El día de ayer se produjeron ante la 9a Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago los alegatos de la demanda por encubrimiento que presentaron las víctimas de Fernando Karadima -Juan Carlos Cruz, James Hamilton y José Andrés Murillo- en contra del Arzobispado de Santiago.

Entre los temas que se vieron en la sesión, hubo un tire y afloje entre el abogado Juan Pablo Hermosilla, por parte de las víctimas, y Nicolás Luco, por parte del Arzobispado, respecto a si explícita y efectivamente se había cerrado la investigación por parte de la Iglesia.

Hermosilla presentó un documento que así lo demostraría. Se trata de una carta enviada a través de correo electrónico en 2009 por el cardenal Francisco Javier Errázuriz al entonces nuncio apostólico de Chile, Giuseppe Pinto. “Recientemente pude comprobar otro caso doloroso”, parte diciendo el correo, catalogado como confidencial y recabado en junio por la Fiscalía de O’Higgins, en referencia al caso Karadima.

“Bien sabemos la amenaza de escándalo que se esconde tras las denuncias de abusos sexuales (…) el hecho de que procedí conforme a lo acordado por el Episcopado significó el reproche indignado de dos hermanos obispos por dar crédito a los acusadores y haber pedido la intervención del promotor de justicia”, agrega la carta.

Y luego admite Errázuriz: “Por respeto al P. Karadima no le pedí al promotor que lo interrogara; solo le pedí a mons. Andrés Arteaga su parecer. Él consideró que todo era absolutamente inverosímil. Como se trataba de hechos prescritos, cerré la investigación”.