El día 7 de marzo será recordado por mucho tiempo por la comunidad afrodescendiente ya que la Cámara de Diputados ha dado la aprobación definitiva al proyecto de Ley que “…otorga reconocimiento legal al pueblo tribal afrodescendiente chileno…” Una gran noticia para nuestro país y que viene a revertir años de exclusión y negación de la presencia de los descendientes de africanos en Chile.

En el año 2000 y como parte de los preparativos de la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia, que se realizaría en Durban, Sudáfrica, el año 2001, se reunieron representantes de los descendientes de africanos, víctimas de la trata transatlántica y que fueron traídos como esclavos al continente. En ese importante evento, que se realizó en Santiago de Chile, sucedieron dos acontecimientos que marcaron sin duda el inicio de este reconocimiento: en primer lugar el surgimiento oficial de la categoría Afrodescendiente para aunar la demanda de millones de personas a lo largo de toda América Latina; y en segundo lugar la constatación efectiva de la presencia de afrodescendiente en Chile, ya que fue en esa reunión cuando ante la provocación de una autoridad que planteó que en Chile no había racismo porque no habían negros, los dirigentes de Arica se pusieron de pie y declararon públicamente su existencia, comenzando, con ese simbólico acto, a revertir años de exclusión pigmentocrática de un país que hasta el día de hoy no deja de pensarse como blanco europeo. Luego de eso, los mismos dirigentes viajaron a Durban y al regreso de dicha conferencia fundaron la primera organización afro del país, la ONG Oro Negro, bajo la atenta y comprometida dirección de las hermanas Sonia y Marta Salgado.

A partir de entonces han sido años de lucha por ser reconocidos, los que no han estado exentos de problemas, de ambigüedades y contradicciones. La primera versión de este proyecto de ley recién aprobado fue presentada hace diez años y quedó archivada por la falta de interés de nuestros representantes por un tema que se consideraba subsidiario y de poco valor. Lo mismo con relación a la solicitud de incorporar la variable afrodescendiente en el Censo Nacional de Población. Desde el año 2008 se reunieron varias veces con los distintos directores del INE y la negativa fue rotunda hasta hoy. Se les dijo entre, otras cosas, que en la pregunta indígena estaba la categoría Otros y que si querían ser reconocidos podían adscribirse a ella. En una carta enviada desde la Presidencia (de la actual Alta Comisionada de los Derechos Humanos de las Nacionales Unidas), ante la demanda de reconocimiento, se les dijo que debían estar tranquilos porque el gobierno estaba preparando una política sobre migrantes y que sin duda el caso afrodescendiente estaría allí incorporado. Es decir, primero los trataban como “otros” y luego como “extranjeros”. Y si bien los resultados de estas gestiones fueron negativos, la ambigüedad de este proceso se manifestó en que, paralelamente, el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes comenzó a financiar el rescate de música y danzas afro en Arica; que el mismo INE regional realizó una Encuesta de Caracterización de la Población Afrodescendiente en la Región de Arica y Parinacota; se creó una Ruta Patrimonial del Esclavo; fueron declarados Tesoros Humanos Vivos de Chile; se implementó un Oficina Afrodescendiente en Arica; y se consideró a los afro en el proceso de consulta por el nuevo Ministerio de las Culturas. Cabe señalar que en el acta final de dicho proceso, no sin nuevas discusiones entre los mismo pueblos indígenas, se incorporó un párrafo en que se demandaba al gobierno de Chile el pronto reconocimiento de la población afrodescendiente en el país. De eso han pasado casi cuatro años y recién este día 7 de marzo se ha llegado a la meta.

Una categoría inexistente en el Censo


Luego de todos estos años y de estas grandes luchas, el proyecto de ley aprobado reconoce entre otros puntos al pueblo tribal afrodescendiente chileno, y a “…su identidad cultural, idioma, tradición histórica, cultura, instituciones y cosmovisión, como un pueblo que comparte la misma cultura, historia, costumbre, unidos por la conciencia de identidad y discurso antropológico, descendientes de la trata trasatlántica de esclavos africanos traídos al actual territorio nacional entre los siglos XVI y XIX y que se auto identifique como tal…”. Se reconocen, además, “…los saberes, conocimientos tradicionales, medicina tradicional, idiomas, rituales, símbolos y vestimentas del pueblo tribal afrodescendiente chileno, valorados, respetados y promocionados por el Estado, reconociéndolos como patrimonio cultural inmaterial del país…” Además, en el artículo 4 se insta a incorporar en el sistema nacional de educación “…una unidad programática que posibilite a los educandos el adecuado conocimiento de la historia, lenguaje y cultura de los afrodescendientes, y promover sus expresiones artísticas y culturales desde el nivel preescolar, básico, medio y universitario…”. Por último, el artículo 5 avanza en el reconocimiento real de este pueblo tribal al establecer el derecho de Consulta  al amparo del Convenio 169 de la OIT “…cada vez que se prevea dictar medidas legislativas o administrativas susceptibles de afectarles directamente…”; mientras que en el Artículo 6 se reparan años de exclusiones cuando se dicta que “…El Estado procurará incluir en los censos de la población nacional al pueblo tribal afrodescendiente chileno de acuerdo al Convenio N° 169, de la Organización Internacional del Trabajo, sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes, desde la publicación de esta ley…”.

Sin duda que lo sucedido este 7 de marzo es un gran logro para Chile, en especial para la población afrodescendiente y marca un hito tanto a nivel nacional como continental. En lo específico, el reconocimiento como Pueblo Tribal coloca a Chile en la vanguardia del reconocimiento afrodescendiente en América Latina y sus alcances legales son aún insospechados.

Por último, todos estos avances habrían sido imposibles sin la activa participación del movimiento afro que contra viento y marea ha sabido activar alianzas y promover el justo reconocimiento de sus derechos. Oro Negro, Lumbanga, Arica Negro, Tumba Carnaval, la Agrupación del Adulto Mayor Julia Corvacho, la organización de Mujeres Luanda y dirigentes emblemáticos como Cristian Báez, las hermanas Sonia y Marta Salgado, Azeneth Báez, Sergio Gallardo, Arturo Carrasco, Milene Molina y Aurora Lara, han hecho que este sueño haya sido posible y que tengamos hoy sin dudas un mejor país.

Por:Luis Campos. Doctor en Antropología. Docente de la Escuela de Antropología de la UAHC y del Centro de Estudios Interculturales e Indígenas (CIIR).