Daniel Rojas Álvarez denunció en 24 Horas una cruda experiencia de violación por parte del sacerdote Tito Rivera en la Catedral Metropolitana de Santiago.

La historia se remonta al año 2015, cuando se acercó a la iglesia a pedir ayuda para adquirir un medicamento para su hija que se encontraba enferma.

“Fui violado en la catedral de Santiago, con 40 y tantos años. Yo iba a buscar un remedio para mi hija. A esta edad cuesta creer que me pase esto. Saqué fuerzas de flaqueza para hablar de esto, pero lo estoy haciendo, porque quiero verdad y justicia”, contó.

El hombre, que actualmente vive en la calle, cuenta que cuando concurrió a la Catedral, Rivera lo llevó a un dormitorio ubicado en el segundo piso del edificio histórico, lugar donde bebió un vaso con agua ofrecido por el sacerdote y de pronto se sintió sin ánimos.

“Viene y se saca como una cruz, unos anillos, y los deja arriba de la mesa y se va contra mí y yo no tenía fuerza. Cuesta creerlo. Empezó a abusar de mí, me bajó el cierre, primero comenzó a hacerme tocaciones. Me abrió las piernas, me bajó el cierre, después me tiró esto para acá, me levantaba y le costaba porque no me podía mover ni yo y yo quería defenderme, quería mover este brazo para ponérselo en la frente, para sacarlo y no podía”.

“Empecé a llorar, a desesperarme, una frustración terrible estar en esa situación, totalmente vulnerable, donde esta persona estás viendo que está bajándote el cierre y de repente empieza a besarme el pene. Y yo cada vez iba perdiendo más la movilidad. (…) Yo no tenía nada 13 años, no era un menor. Yo podría haberle pegado, pero mi cuerpo no me reaccionaba, me sentía cochino”, expresó emocionado.

“De repente se baja los slip, abre el velador, saca una vaselina y se empieza a echar él en su ano y se sienta sobre mí. Terminó acabándome en el ombligo. Esas son las cosas que a mí hasta el día de hoy no me dejan dormir en la noche”, agregó, señalando que el sacerdote le dijo: “Quédate tranquilo, te pasaré la plata, pero no le cuentes a nadie”, agregó.

Tras lo ocurrido, recurrió al arzobispo Ricardo Ezzati, a quien le contó todo lo vivido. “Le empiezo a confesar lo que me había pasado en el segundo piso, por qué llegué a ese segundo piso, le conté lo que le había pasado a mi hija y lo que había hecho el padre Tito Rivera de mí. Entonces, me dice ya. Y ahí, dentro del confesionario, él empieza a decir lo mismo, que no le cuente a nadie. Después me lo vuelve a repetir pero afuera del confesionario. ‘En estos momentos esto queda en las manos de Dios, que Dios va a juzgar’”.

“Me dice: ‘te voy a echar una ayudita pero prométeme que no le vas a contar a nadie porque por algo nosotros te vamos a empezar a ayudar’. Le dije, ‘ya ok’. Y me mandó una ayuda, un billete de 20 mil pesos y otro de 10 mil pesos”, narró.

Tras la denuncia del hombre, se inició una investigación a cargo del sacerdote Francisco Walker, quien recopiló una serie de otras denuncias y pendrive con imagenes de Rivera en un acto sexual homosexual.

Sandra Pinto, abogada de Rivera, descartó las acusaciones diciendo que “es imposible, si usted ve al padre Tito, no tiene fuerza, no tiene posibilidad de imponerse ante un señor que ahora tiene 41 años. Entiendo que la denuncia es de marzo de 2015, cuando el padre estaba en muy malas condiciones, de hecho debe llevar 5 años entrando y saliendo de hospitalizaciones”.

De todos modos reconoció que el cura “ha tenido conductas homosexuales y heterosexuales como la gran mayoría de los sacerdotes. En el supuesto de que hubiera tenido relaciones homosexuales, no era de los que se filmaban o se sacara fotografías”.