulta anacrónica. “El rockstar también queda destituido”, dice.

Así, para Michelson, hoy quien denuncia es el justiciero social, no el deportista tatuado. “En el fondo, vimos a un señor de los 90 como si el tiempo no hubiera pasado”.