Créditos de todas las fotografías de este artículo: Olympia Loló

Comienzo a escribir esta crónica y no dejo de pensar en Marielle, en su sonrisa, su fuerza, su convicción que la llevó a salir de las estadísticas que le prometían un futuro negro. Porque negra era y, hace dos años, concejala por el PSOL en el municipio de Rio, electa con la quinta mayoría.

“Sabemos que tenemos que reivindicar cada momento de lo que era Marielle. Marielle era una mujer negra, de favela, bisexual, madre, feminista, era una compañera defensora de los derechos humanos. Era una mujer maravillosa”, me dice Luka Franca miembro del Movimiento Negro Unificado y de la Secretaria Regional de Mujeres del PSOL en São Paulo, tras acabar su discurso frente a una multitud compuesta principalmente por mujeres negras. Sus labios se aprietan, sus ojos se llenan de emoción. Yo no puedo evitar sentir lo mismo.

“Marielle representa a la población negra, representa a población de mujeres, de mujeres negras, a la población LGBT. Creo que son elementos simbólicos en este sentido. Su muerte no será en vano, porque ella es una heroína de mil caras, y carga consigo muchas reivindicaciones”, afirma al caminar por las estrechas calles de São Paulo el Profesor Dr. Ricardo Alexino Ferreira, investigador de diversidades étnico-culturales de la Escola de Comunicações e Arte de la Universidad de São Paulo. Él también está aquí en la marcha, una de las tantas que están ocurriendo en las principales capitales del país.

“Las manifestaciones que hemos visto en estos últimos días en todas las ciudades brasileras, constituyen una reacción fuerte que nos hacen recordar las manifestaciones de la muerte de Vladimir Herzog, periodista y uno de los hitos que impulsó la campaña de democratización.

Son episodios como estos los que realmente despiertan a la población, especialmente las mujeres, que tocan sus tambores pidiendo a los Orishas para que Brasil se torne una nación de justicia, una nación fraterna y solidaria”, dice Eduardo Suplicy, economista, académico y actual concejal del municipio de São Paulo, co-fundador del Partido de Trabajadores, y Senador por el Estado de São Paulo durante 25 años.

Su voz se cuela entre las centenares de mujeres vestidas de blanco y rojo, cuyos tambores e instrumentos de percusión africanos van marcando el paso de la multitud, recordando las raíces de un Brasil negro cuya élite quisiera borrar. Lo miro y su pelo blanco me hace pensar cuántas veces en la Latinoamérica y el mundo hemos gritado la frase “Presente. Ahora y siempre.”, y cuántos gritos más de este tipo nos quedan por escuchar.

Alexino Ferreira profundiza en el tema racial con un dato que no esperaba, “Brasil es el segundo país más negro del mundo. El primero es Nigeria, hablando en número de negros, después viene Brasil. La mayoría de la populación negra aquí tiene serios problemas sociales.

La cuestión racial es muy fuerte, el racismo brasilero es institucional, está presente en varios niveles. Tenemos números alarmantes de populación negra en la periferia, especialmente jóvenes, matados por la Policía Militar. Un número que llevó incluso a organismos como la ONU a pedir explicación a Brasil”.

“La comunidad internacional necesita entender que aquí vivimos un exterminio de la población negra a muchos años, a más de 500 años, y que ahora en medio de este proceso de golpe, de intervención militar en Río, eso se profundizó. Tenemos que denunciar lo que está aconteciendo porque Brasil no está normal. Y nosotros estamos muriendo cada vez más”.

¿Y qué está sucediendo en Brasil?, le pregunto a Luka Franca, aunque me puedo anticipar a su respuesta, el desamparo se siente en cada conversación callejera. “En la última entrevista que Marielle dio, habla de un golpe a la democracia. Era una de las cosas que ella siempre resaltaba. En el último artículo que escribió para el Jornal do Brasil, ella denuncia la intervención militar en Río. Es un artículo gigantesco que salió un día después de ser
asesinada. Nosotros estamos recrudeciendo un proceso de exterminación de la juventud negra con la falta de democracia en el país”.

A pesar de los llamados de la comunidad internacional para que el país garantice una investigación transparente, hasta ahora ésta está en manos de la División de Homicidios de Río de Janeiro. “Necesitamos saber quién va a hacer la investigación, incluso ya quedó en evidencia que las balas pertenecen a la Policía Federal. Tuvimos declaraciones hasta cínicas del Presidente golpista Temer, de la presidenta del Supremo Tribunal Federal, Cármen Lúcia. Son todas declaraciones cínicas hablando que sintieron la muerte de la concejala, cuando la verdad es que sabemos que estos órganos no están en sintonía con las demandas de las movilizaciones sociales. Lo que tenemos hoy es un cinismo, los poderos viviendo relaciones sumamente promiscuas, estamos viviendo en un país donde no sabemos cuál será su futuro”, expresa el académico Ferreira, con un tono que deja entrever la amargura por la situación
actual de su país.

“Estamos viviendo en los últimos años los peores momentos de la historia de Brasil. Tuvimos un golpe a la propia democracia. La muerte de Marielle creo que trajo esta cuestión, creo que fue el ápice de esto”, dice, y nos quedamos en silencio.

Así como Marielle engrosó con su muerte las estadísticas, mi cuerpo me recuerda a cada paso que di en la marcha, y palabra que escribo, que su mensaje también es uno de fuerza. Esta mujer de sonrisa enorme y llena de convicciones, superó las adversidades y ganó una beca para estudiar Ciencias Sociales en la PUC de Rio, se formó además en Administración Pública e ingresó a la política. Y siempre, sin vacilar, reivindicó los derechos y respeto que todo ciudadano merece, denunciando las injusticias sociales y violencia institucional que sufren las personas que ella misma encarna: negros, mujeres, jóvenes, LGBT y favelados.